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viernes, 27 de enero de 2012

Lo que pienso de las gold digger.


Hace tiempo que este tema ha rondado mi cabeza, y es hora de escribirlo acá, aprovechando que tengo un ejemplo perfecto de una Gold digger o chula, que es casi la misma cosa. Antes de que salgan las de mi género diciendo que los hombres también son chulos y abusadores, ¡por supuesto!, pero me avocaré a las féminas que dan unas cuantas lecciones de "cómo sobrevivir en tiempos de hambre". Las mismas que escribieron "vaginas empresariales para dummies".

No suele sorprenderme el interés en las personas, ni creo en aquello de "estoy contigo desinteresadamente" - C'mon Lennon, mira a Yoko-. El interés persé no es "malo" o dañino, me parece normal. La cuestión que sí me sorprende, y me entretiene morbosamente, es el tema de quienes explotan ese interés al máximo en la cara de todos, con la menor discresión y sin una pizca de elegancia. Algo del tipo "yo me chuleo a este hombre y al otro también", bien novelero, tercer mundista y demás; pero también algo que es excesivamente común -por lo que veo-.

Cuestión de etiquetas & estilos

La cuestión con una gold digger -y la diferencia con una chula- me parece que es una mujer que se prepara para cazar a ese tipo con dinero, se "esfuerza" para amarrarlo y ordeñarle la cuenta; se mimetiza (lo más posible) con su entorno, así cual camaleón -cirugías en los senos incluida, por supuesto, porque hay unas que no tienen tanta elegancia-. En cambio, he visto que la etiqueta "chula" funciona para mujeres que se conforman con vivir del marido o novio de turno que gana sueldo mínimo, tiene expectativas sencillas, son como unos corronchos: lo que venga se lo traga. Las gold digger son corronchos selectivos.  

En Estados Unidos, el término gold digger se aplica a esas jóvenes que salen con magnates, cantantes, actores, viejos verdes millonarios y poderosos, y se rotan de viejo en viejo, o de artista en artista cuando ya la relación se pone turbulenta. Son de esas que odian a muerte los acuerdos prenupciales. Acá podríamos tropicalizar el término y llamarlas "caza fortuna" o "buscadora de oro". Como nuestro verdadero star system es el gobierno, -ya que los artistas están tan mal económicamete que deben dar cursos de actuación- y entiéndase "gobierno" no sólo del Estado sino en general, pues las gold digger de aquí buscan escarbar en las esferas de poder y de mando.

Una "caza fortuna" va directo a ver quién es el "chivo que más mea" y le hace un estudio. Me imagino que también depende mucho cómo sea "la presa". Si yo fuese una gold digger vería si es de esos que te proponen la jugada así de frente, o de los que hay que irle por los recovecos, como quien no quiere la cosa, pero demostrarle que "uno cayó atrapada irresistiblemente en el juego". Me imagino que todo es cuestión de protocolo y saber hacer la lectura. Yo podría ser algo inexperta para esas lecturas, pero estas mujeres no lo son, porque viven de eso y no hay espacio para errores (imagino que si la carnada es un tipo discreto, no puedes lanzártele de una y decirle "mira, mi amor, es que me provocas, bla, bla, bla", una mala jugada y estás botada).

La historia de Lola, gold digger like a boss.


Hay una anécdota de una mujer de este estilo, quien inspiró las ganas de escribir esto hoy; a quien le pondré mi nombre favorito: Lola. Yo he visto a Lola dos o tres veces, pero un amigo trabaja con ella y he escuchado las historias y la evolución de esta típica caza fortunas. Así que contaré mi versión.

Lola entró a la empresa un tiempo luego de mi pana. Su cargo de entrada fue gerencial ya que tuvo una entrevista previa con el "chivo que más mea"; no sé si es que tuvo suerte de conocerlo ahí o es que hay un backstage entre ellos que todos nos perdimos, pero esta gold digger entró por la "puerta grande". Su cuerpo no había sido retocado para ese momento, aún era una mujer delgada con senos pequeños. Se mostraba amable y amigable al comienzo de su estadía, solamente estaba entrando en calor, estudiando su nuevo entorno. Luego de un tiempo siguió con el ojo puesto en quien la había entrevistado, en el que mayor poder tiene dentro de la empresa -y no es exactamente el presidente-. La técnica exacta de cómo esta mujer -que tiene novio, por cierto- se le metió en los pantalones al jefe -que tiene esposa, por cierto-, no me la sé completamente (sé que por ejemplo se movía el push-up acomodándose el escote, antes de entrar a la oficina de la carnada), pero lo logró.

Lola, entonces, comenzó a tener más poder en la empresa, aunque seguía siendo gerente, luego le crearon un departamento para ella sola, además de tener poder de opinión en áreas que no le incumben. Le asignaron una oficina cerca de su pene millonario y ella muy servicial cumplió el mandato de trabajar cerca de él. La cuestión sórdida acá es que el jueguito sexual era a la vista de todos los empleados. Los empleados más audaces captaron la jugarreta de Lola desde el primer "ay, pero qué rico huele el señor Fulano, ese perfume me mata" cuando ella aún no había revelado su identidad de caza fortunas. Otros fueron dándose cuenta que la mujer ya no era amable ni amigable, que poco a poco se había convertido en una arpía respaldada por su "machete" de oro. La mujer hizo sus jugadas y botó a quienes se le interponían en el camino. También destronó a la anterior geisha del jefe máximo -ese tipín se las trae- y poco a poco fue marcando su territorio con una deslumbrante desfachatez: salía luego del trabajo -y de una tanda sexual con el jefe- a ver a su novio, o usaba un carro del jefe si el suyo se dañaba.

Es más que obvio que su cuerpo cambió, y dos prótesis (lamentáblemente no eran de PIP) aparecieron en su torso. ¿Por qué a estos tipos les gustan que las tipas se vuelvan tan monitas?, ¿será una forma inconsciente de marcarlas, así como tatuaban a los judíos en los campos de concentración a ellas les mandan a ponerse esas tetas?, quizás es sólo porque tirar con senos postizos es mejor o más rico (creo que eso no lo sabré).

La cosa es que ella no es una ninfómana y solo es el juguete sexual de su jefe por placer, ¡qué va!, él le hace sus buenos cheques por "proactividad" que pueden ir desde 30 mil Bsf hasta aumentos con bonos y así. ¿Cómo es que sé eso?, bitch please, no puedes controlar la información que hay de ti en ese ambiente. No puedes pretender que nadie sepa cuál es tu tarifa si todos saben de tus mañas. Es como quien sabe cuánto cobra una puta.

Esto me parece entretenido porque estoy afuera del meollo, pero los empleados de allí no están nada contentos teniendo a esta caza fortuna torturándolos y paseándose por el sitio como si de su hacienda se tratara. Ellos, los más arriesgados, le hacen la guerra silente, le debaten sus números y estadísticas entregadas al jefe, le joden sus discursos de "esta empresa está unida", le hacen protestas llenas de humor negro. Pero la tensión sigue en el ambiente. A ella no le debe importar un carrizo, a su vagina tampoco pero también es una cobarde como para debatírsele frente a frente a sus torturados empleados, así que en caso de problemas ella recurre a la directiva, como cachorrita nerviosa.

Ella tiene la transacción perfecta y sin compromiso. Una gold digger no tiene escrúpulos y esta mujer me ha demostrado que así seas una inepta en lo que haces, cagues la compañía y luzcas de vez en cuando como un transfor, puedes mantener un trabajo y ganar con creces. Lola, y en general todas las que se avocan a ser gold digger en el área empresarial, transforman el sitio en una común telenovela o reality de Mtv. Hacen ver del capitalismo como un fenómeno amoroso e histérico: empresas siendo dominadas por vaginas, take that Adam Smith, take that feminism.

La cuestión se extiende, y me encantaría leer lo que piensan al respecto. Por cierto, una canción que se ajusta al momento:



-Ele.

Lo que hicimos en Navidad (video reporte #10)


Hace un mes estaba disfrutando del fin de semana navideño con Gabriel. En realidad no celebramos la Navidad, no creemos en eso, pero quisimos celebrar algo ese 24, el segundo que pasamos juntos disfrutando de lo que nos gusta hacer. Como buenos neuróticos que somos, esbozamos en plan para esos días, un mes antes. Veríamos una película, beberíamos vino y al día siguiente armaríamos un rompecabezas que nos gustó. Ese era el plan maestro, pero podía cambiarse -tampoco es que somos así de rígidos-. La película debía ser algo entretenida, ligera para la ocasión. Un día caminando por una feria encontramos en Blu Ray el film "Paul" y nos aventuramos, esa sería nuestra película "navideña". El vino fue un dilema, que si blanco, que si tinto, que si suave, etc. "mejor hacemos una sangría" dijo uno, y al ver que quizás era muy complicado todo: "mejor hacemos un tinto de verano", "está bien". Listo ese tema.

En el 2010, Gabriel y yo nos aventuramos a pasear por las vacías calles de Caracas con mi carro -como conté aquí-, este año la edad, el hampa y el frío nos pegaron, por eso es que quisimos pasarla en su casa, solos y tranquilos (ya que sus padres no estarían allí); el iPod de Gabriel en shuffle creó la atmósfera para pasar un 24 hablando y grabando un video que se agregaría a nuestros archivos. No resistimos despiertos para ver la película que compramos así que la dejaríamos para el día siguiente. El 25, #lasuegra, hizo un brunch bien rico -ella cocina estupendo-. Luego Gabriel y yo nos acostamos a ver "Paul", fue una película que nos sacó unas cuantas carcajadas por lo irreverente y divertido de su protagonista, por los guiños sociales y demás. Nos gustó, tuvimos suerte en elegir esa película que cumplió los objetivos.

Aprovechamos que los suegros se irían para usar la mesa de la cocina y armar el rompecabezas que tanto nos había gustado en la tienda. Se veía más sencillo por fuera que cuando abrimos aquella caja con mil piezas en sólo 4 colores. No sería un contrincante fácil pero teníamos esperanza, además de "tinto de verano" que sobró de la noche anterior. Quizás el vino empeoró la tarea de resistir con paciencia ese laberinto de piezas. Al ver que habían pasado dos horas y podríamos estarnos forzando a gastar un domingo en eso, pues abortamos la misión y guardamos el rompecabezas. Otro de mil piezas que nos vence. Sin embargo llegamos a una razonable explicación: no nos podemos plantear armar un rompecabezas así en sólo unas horas, necesitamos un espacio en el que dejemos las piezas y poco a poco ir armándolo; al sentirnos presionados por el tiempo, armar el puzzle pasa de ser divertido a ser una tortura de resistencia mental... "así no se juega", como diría mi versión más infantil.
 
Pasamos el 25 descansando, viendo cosas en Cuevana y hablando sobre el nuevo año que se acercaba. Me quedé a dormir ese día para llevar al trabajo a Gabriel el lunes 26, me parecía una maldad que él tuviese que ir esa mañana y de paso en carrito hasta su nueva oficina -sucursal de Inparques, como él la llama-, así que me ofrecí gentilmente a dejarlo en su trabajo, total, en diciembre Caracas se estrecha, queda libre y despejada, la gente puede llegar a los sitios en sólo 15 mínutos; es un falso paraíso.

Esta fue la segunda Navidad con él y fue exquisita, quizás más que el año pasado porque pude quedarme allí entre sus sábanas y el tiempo no venía a joder con sus límites, por tanto la diversión era extendida. Confieso que el año pasado quería más pero la madrugada nos obligaba a volver a casa y dejarlo en su apartamento, ¡bien por un año diferente!

En el 2010 la noticia de que pasaríamos esa fecha juntos me alegró y se repitió este año, espero que se mantenga así -han sido las mejores navidades desde que me atiborraban de regalos en mi niñez-. Ahora diciembre me gusta porque hay tiempo para pasear por esa Caracas más cómoda y es la fecha en la que más veo a mi novio en la semana -porque él se da la licencia para salir a pasear luego del trabajo-.

Sinceramente, ahora me gusta diciembre porque no hay nada más divertido para mí que escabullirme de las convenciones sociales con mi fiel cómplice de travesuras. Ahora quiero pasar todas las navidades así, eso es algo muy parecido a "when you try black, you never go back" -aunque no se cumplió literalmente en mi caso-.

Acá la prueba de esas fechas, ¡salud!



Para leer la versión de estos hechos en el blog de Gabriel, hagan clic en toda esta oración.

-Ele.

sábado, 21 de enero de 2012

La niña que trata de rebajar: julio 2010-enero 2012 (fotos)

clic para ver en grande.

Jamás estuve tan gorda como en julio del 2010. Fue el peor mes de ese año para mi cuerpo: comenzaba a salir con mi ex (en plan de "no quiero volver pero no quiero estar sola") y las idas al hatillo -por ende a comer churros y beber chocolate caliente- iban y venían. Además, diariamente, me tragaba una dosis de chocolate negro (con la excusa de "ese chocolate no engorda... tiene flavonoides").  En sólo un mes (junio-julio) pasé de unos pesados 91 Kg. a unos peligrosos 95 Kg.

Estaba emocionalmente devastada. Un día luego de hacer una grabación, llegué a mi casa a llorar porque me vi en la pantalla como Peggy la cerdita, pero no en plan cuchi sino en plan de "estoy lista para que me lleven al matadero, por favor". Mi límite de vida eran los 110 Kg: pesaba un gramo más y me lanzaba al Metro (literalmente) pues sería un caso eternamente perdido.

De hecho, yo misma me veía como un caso perdido: no me gusta la cirugía del bypass gástrico, me daba miedo que el balón gástrico me explotara en el estómago o que el famoso anillo no sirviera más que para ser hipocondríaca 24/7; era más floja cada mes y estaba adicta a los putos Savoy Dark -almendras con chocolate negro-. ¿Cómo carrizo rebajaría en tan nefasto panorama? (saliendo, de paso, con alguien que es  imitador de "Man vs. Food" o el perfecto staff de "Epic Meal Time"), imposible.

La antigua droga diaria de Elena.


La droga fuerte para momentos depresivos
(Ejemplo: "me siento gorda y fea" *lame la cuchara con Nutella*).

Cuando alguien está en esta situación, debe haber un cambio sustancial en uno y su entorno. En mi caso todo ocurrió comenzando agosto del 2010: corté definitivamente esas salidas con mi ex (entendí que decisión tomada, es decisión tomada. Reincidir es de tontas) y Gabriel se ofreció a ayudarme-acompañarme a hacer ejercicio. El resto es historia contada y grabada.

No fue magia, ni pastillas ni Herbalife y tampoco es que he terminado de rebajarlo todo. No es que de un momento a otro soy Lilian Tintori y subo el Ávila diariamente. Aún no he hecho ese cambio mental definitivo que generará los hábitos de una persona flaca, deportista o así. Admito que quedan varios rastros de esa Elena obesa que tiene resistencia a hacer ejercicio sola. Mi meta son 65 Kg y voy por 78 Kg -he perdido 17 Kg-, y solo sigo estancada en ese peso porque me faltan ovarios para ir diariamente a entrenar, si lo hiciera es probable que ya estaría muy cercana a mi meta. Es triste saber que aún está esa debilidad. Confieso que le armé llorantinas a Gabriel porque él dejó de acompañarme como al inicio, pero tiene un punto: "te toca hacerlo sola, no puedes depender de la gente para ir a entrenar o rebajar".

Por ahora trabajo en pensar como gente delgada, es difícil si casi toda tu vida has sido una obesa mórbida, pero asumo que se puede. Hay gente en Twitter que me ha demostrado cómo han rebajado y se mantienen porque cambiaron sus hábitos.  

¡Respeten mi proceso!

Basta que estés luchando contra tus propios demonios gordos y grasientos, para que venga alguien a ofrecerte un Magnum extragrande de Nutella-Oreos-M&M's-Cricri-Kitkat con nueces, avellanas y almendras. Si solamente la gente entendiera lo detestable que es presenciar esa atractiva ingesta calórica que traerá remordimientos nocturnos, no las ofrecerían y menos harían la presión: "anda, por un día no pasa nada" -¿por un día no pasa nada?, salirse un día es perder toda la semana, ¿no entienden que aún no tenemos autocontrol, que somos unos food-junkies?-.

Vean a la gente que hace dieta seria como una Amy Winehouse en pleno rehab... ahora recuerden qué le pasó (seguro por salirse "un día"). Bien, ya lo entienden. ¡No nos den comida!

Sr. Conidayvuelta hace eso a la perfección, a veces hasta me da rabia porque tengo un hambre voraz y solamente ceno un sánduche de pan "Diet" con una laja de queso Paisa (algo gruesa). Las primeras veces que cené así con él, recordé mis anteriores cenas masivas que hacía mi ex: media canilla de pan andino para esta niña que escribe, con varios pedazos grandes de queso, carne, tomate, cebolla, lechuga, orégano, pimienta,  "Cheez Whiz", salsa de cebolla, mayonesa y de tomate... y entendí que esto era mil veces mejor, cenar esa bomba me dejaba inmóvil hasta que mi papá me venía a buscar y eran notorias las consecuencias a largo plazo. Sé que he cambiado cuando pensar en todo eso de cena hasta me da náuseas (¡era demasiado!).

Engordar hasta mi punto máximo me tomó como 14 años, no quiero durar otros 14 rebajando (perdería mis mejores años en el proceso), pero sé que tampoco puede ser en 12 meses (de hecho, no lo fue -y menos con mi eventual saboteo-). Espero pesar 65 Kg para finales del 2012 o (máximo) finales del 2013. Sería gratificante cumplir 25 y verme así:


No, qué va. En realidad:


Obviando las distancias, algo así (es decir, no un palo de escoba pero tampoco una chama "medio gordita"; quiero algo saludable y fit). Creo que eso es posible, difícil pero posible. Ahora, el cuerpo de actriz porno (sin los senos falsos) sí ya no es realizable -creo que con eso se nace- y hay que aceptarlo -damn it-. Hasta ahora, eso es todo. Seguiré reportando.

-Ele.

jueves, 19 de enero de 2012

Vorágine empresarial.


Tengo mala-buena suerte, lo admito. El último post del blog, ahora penúltimo, hablaba sobre trabajar en una empresa formal; sobre dedicarme a domar a la Elena que, trabajando como freelancer, no tenía un horario definido ni noción de los días. Luego de ese fin de semana, terminé aceptando que me lanzaría a la vorágine de la oficina, así fuese en una productora (como la que creó una serie animada de los presidentes latinoamericanos varados en una islita) o fuese en la oficina de una compañía internacional seria y "adulta". Tener un trabajo fuera de casa, sueldo fijo y responsabilidades específicas, era lo que buscaba.

Como aquella era mi nueva meta, ese mismo día me armé de paciencia y me metí en Bumerán.com para completar mi Curriculum Vitae (ya que Oriana me dijo que hay empresas que sólo reciben los CV por ahí). Logré llevarlo al 100%, propuse hacer lo mismo en Linkedin pero lo dejé como una tarea para otro día. No haría falta.

Historia 1

Digo que tengo suerte porque en esa misma semana me reuní con la gente de la productora que dije antes -esa reunión se pospuso tanto por ambas partes, que fui sólo para quitarme la curiosidad de la insistencia. Fue un interesante meeting pero creo que no trabajaré allí-. Casi en simultáneo, una compañera de promoción (que esta trabajando aquí, en una de esas compañías internacionales serias, formales y "adultas") me llamó y me dijo:

-¿Ele, cuéntame: ¿qué estás haciendo ahorita?
-Pues ahorita nada, viendo en qué trabajaré porque me cansé de freelancear- le respondí.
-Bueno, mándame tu currículo, estamos buscando a alguien y creo que tú puedes quedar- dijo contenta.
-Dale, perfecto. Justamente armé uno hace un momento, ya te lo mando.

Descargué el CV que acababa de armar y se lo mandé. A los pocos minutos ella vuelve a llamar:

-Ele, ya recibí el currículo, ¿tienes un portafolio que me puedas mandar?, para que vean tu trabajo, si quieres pásame unos links de videos también.

La verdad es que sí armé un portafolio una vez, pero está en mi iMac y ésta está dañada. Así que le respondí:

-Dale, te armo uno rápido.

Eso hice, se lo mandé y ya no tuve más llamadas de ella por ese día.

Historia 2

Confesiones de una mujer obstinada.

Otro día de esa semana, me reuní con una amiga (no diré el nombre por el momento). Ella acababa de salir de todo ese rollo empresarial y me contaba sobre lo terrible que le fue, que ella había decidido trabajar por su cuenta, crear su propia empresa. Yo le comenté que yo más bien estaba hastiada de trabajar sola en mi casa, en la que mi único contacto humano diario era mi hermano cuando entraba al cuarto. Estaba harta de lidiar sola con clientes y aquello de no tener un horario. Le dije que quería trabajar en una oficina, en una empresa. Ella volvió a decirme lo mal que le fue y me propuso trabajar juntas: ella pondría el lugar, yo pondría mis equipos y ambas nuestra "creatividad". De esta sencilla manera podríamos complacer aquellos deseos y de paso tener dinero -ya que en la cadena económica alimenticia estamos cerca de los indigentes-.

Al comienzo me dio miedo. No me da miedo fracasar en soledad, pero sí me da temor embarcarme en algo con otro y luego hundirnos. "¿Pero por qué dices que vamos a fracasar?, ¡no vamos a fracasar!, estoy muy segura que nos irá bien... yo no tengo miedo", me dijo ella con firmeza. Salí de la reunión masticando la idea. Con cada bocado me fue gustando más: tendría un sitio diferente a mi casa, trabajaría con alguien que me ha demostrado ser capaz y proactiva; podría tener más y mejores proyectos, y definitivamente, los ingresos podrían mejorar.  Nos entusiasmamos con la idea. Nos reuniríamos en nuestra futura oficina y comenzaríamos a prepararla para asentar nuestra empresa aún anónima.

Precipitada convergencia

En sólo una semana surgen estos dos eventos. El primero -la reunión con la productora y la llamada para entregar mi cv-, atado a mi ideal de trabajar en una empresa establecida; el segundo, comenzar desde cero pero apostando al potencial. Ambas ideas me gustaban, pero como todo: había que decidir. Sin embargo, como lo último que había hecho era hablar con mi amiga, pues parecía que ése sería el plan... hasta que sonó mi teléfono:

"Hola, Elena, te estamos llamando de (la empresa) para ver si puedes venir mañana a una entrevista, también para que presentes una prueba... ¿Puedes venir?", dijo la chica de Recursos Humanos. Dudé por unos segundos diciéndole un "si, no", "ok, sí". Jamás había ido a una entrevista de una empresa de este estilo y me dio curiosidad.

Mi amiga tuvo que sorprenderse cuando le escribí diciendo que iría a una entrevista al día siguiente. Ya estábamos comenzando a arreglar la que sería nuestra futura oficina, de repente detengo el flujo de la cosas y le explico que iré allá a entrevistarme. Es como dejar que tu novio llegue a tercera base e interrumpirlo porque te vas a la misa.

En realidad, era sólo por curiosidad, le expliqué que yo le había dado el CV a ellos antes de hablar nuestro proyecto y le prometí que luego de esto no volvería a meter mi CV en ningún sitio. "Ok, me cuentas..." contestó esa noche.

Este martes fui a la entrevista y esa experiencia merece un post particular. Fue interesante todo, mucha alfombra gris, muchos tacones y mucho negro. Sacié mi curiosidad de cómo funciona el proceso de admisión de un lugar así. Al final de la entrevista la chica me dice con convicción y entusiasmo que este proceso sería rápido y me estarían llamando ese mismo día, máximo uno o dos después para que volviera a la entrevista ya con alguien de mi futuro departamento. "¿Oh, fuck, en qué estaba apunto de meterme?", me pregunté a mí misma. Salí de esa torre y, como se acercaba la hora del almuerzo de Gabriel, fui hasta su trabajo para conversar la situación.

Acá comienzan a llegar las opiniones de terceros:

"La cosa es compleja, ambas opciones tienen muchos pros y contras. Por un lado tienes la estabilidad de una empresa reconocida, el asunto que estás en una nómina y que, por ejemplo, un banco tomaría en cuenta eso al momento de un crédito para un apartamento. También está la opción de hacer carrera dentro de la empresa y crecer. Pero por el otro lado tienes la libertad de un negocio propio, trabajas con alguien que ya conoces y quizás hasta ganes más. También está lo de los horarios, en uno hay más flexibilidad pero quizás debas trabajar los fines de semana... Sea lo que sea yo te apoyo. ", en muy resumidas cuentas eso es lo que Gabriel me dijo.

Luego Oriana fue más por el terreno de lo estable y ya creado (quizás haciendo espejo de su situación): "yo que tú me meto en una empresa, tienes 15 y último, tienes bonos y facilidades, ya está todo listo y sólo debes ir a trabajar en tu área con cosas específicas, tendrás fogueo y de paso podrás tener tu tiempo libre marcado. Busca la estabilidad" a grandes rasgos esa fue su opinión.

Aún no le escribía nada a mi amiga, todavía tenía esta turbulencia de ideas en la mente y no era bueno lanzarle todo a la vez. Al llegar a casa mis padres tuvieron sus comunes opiniones diferentes:

- "Hija, puedes hacer lo que quieras. Si necesitas disciplina y levantarte temprano, cumplir horario y disfrazarte de acuerdo al ambiente, hazlo. Pero me cuesta verte recibiendo órdenes de personas con una mentalidad cuadrada. Me parece que naciste para otra cosa. Lo bueno es que pudieses hacer carrera dentro de la empresa y te motivarías", dijo mi papá. Luego de un silencio masticando su almuerzo, continuó: "aunque yo me inclino más a que trabajes en la empresa con tu amiga, te veo más como dueña de algo...  no hay nada de malo en despertase luego de las 7 y gozar la vida. Yo lo hago".

- "Pero ella tiene 23, puede trabajar en una empresa así, nosotros ya tenemos 52... Pienso que podrías trabajar allí y probar cómo es eso, yo te puedo prestar para que compres toda la ropa que necesites. Además aprenderías cosas nuevas. Tendrías que dormir temprano y levantarte temprano. Acatar órdenes y lidiar con la gente, eso estaría bien. Claro sin que te estreses. También podrías trabajar un tiempo allá y luego hacer tu propio negocio... Al final haz lo que quieras, hija. Tu amiga también es una buena chica y podrían trabajar juntas bien", dijo mi mamá.

- "Haz la empresa con tu amiga y ya, olvídate del resto", sentenció brevemente mi hermano.



Al final hablé con mi amiga. Le dije sobre la entrevista y que no sabía qué hacer aún, me dijo que ella no podía tener esa incertidumbre porque entonces tampoco sabría qué hacer con su vida y debería pensar en buscar un trabajo. Como era martes y la gente de la empresa quedó en llamarme de ahí hasta el jueves, le dije que le daría mi decisión final y definitiva, el viernes.

La decisión final

Esta noche del martes al miércoles estuve pensando en todo ese entorno empresarial que me llama la atención pero he visto cómo personas cercanas llegan a odiar por ser monótono, consumidor y sin libertad. Sinceramente me siento más cómoda con la idea de tener una empresa con mi amiga pero: ¿qué pasaría si me arriesgo a salirme de mi zona de confort?, ¿pero cuál es la obsesión por salirte de esa zona?, más bien al trabajar en una empresa al final tendría menos retos, es más retador comenzar desde cero, ¿seré muy rebelde?... en fin, tuve mil dudas y divagaciones.

Ese miércoles me desperté a las 5:30 A.M. para llevar mi carro al taller. Si trabajara en esa empresa, éste sería el horario en el que me despertaría diariamente; "Bienvenida a mi mundo" me escribió el Sr. Conidayvuelta. En todo el trayecto estuve pensando en que rebusco y rebusco en las cosas sencillas. Fui deshilachando la verdadera razón por la que una empresa formal me llama tanto la atención y encontré el motivo: porque se trabaja con seriedad, no es una taguara y la gente suele vestirse "bien". ¡Joder!, todas esas cosas puedo hacerlas yo. Estaba harta de trabajar en pijama pero me sentiría como una loca si para editar en mi cuarto, me bañara, vistiera, maquillara un poco y echara perfume. Lo único que me atraía de esa y otras empresas es la forma, no el fondo.

Al mediodía del miércoles (ayer) aún estaba esperando la llamada. Comencé a escribir un post sobre la experiencia de la entrevista y a investigar sobre las pruebas que me habían hecho. Escribiré la verdad: me sentí vulnerada cuando vi cómo el test de Wartegg comienza a etiquetarte y exponerte ante una empresa, también me di cuenta que estaba quizás algo loca, no sé.

Leí unos foros en que la gente ya se aprende las figuras que debe dibujar y en el que había la discusión de: "si este test fuese cierto, por qué en las empresas hay tantos problemas, hay empleados tramposos que meten le zancadillas a los demás, gente que no coopera, etc". No me gusta que me traten como rata de laboratorio y me sentí así -aunque fue muy interesante recordar las figuras que hice y ver qué significaban (habían algunas que no encontré)-. Eso, unido a lo que pensé en la noche y en la mañana, me hizo adelantar mi decisión definitiva... trabajaría con mi amiga.

Ya no me importaba si me llamaban o no, más bien, ya quería que no lo hicieran. Tampoco esperaría hasta el viernes para seguir pensándolo y es que no había nada que pensar, si lo que quiero es tener formalidad en mi vida, pues puedo fácilmente hacerlo desde ahora. Hablé con ella y le dije que olvidara este pequeño trance, que estaba decidida definitivamente a continuar con nuestro plan, le dije que no pude dormir bien y que lo que quería era que nuestra compañía no fuese una taguara; ella contestó que tampoco pudo dormir con aquella incertidumbre y que estaba decidida a seguir con el proyecto, "no será una taguara", me dijo.

Pues nada, la decisión que tomé la semana pasada se mantiene: dejaré de freelancear y estaré en una compañía, pero en una en la que soy "la socia", en la que compartiré con alguien a quien le gusta todo esto igual que a mí (además parece que tendremos a más personas en el plan).

Vaya estas dos semanas. Hoy, jueves, finalmente ya sé qué hacer y es definitivo.

C'est la vie.
-Ele.

lunes, 9 de enero de 2012

De oficinas, motivos de vida y esas cosas.


En estos momentos tengo esta crisis sobre qué quiero hacer (profesionalmente) con mi vida. No dejaré de hacer videos, animacioncillas ni diseños porque es como un hobby, pero me doy cuenta que si me enfoco en ello necesitaré compañía;  trabajar en cuestiones audiovisuales al estilo one woman band es físicamente agotador y psicológicamente peligroso (aunque las ganancias son mayores a los salarios convencionales). Creo que lo más "sencillo" por ahora es trabajar para una empresa (sea grande o pequeña; sea una agencia, consultora, productora, revista, etc). No era la idea que tenía por allá en el 2006... aunque en esa época también calculaba que por estas fechas conocería Dubai, sería dueña de una casa y ganaría una Palma de Oro.

Creo que es hora de probar (de nuevo -y ya sin ser pasante-) aquello de cumplir horarios, tener un jefe y responsabilidades específicas. Es hora de darle uso al título y al currículo -que lleva ahí armado desde hace un tiempo-. Por un momento pasaré de ser freelance a desempleada oficial (porque comenzaré a buscar trabajo); me da curiosidad saber en cuánto tiempo me toma llegar a alguna empresa y cómo cambiarán las cosas si lo consigo. Aún tengo pendiente algunos proyectos freelance, los terminaría en mis momentos libres, tranquilos que no los dejaré en el aire.

Creo que la diferencia entre casa-oficina me hará bien. Necesito una nueva dinámica este año, así sea para poner en perspectiva las cosas y valorar otras. Quiero trabajar duro, llegar cansada a casa y dormir a las 10:00 P.M. Quiero diferenciar los días (todos mis días parecen martes). Quiero nuevos retos, nuevos resultados.    

El 2011 se encargó de bajarme de la nube y explotar la burbuja. Me dio duro, me deprimí bastante y perdí mi emoción por todo. Dejé de creer en el cine como mi meta de vida. Vi que no ganaría dinero con las cosas que realmente me gustan (los videos que hago con Gabriel, por ejemplo). Me volví apática. Creo que era lo necesario para tocar tierra y decir "ok, volvemos a empezar pero en el mundo real". El 2012 no puede ser una extensión del año pasado, bitch please, me moriría.

Para resolver todo esto ando teniendo nuevos anhelos, más reales y alcanzables. Coño, apenas tengo 23, ¡vamos a calmarnos! Mi papá me dijo esta mañana: "sea acá o en Pekín, trabajes en lo que sea, sólo diviértete" y digamos que mi papá es un experto en eso. De verdad tengo ánimos de comenzar. Sólo espero encontrar un lugar interesante, ¿no es mucho pedir, verdad?

A trabajar, queridos.

-Ele.

jueves, 5 de enero de 2012

Días de vacaciones: día 3-4 (+ videos)

Pues bien, ya ha pasado bastante tiempo desde que Gabriel y yo nos lanzamos a la aventura de nuestras primeras vacaciones juntos, apelaré a mi buena memoria y continuaré las crónicas vacacionales, donde lo erróneo fue la fecha (el puente del 24 de junio) y la posada (que mantendremos en secreto a menos que nos pregunten).

Es importante leer el día 1 o el día 2 (parte 1) - (parte 2) antes, así se podrá entender el contexto de lo siguiente.

La mañana de ese sábado 25 fue literalmente seca: se había ido el agua. Utilizamos lo que nos quedó en nuestros potes comprados en la playa el día anterior para lavarnos los dientes y la cara. Creo que si algo íbamos a aprender en esta posada (yo diría "campamento") era a ahorrar los recursos naturales.

Tal y como cuadramos la noche anterior, Gabriel y yo iríamos más temprano a la playa. Ya a las 9 am estábamos desayunando (pero esta vez en una mesa más alejada de las moscas pero cerca del arsenal de señoras divorciadas). Gabriel y yo desayunamos lo mismo: un rico plato criollo -recordemos que la comida sí era buena en ese lugar-. Partimos justo después de comer a la lancha que nos llevaría de nuevo al cayo del día anterior.


Fuimos de una vez al lado más solo del cayo, quizás tendríamos por fin el día de relajación que tanto esperábamos. A llegar nos recibió la arena solitaria, sólo unas cuatro o cinco personas estaban allí, pero eran las 10 A.M. Gabriel y yo comenzamos a jugar con la arena e hicimos un volcán con una barrera protectora que lo mantuvo en pie algunas horas.

esta es una foto de la web, pero algo así fue lo que hicimos #arquitectos

Nuestro lado del cayo comenzó a llenarse, pronto dejó de ser aquel lugar del día anterior: solitario y tranquilo. Parece que el centro de la isla estaba lleno de gente y las lanchas rebosantes de pasajeros venían directo a este lado "vacío". Así pues, Gabriel y yo comenzamos a estar rodeados de grandes familias y nuestro espacio se iba reduciendo.


El modo espartano tuvo que activarse y desarrollamos unas técnicas para no quedar arrinconados -ya que nosotros pusimos nuestras cosas cerca de la orilla y teníamos un buen puesto-. Las técnicas consistían en extender una toalla y a unos cuantos metros la otra, así teníamos ya un cierto espacio cubierto. Luego yo me sentaba más adelante de la toalla lejana, por la orilla, impidiendo que alguien se pusiera en frente de nosotros (tapándonos la vista al mar) y Gabriel se quedaba atrás. En la toalla vacía lanzamos un libro para advertir que alguien estaba allí. Algunas veces llegaban manadas como de 15 personas que veían nuestro espacio con un apetito voraz, entonces ahí iba yo y me acostaba cual marmota muerta cercana a la orilla, atrás estaba la toalla y más atrás Gabriel, así que ellos debían ir a invadir otro lugar. Si bien encontramos la manera de mantener nuestro sitio (y no como la pareja que todo su espacio era su cava -estaban sentados encima de ella-) esta no es la manera correcta de disfrutar unas vacaciones. Eso de andar como propietario de terreno disparándole a los invasores chavistas, no es lo mío. Pocas veces pudimos estar ambos metidos en el mar, porque aparte de cuidar el puesto había que cuidar las cosas.

A las 6:00 P.M. ya estábamos en la posada. se había ido la luz así que aplicamos la de bañarnos a oscuras -al menos había agua-. Luego, un cangrejo rebelde trató de entrar al cuarto (parece que no le hizo gracia que lo grabáramos paseando en la piscina en la mañana) pero logramos sobrevivir. Finalmente llegó la cena sorpresa que nos había anunciado el encargado. Por un momento pensamos que la sorpresa sería que volvería la luz, que el agua sería abundante y nos darían un día más con un paseo a Cayo Sombrero... pero no. En realidad la sorpresa (que tampoco estuvo mal) eran dos músicos contratados que iban de mesa en mesa tocando canciones. Humildad aparte, la canción más chévere fue la que nos tocaron (las otras eran más melancólicas).

Luego de la cena llegó la luz y las quince viejas divorciadas activaron la changa-tuki en las cornetas del área de la piscina (nuestra cabaña estaba al frente). La terraza también estaba ocupada por las señoras que quizás hacían juegos eróticos de solteras a los 60, así que nos quedó recluirnos en nuestra cabaña. Me alegro que Gabriel y yo nos tomemos estas cosas con humor, que luego de darnos cuenta que estábamos rodeados de pura changa, bachata y reggaetón, él sacó su ipod  e hicimos una pijamada musical. Pusimos el adaptador de audífonos y nos quedamos oyendo su rocola. Como siempre, Gabriel me explicaba cuestiones, anécdotas, curiosidades y demás de las canciones que oíamos; debo decir que él debería tener un programa de radio de música porque tiene un amplio conocimiento sobre ella (bueno, no de todos los géneros). Este es uno de los momentos que más atesoro en mi memoria, él y yo oyendo canciones, con la luz apagada, hasta que nos pegó el sueño y decidimos dormir.

Día 4 

Nos vendrían a buscar al mediodía para regresarnos a Valencia y de ahí a Caracas. No había agua, así que nos arreglamos como pudimos. Desayunamos y luego recogimos nuestras cosas. El taxi que contratamos llegó y comenzó el retorno. Julio, nuestro taxista, pudo haber sido un férreo contendiente en "Rápido & Furioso: Tokyo drift", se notaba su pasión por ir pegado al carro de adelante a 120 Km. Era imposible dormirse en el camino, el zigzagueo del pequeño Aveo nos hacía sentir como en la más temeraria atracción del Universal Theme Park. Victoriosamente llegamos a Valencia sin moretones ni collarines. Julio "lospiques.com", nos dejó en el terminal y ahí tomamos el Bus de Aeroexpresos ejecutivos.

De todas las veces que me tocó viajar a Valencia el año pasado (como cuatro veces) sólo cuando fui con Gabriel es que pude ir en un buscama; así que el retorno no fue tan difícil porque nos quedamos dormidos un buen rato y aplicamos la misma de oír música. Llegamos a Caracas en la noche y mi papá nos buscó.

Así fue como terminamos nuestras pequeñas, muy fugaces, vacaciones. Aprendimos la lección -¡oh, sí!-, de jamás viajar en un puente a ningún lugar. Desde ahora todo será planeado para las temporadas bajas, nos aseguraremos de buscar comentarios negativos a ver qué tal, buscaré fotos reales en Facebook -porque ahí uno ve las fotos que son tomadas por los huéspedes- y así. Ah, claro, y planificaremos con mucho más tiempo, con más paciencia.

Acá está el video completo de esta experiencia, para quienes quieran complementar lo escrito o pasar directo a ver cómo dos personas se meten en un rollo vacacional.





-Ele.

miércoles, 4 de enero de 2012

Me salgo del asunto ese de los peces en el mar.

No sé qué tan pavoso sea decir a comienzos de año que siento que he encontrado al carajo perfecto. Lo siento, viejos y niños -que son los únicos que me "levanto"-, me salgo del asunto ese de los peces en el mar. No quiero restregarle en sus caras mi babosa felicidad, pero es imposible que no deje constancia de esto acá si  he hablado de cosas realmente banales.

Escribiré por qué no estaré disponible en los próximos cien años.

Gabriel no es completamente mi novio, o al menos no cabe totalmente en esa etiqueta. Tampoco es completamente mi amigo porque no pudiese pasar más de una semana sin verlo o un día sin hablarle. Es esa cuestión extraña que me causa adicción y esa adicción comenzó en marzo de hace casi dos años cuando apenas nos saludábamos sin conocernos. Me volví adicta a seguir hablando hasta las 3:00 A.M. con este tipo tan interesante y tan ácido; adicta a las canciones que me pasaba o las fotos que me mandaba. Buen modus operandi, logró captar toda mi atención y pasar esas barreras que les pongo a todos los tipos que se me acercan. Gabriel vino en paz, sin ansiedad, como un experto y ¡zas! se coló magistralmente en mi vida; ya veo imposible su partida, o al menos si eso ocurriese pues creo que... mejor que no ocurra y ya, porque mi plan B es bien miserable.

Gabriel no es fácil, pero me tripeo sus dificultades y mi toalla está bien colgada. Yo soy más complicada, créanme. Él es atento, pero no confundamos atención con un "dime, mi amorcito" o un Winnie the Pooh de peluche, ¡ja! qué va, señoras, él es atento en cuanto a que escucha lo que hablas y desguaza tu postura si nota alguna equivocación en ella. Si estás con él, tendrás que revisar tus argumentos, tus creencias, tus porqués, pero no tengo problema con ello, me gusta hacerlo. Por eso luce como un amigo, un novio generalmente no va desmitificar un comentario del estilo "dicen que si el ombligo de la embarazada está hacia afuera, es un varón", pero él detiene el curso de la conversación para revisar esa afirmación, comprobando su raíz incierta y mística. Lo "peor" de todo, el carajo suele tener la razón y me hace googlear. Un novio sólo diría "ah, ok, mi amor, qué extraño eso, ¿no?" porque quién carajo debatiría con una mujer cuestiones del embarazo.

Ahora, él también hace preguntas, cual niño chiquito, que me gusta contestarle y en ocasiones quedamos los dos sin respuesta, esperando llegar a casa para investigarlo. Hay amigas e incluso gente más cercana que piensa que tener un novio así es encerrarse en una relación asfixiante, en la que no puedes ni hablar. Error, mujeres, yo me siento con verdadera libertad porque del otro lado hay un tipo con el que puedes dialogar y no un cromagnon con cuatro neuronas que beben anís.

Desde que lo conozco he oído mil anécdotas, mil palabras coloquiales que desconocía, mil canciones fuera de mi playlist. Siempre dije que me vomitaría encima con una pareja mayor, Gabriel me lleva cinco años y sigo sin sentir arcadas. Al contrario, esa diferencia generacional me parece divertida, él es de la época de las pornos en VHS, yo soy de la época de los paupérrimos banners con "XXX- click aquí".

Gabriel es muchísimo más que dos buenos ojos azules-verdes-grises, de hecho, pienso que eso es lo más "común" que él puede tener -aunque en primera instancia: sí, es lo más llamativo, queridas niñas de once años que le dicen vulgaridades en mi cara-. Siempre me gustaron los tipos que usaran anillos -pero no estilo Walter Mercado- y con tatuajes -pero bien hechos, nada de "éste me lo hice en la cárcel con una jeringa"-; él tiene ambas cosas así que ¡bingo!

Y no es que seamos amigos con derecho. No, señor. Yo supe qué era eso de amistad con derechos y la cosa era toda sexual, puros besuqueos desenfrenados, demasiada atención a la piel. Si bien esto no es el jardín puritano de la gente del Opus, no somos monos tirando como en época de extinción. Su piel es suave como la de un bebé, tiene labios muy besables, digamos que le tocó un buen turno en la repartición de partecillas, pero tampoco todo esto el centro de mi atención total. Me encanta besarlo, por ejemplo, pero cuando voy a visitarlo no sólo voy a aquello, si fuese mi amigo con derecho, la historia sería diferente.

En fin, comienza el año y no tengo de qué quejarme con respecto a mi "lado amoroso". El lado profesional es incierto por ahora, es una puerta que cuando la abres hay un reguero de ideas, deseos, la vaca de Twister dando vueltas y demás, todo desordenado, todo confuso; pero vas y abres la puerta de "relación amorosa" y está Gabriel, tranquilo ahí, jugando, leyendo o escribiendo; el aire es ligero, estable y acogedor. Me refugio allí del resto del mundo cada fin de semana... son mis días sagrados de escape.

Estoy contenta, estoy lo perfectamente satisfecha y lo necesariamente hambrienta con esta relación. Siempre hay más, jamás me aburro ni pienso en aquella huida que me liberaría de la monotonía -solía obsesionarme con esa idea-. Por eso digo que él no es sólo mi novio, yo le tengo aversión al noviazgo que se consume a los pocos años, le tengo miedo a las salidas en silencio incómodo y ver al techo luego del sexo. Le tengo asco a la infidelidad, a los mensajitos ocultos con otras personas producto de la decadencia y a la falta de admiración. Esas son cosas propensas en el noviazgo que no existen en una amistad.

No es mi novio, no es mi amigo, es una combinación interesante. El sujeto es mi todo... y jamás pensé que diría tales palabras novelescas, pero lo es y al carajo lo demás. Por eso, señores, he salido del mundo de los peces disponibles y me metí en el de los peces mutantes fusionados con otros peces. No estoy disponible, no pregunten más.
 

Que jamás venga la bajada de la montaña, que me muero #drama #marimar

-Ele.

domingo, 1 de enero de 2012

Hola, 2012.

2012, te estoy sonriendo, trátame bien.

Si están leyendo esto es que no me dio tiempo de terminar las "Memoires 2011" (el recuento como el que hice el año pasado), lo que significa que quizás esté listo en dos días más.

Nominalmente se ha acabado el 2011, espero que eso funcione así sea psicológicamente para todos los que sentimos que el 2011 fue algo terrible.

Aunque escribiendo el recuento del año me di cuenta que no fue tan malo, o trágico. Hice muchos berrinches por cosas que a otros les parecen nimiedades; no vengo a decir que entonces fue un año estupendo, no, eso de quedarse sin propósito vitae no es nada agradable pero al menos pude pasar todo el año compartiendo con las personas que quiero.

Así como todos hacen sus resoluciones anuales, este año pensaré en cosas sencillas que pueda alcanzar y sean permanentes: quiero tener una hermosa piel -es decir, tener constancia en las rutinas de cremas y estas cosas que te dejan las manos suavecitas, y la cara sin pepitas-, seguir aprendiendo cosas femeninas y que son catalogadas como banales -no me importa, siento que he pasado muchos años descuidada y es tiempo de ponerle el ojo a eso-. Y luego el típico: hacer más ejercicio.

Las metas: ir a unas excelentes vacaciones con Gabriel (y cuando digo "excelentes" me refiero al sitio, porque ya comprobamos que la pasamos bien incluso en una pocilga playera). Además, decidir a qué me quiero dedicar profesionalmente y concentrarme en ello. Este año no puedo seguir divagando entre gustos y obligaciones. Si decido quedarme en las cosas audiovisuales como trabajo, pues ya, seré una "puta audiovisual" sin chistar. Si decido trabajar en una empresa, pues ya, a meter el currículo y a despertarse a las 5:00 a.m. sin dilema. Me gustaría hacer un curso de animación gráfica, también -por satisfacción personal-.

Si logro esas tres cosas, we're done.

En fin, este será un año interesante, no sólo por cosas personales sino por lo de las elecciones presidenciales. Eso me pone tensa y a la expectativa. Como dice Sergio Monsalve: "amanecerá y veremos".

-Ele.