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lunes, 6 de febrero de 2012

Mala-buena suerte...

Tengo la mala-buena suerte de tener amigos con algo de dinero para ir a vivir afuera o pasar largas temporadas en otros países y que ellos pongan fotos de todo lo que hacen, ven, aprenden, compran, experimentan, etc -incluso mis abuelos que van a España cada dos años pueden meterse en ese saco-. En ocasiones me paseo con resignación por sus álbumes pensando en que quizás esto sea lo más cerca que pueda estar de Madrid, Londres, Chicago, Buenos Aires, Bogotá, París, Orlando y similares; primero porque no sé cómo se planea un viaje y segundo, -creo que lo más importante- porque tendría que ganar bastante para ir a comprar dólares y euros, armando una pequeña fortuna para viajar como imagino (por mínimo dos meses, a varios sitios). Luego mi lado más optimista me calma, el único problema aquí es la organización, planificación y paciencia que no tengo, viajar tampoco es tan difícil. Sin embargo, me derrotan todos esos procesos de CADIVI y tanta vaina para salir de aquí. Me gustaría que la cosa fuese así de sencilla como: ahorro, compro dólares, compro un pasaje y adiós. Sin nada de carpetas ni colas ni nada. No sé si mis amigos pasaron por eso, no sé si tienen mayordomos que pasaron sus tardes bajo el sol, en mi caso yo soy mi misma mayordoma. En fin, antes de dormir terminaré de ver el set de fotos del paseo por el "imperio Austrohúngaro" del amigo de un amigo.

Quiero viajar, coño.
Quiero salir de esta puta isla* por un rato.

tomada por Ronald Aristimuño, Roma.
-Ele.

*Ok, Venezuela no es una isla, ya, pero yo la siento como un pedazo de terreno lejano y solitario. Una extensión de un territorio perdido. Un bosquejo exótico en las cartas de Marco Polo. Así.

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