Imagen del día.

Imagen del día.
(:

A 5 días del viaje.

He fallado en escribir diariamente lo que va pasando. Lo lamentaré en unos años. Igual puedo reducirlo en: emociones con picos de euforia, noches largas de trabajo que financiarán algunas cosas que me faltan comprar acá y flashes de momentos pasados más anhelos futuros. Ahora, el tema político del país (eso de que el presidente está pero no está, pero nadie sabe cómo está o si en efecto está) se roba la atención en mi propia cabeza. En estos días soy una enferma incrédula más, metida en el remolino pseudo político de Venezuela. Un desahuciado espectador de un circo de mal gusto. Lo único que me calma es que tengo este ticket de salida del show en unos breves cinco días, lo que me desespera es que el tiempo no parece que me alcanzará para ordenarme. Algo voy a dejar, algo no voy a tomar en cuenta o algo no voy a ver por culpa de esta gigante distracción. Chávez en todas partes.


La desconexión

"Dicen" que la mejor manera de introducirte en una cultura es eso de "when in Rome, do as the roman do" pero sí será difícil llevar a cabo eso si sigo pegada a la traginovela venezolana. No sé cómo sucederá lo de desconectarme por un tiempo de lo que sucede aquí para concentrar absolutamente todo en este nuevo país. Todo mi Twitter se enciende vertiginosamente en eventos como el de ayer y la toma de posesión, entonces no quiero imaginarme cómo haré cuando acá ocurran más cuestiones porque, de paso, nos vamos en el giro de la historia. Es como llegar al clímax de la novela pero voluntariamente decidir no saber qué pasará. Gabriel sostiene la teoría de que estaremos tan atareados, abrumados, sorprendidos, emocionados con estar en un nuevo país, que en efecto no tendremos tiempo para andar siguiéndole la pista a lo que pasa aquí. Me parece algo lógico. En cinco días veremos.

Las despedidas

No hice ni haré fiesta de despedida, así que si no recibieron una invitación membretada no se preocupen. De hecho, mi agenda está bastante atiborrada de cosas que debo hacer para que al irme no reciba llamadas de viejos clientes diciendo "Elena, ¿te acuerdas aquella cuestión que te pedí?". Mi plan de pasar las últimas dos semanas relajada en Caracas, saliendo con amigos, disfrutando con mi hermano de largos maratones de películas, durmiendo hasta tarde, etc. no se cumplieron en nada. Voy a llegar podrida a Londres, lo sé. Diariamente me acuesto tardísimo por diseñar o rediseñar algunas cosas, mientras depuro la lista. Ahora tan solo falta el video del crucero -sí, al que fui en septiembre- para dejar eso listo ya que allá no podré editar hasta luego de un buen tiempo.

En fin.

No me he despedido de todas las personas que me gustaría despedirme, aunque siempre las ando viendo en Facebook, Twitter, Instagram... de hecho, casi nunca las veo en persona, así que ninguno notará la diferencia. Ahora, lo fino de ir a tomarse un café de despedida es ponerse al tanto de todo lo que está sucediendo fuera del Internet con esa persona y darle un abrazo al final.

La gente que me conoce y hasta ahora sigue hablándome, sabe que soy complicada como amiga en cuestiones de "marica, vamos a salir". Soy de las que dice "no puedo, marica, estoy full" y he sido así desde siempre, con o sin Gabriel -para todas las disclaimer en ese tema-. Ser así me ha dejado un grupo reducido de amigas casuales y bueno, de ellas me despido en cuestión de planes inmediatos al estilo "vamos a salir",  aunque definitivamente seguiré ahí o aquí.

La peor despedida de todas, y esta sí que me va a doler, es la de mi hermano, joder. Sin que la cosa suene incestuosa, mi hermano y yo a veces discutíamos como un par de esposos españoletos de esos estereotipados  Pero es que he vivido con mi hermano -en el mismo cuarto- desde hace 18 años. Lo que extrañaré son esas conversas antes de dormir que podían ser desde las preguntas más aleatorias: (2007) "Elena, qué es biohazzard", "bueno, bio es de biológico y hazzard de ahhh, ehhh, ahhh", "¿pero qué coño?"; hasta temas de "no sé qué voy a hacer con mi vida/carrera", discusiones de por qué la música sí o no condiciona la cultura o anécdotas cotidianas. Mi hermano es un hombre nostálgico, de humor ácido, que nació hace casi 19 años pero tiene un espíritu bastante troll y una mágica habilidad con los instrumentos y la música (por ejemplo hoy quiso aprender a tocar el serrucho -sin chinazo- y bueno, seguro que ya en una semana lo tiene dominado). No extrañaré las discusiones ni sus momentos de irritabilidad, tampoco sus comentarios hirirentes; asumo que él tampoco va a extrañar eso de mí.

Pero bueno, allí está, extrañaré a Fernando.  Que por cierto, anda en una campaña de intentar hacerme llorar colocando Piazzolla y diciendo "hermana, te extrañaré..." o tocando cualquier canción de Amelie; aún no gana pero estoy segura que el 16 no hará falta ningún Piazzolla ni Yann Tiersen.



-Ele.


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