Nunca olvidé la cara de emoción de Charlene en "su día"
No entendía por qué los seres humanos tenían tantas normas para convivir, es decir: si amas mucho a una persona, debes casarte para demostrarle el inmenso compromiso que hay; en mi cerebro eso no tenía ningún sentido... como tampoco lo tuvo en su momento aquello del "noviazgo" (¿por qué cambiar la etiqueta, por qué no quedarse solo en "amigos"? me preguntaba de aquella).
Además, pensaba en matrimonio y me venía a la cabeza la ceremonia de la princesa Diana y Carlos; la idea de un show de vestido blanco con la cola de diez metros, dos mil invitados, la catedral de Notre Dame y demás fantasías, estuvieron en mi mente como hasta los doce años, luego me pregunté: ¿para qué tanta parafernalia? Y finalmente: ¿para qué un matrimonio?
Y aún mantengo la idea de que todo aquello de la pomposa celebración no cuadra conmigo ni mi personalidad, explico: primero, no creo en deidad alguna así que lo de casarme en una iglesia sería una gigantesca hipocresía, un mero show, quedando descartada la opción -lo siento mamá, abuela y amigas en plan de cortejo-. Segundo, hacer una fiesta en la Esmeralda, contratar alguna banda que toque música bailable -que no disfrutaría porque no es el tipo de música que oigo-; andar pendiente de los galones de alcohol y toneladas de comida para mis invitados y así, es agotador. Me parece que en las celebraciones de este calibre todo pasa tan rápido y confuso que es como si gastaras 200 millones en burundanga o roofies: al día siguiente puede que tengas recuerdos vagos, flashes de conversaciones, saltos de la tarantela y un dolor en el cóccix por tanta bailadera de tambor.
Sin embargo, esa fobia al matrimonio se fue borrando cuando analicé que los planes futuros con mi novio rozaban muy de cerca el concepto de aquella convención social. Es decir, ¿no es lo mismo planear vivir con alguien hasta envejecer que aquello de decir un "sí, acepto"? En la práctica es lo mismo, está la convivencia diaria en juego, el compromiso de cumplir con el otro y demás elementos que suceden con o sin el "sí, acepto". El asunto es que al casarse -por el civil- uno entra en un marco legal que para algunas cosas es bastante favorable y ayuda a alcanzar ciertas metas. Me imagino que todo es cuestión de pensar las cosas y dejar las fobias a un lado.
Pues bien, llegado a este punto, y luego de hacerlo más que oficial, anuncio a todos los que me leen que... me casaré o bueno, nos casaremos.
Me tomó un par de noches digerir la decisión por lo mismo de mis fobias adolescentes, pero calmada la ansiedad... la cuestión hasta me contentó. A ver, yo no solo estoy seriamente enamorada sino que he analizado hasta el cansancio mi relación y me encanta... tanto así que rompí el paradigma de que primero viviría sola y luego con un novio a quien le dejaría estar en mi casa solo los fines de semana -porque quería evitar eso del chulo latino (gracias, Venevisión, por lavarme el cerebro)- ; lancé a la basura esas ideas de ser una tipa con un noviazgo sin nada de futuro, en el que mi trabajo sería más importante que mi pareja. Desde hace dos años me motivó -o me motiva- establecer algo duradero, en un espacio "propio" y manteniendo la misma dinámica que llevamos pero en otro contexto. Legalizar eso ante un registro pues no le quitaría el brillo.
Ojo, que otro rollo de la fobia era el divorcio y el papeleo-peleas que eso involucra -aunque mis padres llevan 23 años de casados-, pero si pienso en eso pues no me caso y si no me caso pues estará muy difícil establecer lo que queremos.
Lo que más me ha hecho sonreír mientras pierdo la mirada es cuando la gente que se va enterando exclama: "¿casarte? estás loca, quién se casa en esta época" o "no, de pana que yo no me casaría sin vivir con él primero un par de años... es más, primero viviría sola y luego con un novio"... o "eso de casarse es innecesario, ¿para qué casarte si puedes vivir con él sin eso?", ¡ja!, recibe un poco de tu propia medicina, Elenita... ya sé cómo se sintieron todas aquellas personas a las que les pregunté en tono de juicio que si habían perdido la cordura y harían aquel trámite tan "innecesario"; lo siento, sé que fastidié... ahora lo sé.
Tip: señoras, no troleen a sus amistades cuando decidan casarse, o quedarán owned como yo.
El vestido y demás ornamentos
Fallido intento de vestido; buen intento de mantel rococó. Eso no es para mí, definitivamente
Como dije arriba, está descartada la iglesia featuring el vestido blanco con velo -¿sabían que eso del velo tapando la cara simboliza la virginidad? Hipocresía doble en mi caso-; Yo me iré por algo más sencillo y acorde al lugar del matrimonio. De hecho, por todas las cosas que se nos vienen, ni siquiera pensé en comprar un vestido pero mi mamá insistió que ella lo pagaría, así que sigo en la cacería de algo lindo pero cero ridículo (solo que el día en que me tomé esta foto, estaba guiada por la vendedora de la tienda que se empeñó en que ese vestido me quedaría bien.. sí, bien para ponerme unos cubiertos encima y un delicioso plato de pasta).
No habrá fiesta en la Esmeralda ni en el salón de fiesta de mi casa. El asunto es que Gabriel y yo no somos fanáticos de esas reuniones sociales donde los anfitriones van de mesa en mesa como si de un "gincana" se tratase mientras los invitados hacen puro lobby despreocupadamente; hasta que llega la hora loca y los recién casados terminan mojados en vino o whiskey, con los patéticos sombreros de foami medio rotos y un desgaste brutal; Son muchos los que sí disfrutan genuinamente todo aquello pero qué va, yo prefiero algo íntimo, con una música agradable y amenas conversaciones.
En fin, ya otro día contaré más sobre el tema y cómo es que llegamos a esta decisión. Para los curiosos, la fecha de la boda es en agosto. Nota importante: no estoy embarazada. Me da risa, la gente piensa eso cuando le dijo que me caso en menos de un mes, pero no, no hay nada en el horno... no es ese tipo de cliché, señoras.
Hasta entonces...
¿Quién lo diría?
Esta imagen y este escrito sigue teniendo una vigencia impresionante
-Ele.




