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lunes, 8 de octubre de 2012

Por fin entiendo de qué va todo en Venezuela: "o lo tomas o lo dejas".

Busqué el diario que escribía en el 98 para tomarle una foto a la página donde puse "Ganó Hugo Chávez, la gente anda contenta", pero debe estar en alguna de esas cajas de la mudanza que jamás ocurrió en mi casa.

Cuando Chávez entró a la presidencia yo tenía diez años y recuerdo que hasta mis padres celebraron. Me imagino que les llamó la atención lo mismo que uno anhela: progreso, vivir bien, más oportunidades, igualdad, blah, blah. Discurso demagógico casi para llevar.

Desde ese entonces un porcentaje de mi vida ha tenido que ver con Chávez. En el 2001 la canción que me sabía de memoria era "Aló, aló, aló presidente aló", y recuerdo que durante el miniparo que hubo en ese diciembre, la tararereaba camino a la Colonia Tovar -mi papá no quiso perder su reservación en la posada así que fuimos-. Luego comenzaron los episodios de los cacerolazos, de las miniprotestas, de que "hasta esta navidad es que llega"; de Globovisión y su musiquita estresante. No me gustaba Chávez pero veía sus cadenas mientras oía todas las teorías conspiratorias de mi papá. Retorcidamente quería ir a marchar y desmantelar todos los planes macabros del presidente, pero mi mamá nos prohibió ir a las marchas.

En abril del 2002, tenía trece y las protestas de PDVSA-Coordinadora democrática eran el tema más hablado en el salón: mi profesora de artística opositora radical, mi profesor de matemáticas un pintoresco chavista. No tuve clases y eso fue perfecto para estar pegada al mortal zapping VTV-Globovisión-Venevisión-RCTV... si pudiese retroceder el tiempo, pondría más Nickelodeon o Discovery. Fui parte del rating en la noche del 11 de abril hasta que me dio sueño. Me emocionó saber que se había ido al día siguiente. Recuerdo estar sentada en la sala viendo por tv a Carmona mientras