Imagen del día.

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(:

A 27 días... El coctel de emociones.

Si alguna vez quieren tener un verdadero coctel de emociones y sentimientos en su cuerpo, olviden las rupturas, la primera vez, las drogas, el primer día de universidad o incluso el día de la boda y piensen en lo inminente de una emigración... voilà, allá va una explosión que difícilmente algún trago te puede hacer sentir.

En mi caso, hay una mezcla de susto, alegría, impotencia, anticipación, euforia, etc. En algunos momentos me atacan los nervios: pienso en los peores escenarios que nos pudiesen suceder y llega el rush de adrenalina. En otros momentos me entra una seguridad y la idea de "tranquila, mujer, que estás dándole demasiado drama al asunto, la cuestión no será así de difícil, hay gente que se va con menos y lo logra", así que me entra una confianza absoluta, cual boxeador hiper-sudado saltando de un lado al otro mientras le dice al contrincante "vente, pues, vente".
Sube y baja: piso 100-sótano. Cuando baja, necesito pañales, cuando sube, el resto los necesitará.

La "anticipación" es una de las cosas que desde pequeña me "mata". Detesto contar los días para un evento pero esa manía está en mis jodidos genes, no puedo evitar hacer countdowns para todo y siempre aparece la anticipación. Mientras más días falten, más tiempo para que mi mente elabore cientos de diferentes escenarios. Por eso la sorpresa del viaje a Curazao (que en realidad fue ir a un crucero por Europa) ha sido la jugada magistral que burló la manera en como mi cerebro funciona y lo dejó en shock por más de dos días.

En este caso, llevo un conteo desde que faltaban más de 100 días; eso significa que mi mente ha tenido más de 73 días para ir construyendo miles de ideas y con cada idea una emoción. Por eso me encantan las sorpresas, porque no me dan tiempo de masticar las posibilidades de un evento.

No había llorado nada hasta hace unos días que mi hermano se puso a tocar en su acordeón varias canciones de Amelie. Tampoco era un raudal de lágrimas, pero sí me dio una melancolía anticipada: por un tiempo no volveré a oír "en vivo" el festival musical que se arma Fernando en la casa, aunque luego pienso en cómo me aturde el volumen del acordeón cuando lo toca en el cuarto y regreso a mi estado normal. Lo mismo con mis padres y sus "locuras", esa manera ligera de pasar sus días haciendo lo que les da la gana; me produce una melancolía en sepia pero luego recuerdo mis comunes reproches y me calmo.  Siempre es algo agridulce, estoy segura que a ellos les pasará igual.

Creo que a diferencia del día a día, a veces estamos todos en casa pero cada quien en lo suyo, cuando nos volvamos a ver, estaremos totalmente enfocados en disfrutar de la presencia del otro y creo que esto puede ser la parte "buena" de estar lejos de la familia. Menos cantidad, más calidad. No lo sé, quizás lo estoy racionalizando.

Ahora ya tengo sueño, pero escribí porque no puedo perder la oportunidad de documentar cómo será todo este proceso, me gustará leerlo en algunos meses.

Por cierto, hoy un amigo que rockea, me mandó este lindo video que si bien el mensaje es totalmente positivo y a algunos les suene como "ay coño, qué idealista", tiene dibujitos muy finos:


A mí me encantó, me llevó al "piso 100".

P.D.: Es genial leer los comentarios que me dejan en el blog sobre el tema de emigrar, los leo todos. Por cierto, son excelentes los tips que nos dejan. Gracias.
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