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lunes, 5 de marzo de 2012

Y la sorpresa es...

Ya han pasado unos días desde que Gabriel me dijo para tomarnos un café luego del trabajo; casi una semana desde que me entregó una carta en la que hablaba sobre que habíamos empezado el año de una forma un tanto dramática (muy deprimidos por la economía, la inseguridad, y demás porquerías que lamentablemente cagan lo "bonito" de este país) y que nos estábamos presionando demasiado con nuestras altas expectativas. Seguí paseándome por sus hilarantes líneas (la carta parecía un post de su blog); en la carta decía que él había estado ocultándome un secreto por unos meses y haría un anuncio que me dejaría con la boca más abierta que Steven Tyler: Gabriel había comprado unos pasajes para irnos de vacaciones a Aruba.


Wait, what? Tuve que releer un poco eso, me parecía entre una broma, una ficción y un gesto jodidamente hermoso -el hombre más ácido y crudo que he conocido, prefería verme contenta y burbujeante que frustrada y deprimida, una sorpresa de este estilo tenía seguras probabilidades de lograrlo-; al terminar la carta, Gabriel, contento, me mostró el email de compra de los pasajes. Estaba tan en shock que me costaba procesar la información. En ese momento él me explicó ya con detalles cómo había sido todo ese trance de decidir un buen sitio para vacacionar y "olvidar el concepto de playa que tenemos" -refiriéndose a nuestras cortas y nada paradisíacas vacaciones-. Como buen neurótico que es, él buscó durante un tiempo los posibles sitios para vacacionar y luego de filtrar los destinos, concluyó en que Aruba tiene todo lo que buscamos: seguridad, buenas playas, gente atenta, variada comida, un vuelo corto y un ambiente agradable. Los precios no son baratos pero son pagables -igual este no sería un viaje desesperado para comprar gangas, tipo a Panamá, sino meramente de disfrute-.

Pondré en contexto a quien me lee. Para mí un sencillo evento como este es bastante grande. Seguro algunos compañeros están pensando "nigga, please, es solo Aruba", pues bien: primero, jamás he salido de Venezuela (mis padres son demasiado desorganizados y hace años que no nos vamos de vacaciones), y aunque Aruba se encuentra a 50 minutos de Maiquetía, es otro jodido país con otra cultura, otras reglas y otro ambiente; esta sería la primera vez. Asimismo, me voy con Gabriel, quien encaja exquisitamente con mi personalidad, así que no habrá ese rollo de incompatibilidad de planes, y quien además es mi leal compañero de guerra. Segundo, nos vamos por una semana, lo que nos da el tiempo mínimo para pasear y conocer la mayoría de los sitios recomendados por las docena de webs que hemos leído y amigos que han ido. Tercero, uno de mis escenarios mentales más rosas -de esos que el cine se ha encargado de tatuar en mi cabeza- era estar con mi novio en una isla perfecta, caminando por la orilla de la playa y luego ir a cenar en un lugar todo coqueto; también aplicaba la de estar en la playa tranquilos leyendo, oyendo música -la nuestra, no la impuesta por el grupito reggaetonero asentado a nuestro lado-, en una playa con arena blanca y agua cristalina, con unas tumbonas de calidad -no esas mierdas oxidadas que nos dieron en chichiriviche, tumbonas que eran la aldea del tétano- y como esas aspiraciones hay un sin fin; que esto -y más- pueda cumplirse en tan solo 76 días, me produce un orgasmo prolongado (que tengo desde el martes pasado).

Tenemos estos dos meses para prepararnos e informarnos sobre Aruba. Cuando Gabriel viajó a España y a Londres lamentó no haber investigado profundamente sobre los destinos, pero de aquella el fue solo así que esta vez le sacaremos el jugo a la web; y es que queremos llegar allá y aprovechar todo lo que pueda haber, no solo quedarnos encerrados en el resort -que aún no hemos decidido exactamente cuál será-; queremos pasear y como no hay ese rollo de ladrones y secuestradores, pues con toda la libertad del mundo podré documentar el viaje a mi antojo (quiero tener un buen archivo de esto).

Mi nivel de excitación sigue golpeando el número 10, voy a tener que abrir más niveles para no explotar. Si ya estaba contenta con la idea de pasar unas "largas" vacaciones con Gabriel en algún lugar de Venezuela, saber que voy a estar ahora en Aruba, es lo más perfecto que puedo pensar. Solo debo sobrevivir 76 días en este rotten town para meterme en ese paréntesis de 7 días. 

Así que si alguien que lee esto ha ido a Aruba, sírvase de comentar, que ando en mi etapa de investigación profunda y tiene toda mi atención.

Happy island, nos vemos en mayo.

#memojé

-Ele.

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