Imagen del día.

Imagen del día.
(:

Lo dijo Ebert.

"Your intellect may be confused, but your emotions will never lie to you"
-Rogert Ebert.

Ella me dio una lección.

Voy a romper el hilo de publicaciones sobre Londres porque recientemente ocurrió algo que aún hoy, luego de casi dos meses, sigue rondando mi cabeza.

Digamos que yo no era del grupo de gente que iba de fiesta en fiesta cuando estaba en la universidad. Siempre he estado en el grupo de personas que hace poco esfuerzo social para calar -y he aprendido que esto no es siempre lo más efectivo (las conexiones sí hacen su parte en este mundo)-. Sin embargo, considero que tampoco era la mujer silenciosa y solitaria, depresiva, asocial, etc; es decir, salgámonos de esos estereotipos para entender la naturaleza de este post. 

Por la manera en cómo mi universidad organiza las carreras, los compañeros que te toquen en el primer año te acompañarán por los siguientes 5 años. La dinámica es como la de un colegio sólo que está permitido fumar, el sexo no es una materia de estudio y una de tus principales preocupaciones en la mañana es descifrar en dónde te vas estacionar para que tu carro no quede trancado por cinco o seis atrás -aunque ya han pasado casi tres años y no sé si eso sigue pasando-.

5 cosas que he descubierto al freelancear en Londres.

Este post llega en pleno ambiente de protestas en Venezuela, sin embargo, Londres no espera a que uno termine de ver cómo le van a otros países. Si no te mueves, no comes.


Luego de casi un mes trabajando por mi cuenta, ya estoy comenzando a notar las diferencias entre trabajar como freelancer aquí y a lo que estaba acostumbrada en Venezuela. Hay unos temas particulares que mencionaré:

1. Los clientes me pasan siempre reportes o ejemplos de lo que hace la competencia, anexando un análisis más o menos complejo de por qué ellos quieren hacer lo que hacen, o por qué este catálogo es importante o por qué tal diseño es clave para así sea promocionar un evento. Eso hace que uno no vea el asunto como "necesito un flyer ahí" sino que te hacen sentir como "de esto depende todo el éxito de mi compañía, confío en tus manos".

2. Responden rápido. En Caracas a veces yo podía durar varios días esperando toda la info para hacer el diseño porque Fulano estaba esperando la respuesta de Sutano y Sutano la respuesta de Mengano y Mengano estaba muy ocupado. Acá me dicen "te tengo un nuevo proyecto, en breve te mando la info", pasan 30 min y me llegan 3 correos con instrucciones, materiales adjuntos y párrafos de lo que se espera. Lo sorprendente es que yo no estoy tratando directamente con el cliente final, ni siquiera quien me manda las cosas está tratando con el cliente final, son agencias que subcontratan a otra y esa otra a una más pequeña y esa pequeña a mí. Lo loco es que si yo pido una info, la cadena se mueve rápido y en menos de 1 hora tengo la respuesta.

3. El estándar es alto y no comen cuento. En Venezuela muchos de los diseños que hice ni siquiera los guardé en mi disco duro porque me parecían las bazofias más horribles jamás hechas, y uno se sentía como una puta haciendo panfletos en Comic Sans "amarillo chillón" sobre "azul pastel" porque así el cliente lo quería. Acá no es que no hayan publicidades horribles (que las hay y bastante) pero incluso así la gente quiere que su nuevo diseño "supere" a sus anteriores y te lo hacen saber.

Sin embargo, la semana pasada hablaba con alguien que también se dedica a diseñar (pero presentaciones PPT) y me decía que eventualmente incluso en Londres te vas a sentir como una puta porque especialmente los clientes de la banca o finanzas son los más rígidos-comic-sans-amarillo-sobre-azul. Así que bueno, apelo entonces que he tenido suerte con los clientes que he trabajado.

4. Los tiempos de entrega son importantes, ergo la gente planifica con más o menos antelación. Hasta ahora sólo he tenido dos trabajos "urgentes" pero se refieren a retoques de algo que ya existe y que se pueden hacer en un par de horas. De resto, todos suelen tomar algo de previsiones y cuando te dicen que es "urgente" es que lo necesitan para tres o cuatro días (o incluso una semana). Dicho esto, admito que acá tengo que andar con una buena organización y disciplina para poder llevar varios proyectos a la vez porque no puedo aplicar la de "sí, ya ando trabajando en eso, te escribo cuando termine" porque acá te dicen de una "perfecto, ¿me puedes mandar lo que tengas para ir confirmando?" y en efecto tienes que mandarles algo. O se ponen intranquilos si no saben de ti por dos días incluso entendiendo que la fecha de entrega es en dos más. Entonces sí, tienes que trabajar incluso en paralelo y no hay espacio para el "descanso hoy y mañana lo hago, total, la entrega es pasado mañana", acá es  "lo hago hoy y mañana, lo entrego pasado mañana y ahí es que descanso". Personalmente me gusta más esta nueva forma de trabajar porque cuando llega el momento de descansar significa que por lo menos me he liberado de la mayoría del trabajo.

Aunque a veces mando el correo con todo lo que hice y siento que he terminado por ese día o con ese cliente, y qué va, en 20 min tengo una respuesta sobre cambios o algo más que agregar (¿no dije que responden rápido?).

5. Les encanta -les excita, se la pone dura- hablar por teléfono. Eso de "London calling" es literal, y ya no me extraña por qué en esta ciudad hay tantos teléfonos en las calles, y aunque ya nadie los usa, siguen ahí para recordarte su fascinación.

Yo soy de la era Internet, correo, mensajes, cosas escritas; hablar por teléfono -incluso en español- y en especial con un cliente siempre me ha puesto incómoda. Me parece más práctico escribir lo que necesito porque no sólo hago que el otro entienda sino que dejo un registro de mi petición. En mi cabeza, las llamadas son para casos extremos, para situaciones fuera de lo común o emergencias. Debe ser por eso que cuando me llaman al celular yo entro como en una situación de pánico.

En Londres hay una fascinación erótica por llamar a las 9:00 AM a decirte que vas a recibir un correo con un nuevo trabajo y el asunto es que existe un código de conducta cuando recibes una llamada. No es que dices "Aló" y tu cliente te dice "Hola, Elena, te llamo porque vas a recibir un correo con un nuevo proyecto". Acá dices "Aló" y comienzan los 5-8 minutos de conversación estilo: "Hola, Elena, ¿cómo estás?, ¿viste que hoy está soleado/lluvioso/nublado?, hoy voy a sacar a pasear a los perros ya que no llueve, ¿tú qué vas a hacer?".

Antes, torpemente, me saltaba el código e iba al grano "sí, terrible/genial. Cuéntame, ¿qué pasó?" pero notaba luego como un atropello en el ambiente, como si me hubiese llevado a todos los peatones por la acera cual mototaxi, o como si hubiese insultado siglos de politeness inglesa y que un hombre con un monóculo y su pipa me miraban de reojo. Así que ahora me toca seguir el juego y hablar hasta de mi vida pero sin ser profunda. Así como en la peluquería que tenía que responder llamadas y me acostumbré, ando en la misma vía con esto en casa.

Dicho todo esto, me siento genial trabajando por mi cuenta o al menos trabajando en cosas que sé hacer y que puedo mejorar. Irme de la peluquería ha sido la mejor decisión de comienzos de año pero espero que no sea la única del 2014.

Ele.

Mi poca habilidad para mantener amistades me ha enseñado:

Que cuando se pierde el feedback, se pierde todo.

Elena.

Resumen de las primeras 2 semanas post-peluquería.

Hace dos semanas que dejé la peluquería y me embarqué (de nuevo) en la búsqueda de trabajo en Londres. Esta vez prefiero ir escribiendo el proceso mientras sucede a que esperar a tener un trabajo estable y luego relatar en un escrito de 50 párrafos cómo es que llegué ahí. Además así yo misma analizo mi performance públicamente, dejando este registro para quienes quieran escudriñarlo.

Me he propuesto publicar una actualización cada domingo y si quiero ayudar a crearme una disciplina, debo lograrlo. Eventualmente haré lo mismo en este blog en inglés que sólo tuvo una entrada y está en coma.

Mi último día: 2014 has begun.

Feliz año.

El sábado 25 de enero se cumplieron 200 días en los que:

- Atendí a 2.600 personas, de las cuales el 90% eran las mismas semana tras semana.
- Cobré £173.890,33 en 2.300 transacciones.
- Serví 3.900 bebidas: 60% café, 30% té y 10% tap water. 
- Recorrí 20.3 veces al día 15 escalones de bajada y 16 de subida.
- Clasifiqué 35 veces el stock de tintes bases del 1 al 10 con sus colores intermedios.
- Ordené 5.000 envases de plástico desde Guangzhou hasta Southampton.
- Aprendí 15 palabras y 3 oraciones en árabe; 5 en griego.
- Compré 126 cajas de cigarros. Fumé cero.
- Barrí 83Kg de hebras y polvo.
- Recibí 11 regalos.
- Me tomé 1 día libre.

Ese podría el saldo de mis días en la peluquería. Es interesante: cuando vivía en Caracas iba a la peluquería 2 veces al año, lo que quiere decir que en estas 200 veces (20 días al mes por 10 meses), cubrí la cuota por 100 años.



Comencé a trabajar en Mustafá luego de que por una confusión: yo sólo entré en el sitio por casualidad y de una me hicieron la entrevista. Era marzo y llevaba desde febrero buscando trabajo, la desesperación de que los planes no iban como pensaba y que nuestros ahorros no nos darían para mucho, hizo que no dudara ni un momento y acepté ir al día de prueba.

Fernando.


21.01.1994:

Yo tenía 5 años cuando deambulaba dentro de la Clínica La Floresta. Mi papá me advirtió que su amigo vendría a cuidarme mientras él ayudaba a mamá con el parto. Luego de bajar y subir escaleras por mi cuenta y meterme en otros pisos, regresé al sitio donde me habían dejado y el amigo de mi papá me felicitó por haberme quedado tranquila mientras él llegaba.

No tengo ni idea de cuántas horas pasaron hasta que mi papá me buscó y me dijo "vas a conocer a tu hermanito". Entré al cuarto y vi a esa pequeña bola rosada en los brazos de mi mamá. Lo que más recuerdo eran los cachetes y que él casi no se movía cuando se los mordía.

No me siento nada orgullosa de cómo traté a mi hermano en sus primeros años: lo mordía, le hacía maldades, le escondía sus juguetes, lo asustaba, lanzaba cosas por la ventana y decía que había sido él, jugaba con su bondad: le decía que mi muñeca había muerto y así él lloraba de tristeza. Como sabía que mi mamá tenía una debilidad por mi hermano, yo decía "mamá, Fer quiere este juguete" y así yo compraba cosas en su nombre... incluso los Ken que necesitaba para mi colección de Barbies.

Sí, yo era una hija de puta con él pero eventualmente él comenzó a defenderse y devolverme los golpes.



Yo tenía un diario (de esos que las niñas a los 10 años escriben: con los nombres de sus amores platónicos del colegio) y por ahí hay un video grabado por mi papá de cómo mi hermano me roba el diario y se lo da mi papá, él entra al cuarto leyendo todo lo que escribí, yo enfurezco tanto que tomo el diario y comienzo a rasgarle las páginas mientras grito y lloro como histérica (en frente de la cámara); mi hermano aprovecha y, con la fuerza que puede tener un niño de 5 años, me tumba al mueble y comienza a patearme y a saltarme encima. Siempre he dicho que yo no alcancé una copa C porque siempre que él me saltaba encima, lo hacía en mi pecho. La cicatriz que tengo en mi ceja también fue cortesía de la hebilla de la correa que él terminó por clavarme en la cara como respuesta a mi jodedera.

Sin embargo, la balanza tiene el otro lado: él fue mi primer amigo y él único que pasó la barrera de los 5 años de amistad*. Él era mi compañero solemne de juegos en Nintendo 64, Game Cube y Play. Cuando nos compraban un juego nuevo, no podíamos iniciarlo hasta que ambos estuviésemos en el cuarto para ver la intro juntos. Era mi compañero en los viajes familiares, en las fiestas, cumpleaños. Comenzamos a querer sentarnos juntos en el cine, alejados de nuestros parlanchines padres, para poder ver la película (y de vez en cuando éramos nosotros los que soltaban ese "shhh" hacia ellos). Juntos comenzamos a tenerle aprecio al jazz y lo poníamos para dormir.

Fuimos creciendo y si discutíamos algo, ya rara vez habían golpes. En algún punto, los 5 años de diferencia entre ambos desaparecieron y mi hermano terminó siendo mi compañero de charlas nocturnas, de salidas al cine, el que se calaba mis dramas, el que me aconsejaba cosas tan directas que yo no podía creer que estaba hablando con un adolescente de 15 años. Con él podía durar horas riéndome con su humor ácido hasta que mi mamá entraba al cuarto regañándonos porque eran las 2:00 AM y seguíamos despiertos. Mi hermano solía entrar al cuarto con su acordeón/melódica/trompeta o cualquier instrumento que estuviese tocando y amenizaba el momento. Aprendió a tocar algunas canciones de Yann Tiersen sólo para hacerme llorar.


Dormimos en el mismo cuarto por 18.95 años. Si alguien tiene el secreto para soportarme en mi versión más visceral, es él. Con él tuve que aprender a compartir a los coñazos. Mi hermano es más noble que yo: a él jamás le costó compartir con tal de que se lo pidiera con un "por favor" y yo no lo hacía con frecuencia. Siempre existieron las discusiones estúpidas del estilo: "quiero ver esta película" decía yo, "lo siento, vela en la sala, yo estoy jugando play" respondía él y comenzaba la guerra. Creo que tuvimos un 50-50 de ganadas y perdidas.

Sin embargo, la balanza se inclinó definitivamente. Mi hermano es una de las personas más interesantes que conozco: tiene una acidez puntiaguda cuando habla lo que piensa, puede aprender a tocar un instrumento en pocos días, es el encargado de recoger los restos de sus amigos cuando el alcohol juega con ellos, le sabe un poco a estiércol la mayoría de las convenciones sociales,  es hermético con sus cosas -hay que trabajar duro para ganarte su confianza-, y tiene un sentido del humor de un tipo de 30 años.

Mi hermano, un 24 de diciembre.

Siempre que íbamos en el carro atrás, él se sentaba del lado izquierdo porque era el más pequeño y yo del derecho porque era la mayor. La noche que nos despedimos, él iba sentado en mi lugar y yo en el suyo. Él me dio una palmada en el hombro y me dijo "buena suerte, hermano" -sí, él siempre sostuvo la teoría de que yo era un hombre-. Fernando, no lloró -o al menos, yo no lo vi-.

De Venezuela sólo me importa él -incluso más que mis padres- y si me tocan mucho el tema, me pongo sentimental (aún tengo ciertas canciones vetadas porque si las oigo es instantcry).


Mi hermano es el rock.

Hoy cumple 20 años siendo el rock.

Ele.

*La barrera de los 5 años es esa curiosa tendencia de que mis amistades no suelen durar más de eso.

Nuestro primer año en Londres.


Hoy cumplimos 365 días desde que llegamos a Londres. Sin embargo, esta vez la experiencia de este primer año no saldrá de mis repertorio de historias.

Desde hace meses llevo preguntándole a Gabriel "¿qué pasó esa tarde?" en referencia a algo que vivió pero que jamás quiso darme detalles. "Te lo diré en un escrito" decía él, "pero si ya tú no escribes"replicaba mientras él sonreía.

Es normal que yo pase meses preguntando la misma cuestión -al menos llevo desde el 2010 preguntándole cómo hizo para comprar una bufanda- y siempre recibo respuestas evasivas o ninguna respuesta en absoluto. Gabriel mantiene sus incógnitas intactas y no hay presión que pueda con ellas.

Hoy apenas llegué a la casa, Gabriel abrió la puerta y me mantuvo afuera:

- ¿Quieres ir a por algo especial?
- Sí, sí ¡cenemos afuera!

Le di mis cosas, él las dejó adentro y fuimos camino a un pub que queda cerca de la casa. El pub estaba en remodelación, caminamos a otro que por fuera se veía de lo más pintoresco pero por dentro... digamos que ha quedado con un tachón rojo en la lista.

Al regresar a casa, vi esto pegado en la puerta:



Corrí a la computadora, prendí la pantalla y comencé a leer el recuento de este año hecho por él. 

Yo siempre he dicho que Gabriel es un escritor más que un bloguero y la manera en como relató nuestro primer año aquí, lo comprueba. También es un maestro en las sorpresas y esta noche, anotó.

Sírvanse de leer nuestra historia con un bono al final editado por él. 

Yo quedé sin palabras y ha sido el mejor regalo de aniversario hasta el momento.

Sin más nada que agregar: gracias, querido.

Ele.
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