Imagen del día.

Imagen del día.
(:

A 16 días... la economía cotidiana que no quiero extrañar.

El color era realmente lindo.

El otro día paseaba por el C.C. Líder viendo qué cuestiones podría comprar acá para solventar el tema de la vestimenta para el frío. Una de las tiendas que me agrada es Springfield y veo que a mucha gente también porque ya comenzó a estar en varios centros comerciales de Caracas. Entré y vi varios suéteres lindos. Vi uno que estaba colgado, no podía leerle bien el precio ni la talla, pero me encantó el color. Me alcé de puntillas y lo bajé. El suéter me seguía gustando de cerca pero me pareció totalmente curioso lo siguiente: esta pieza en Venezuela cuesta 529 Bsf (o 529.000 Bs de los viejos) pero en otros países como Portugal, España o Italia: 32,99 Euros. Si alguien foráneo quisiera entender la jodida economía cotidiana del país este será el mejor ejemplo: el sueldo mínimo mensual en Venezuela es  Bs 2.047,48, es decir que una persona  con su sueldo solo podría comprar 3,87 suéteres (tres suéteres y el 80% de otro). Ahora, si nos vamos a España (que tiene la fuerte crisis y toda la historia que sabemos), vemos que el salario mínimo al mes es de 748.3 Euros, eso significa que una persona que gane eso, podría comprarse 22,68 lindos suéteres de Springfield. Entonces, alguien que trabaje en McDonalds en España puede comprarse casi 20 suéteres más que alguien que trabaje en McDonalds en Venezuela. 

Sin embargo, hay algo que hace más macabra la situación de la economía cotidiana: en septiembre me compré unos guantes touch en The North Face, se veían excelentes para el frío y de paso para no andar quitándolos si debo usar el celular. Me costaron 480 Bsf. Este diciembre Gabriel y yo fuimos a la misma tienda para comprar los de Gabriel y vimos que ahora costaban 980 Bsf. En solo tres meses los mismos guantes costaba 500 Bsf más. 

Eso claramente se llama inflación (sabemos que justo fue en septiembre que el dólar se disparó y estas son las consecuencias de una pobre planificación económica). Allí se quedaron los guantes. Por "suerte" (que eso no se llama suerte) a Gabriel le compraron unos también touch pero de Timberland #fairenough.

Entonces, cuando veo en el cine las propagandas del Gobierno diciendo que la economía se expandió, que la inflación se contuvo, que solo fue de 18% en el año, que la economía va en marcha y demás pendejadas, me cuestiono si esta gente se ha dado un paseo por las tiendas o si poseen algún tipo de memoria a mediano plazo. A veces no sé si nuestros políticos están bajo algún efecto burundanguístico o hipnótico, es notorio que existe un daño mental. 

En fin, allí se quedó ese suéter... total, tampoco era de mi talla. 

-Ele.

A 27 días... El coctel de emociones.

Si alguna vez quieren tener un verdadero coctel de emociones y sentimientos en su cuerpo, olviden las rupturas, la primera vez, las drogas, el primer día de universidad o incluso el día de la boda y piensen en lo inminente de una emigración... voilà, allá va una explosión que difícilmente algún trago te puede hacer sentir.

En mi caso, hay una mezcla de susto, alegría, impotencia, anticipación, euforia, etc. En algunos momentos me atacan los nervios: pienso en los peores escenarios que nos pudiesen suceder y llega el rush de adrenalina. En otros momentos me entra una seguridad y la idea de "tranquila, mujer, que estás dándole demasiado drama al asunto, la cuestión no será así de difícil, hay gente que se va con menos y lo logra", así que me entra una confianza absoluta, cual boxeador hiper-sudado saltando de un lado al otro mientras le dice al contrincante "vente, pues, vente".

En 30 días... [preparándome para la ida]

Hablando con extrema sinceridad, la cuestión de emigrar me parece totalmente surreal. No me lo creo.

Sí, ya sé que estamos 98% listos y que de hecho se sienten los coletazos nostálgicos del estilo "extrañaré a mi hermano". Ni se hable de los ojos aguados de mi mamá o de mi suegra; cada día que pasa es más inminente la partida.

Infografía para el emigrante: cómo legalizar tus documentos.

Y este es el porqué de todos nuestros trámites...


Desde que salí de la universidad me he dado unos cuantos coñazos con la realidad del país. Venezuela no es un país complaciente ni benevolente con la juventud, tampoco es que lo sea con los adultos pero a los jóvenes le suele jugar más malas pasadas. Me refiero a lo siguiente: mis padres vivieron en una Caracas más amigable y en un país con “algo” de futuro. Mi papá y sus hermanos vivían la bonanza de mi abuelo, quien importaba de Asia cuestiones de ferretería y construcción, y fácilmente podía vender un millón de dólares al mes -porque eso era lo que pedía mensualmente en materiales-, creo que no hizo más porque no tuvo acceso a las roscas más duras en la construcción -eso de los circulitos siempre existió, ¿eh?-. Mi otro abuelo, en sus años mozos, montó varias panaderías y compró varios apartamentos; si me preguntan, Venezuela era un país más apto para la planificación, mis cuatro abuelos llegaron jóvenes de España y en unos años lograron establecerse bien.

Luego viene la generación de mis padres, por suerte también vivieron en un país con posibilidades: mi mamá pudo comprarse un carro siendo residente de un hospital al terminar la carrera de medicina, ganaba 5.000 Bs y el carro que compró le costó 55.000 Bs; dio una inicial, pagó unas cuotas y en menos de un año ya era suyo. Mi papá igual, tuvo varios carros durante su juventud, pudo viajar y vivir varios años afuera (en México, Japón y así). Mi papá contaba que salir a pasear en Caracas no era tan costoso, él y su banda solían ensayar en un estudio y luego ir a comer a Las Mercedes en la madrugada sin problemas y sin gastar ni siquiera un cuarto de su sueldo. Cuando se conocieron, mis padres paseaban todo el tiempo, mi mamá vivió un tiempo en Puerto La Cruz y mi papá la visitaba con frecuencia. Ir al cine de madrugada era seguro, viajar era barato.

mi papá, el del medio.


Cuando se casaron, mi abuelo les compró un apartamento y el otro, un carro. Me sorprende que mis padres vivieron en una época donde la inflación era paupérrima y no había CADIVI -bueno, existía RECADI-. Sin embargo, la crisis silente del país comenzó a irse de las manos. Venimos a mi generación y es acá donde cambia todo. Yo no viví lo que mis padres y ellos tampoco lo de mis abuelos.

Mis padres me pagaron todo: universidad, carro, computadora, salidas, ropa, comida diaria, etc. Incluso aún siguen financiando mis cosas parcialmente. Mientras estaba en la universidad yo tenía delirios:

Anécdotas matrimoniales: así fue nuestro día (fotos)

Este post lo escribí unos días después de casarme pero no había tenido tiempo para arreglar las fotos (el balance de blanco estaba mal y se veían amarillentas) entonces tardé todos estos meses. Igual, allí va el texto desempolvado:

- 22/08/2012 -

Hoy, 22 de agosto, fue mi matrimonio. ¡Joder! Me casé, gente. Irónicamente, esta que era una de mis más recurrentes pesadillas en mi adolescencia, fue una experiencia divina que volvería a vivir como un eterno loop con Gabriel -noche de bodas incluida, claro-.

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