Imagen del día.

Imagen del día.
(:

Lo mejor de enero.

No escribí mucho en este mes, más que todo porque diariamente tenía varias cosas que hacer y porque dejé algunos posts en borradores. Por eso escribiré y pondrá acá las cosas que quiero recordar de este mes que terminó rápidamente -en realidad me cuesta creer que ya comenzó febrero-. No quiero perder la costumbre de dejar mis recuerdos aquí, es frustrante cuando me pregunto "¿qué hice en tal mes, de tal año?" y veo que solamente publiqué dos cosas. Mi memoria es buena, pero no tanto.

La oficina

Ya casi ha pasado un mes desde que mi amiga y yo decidimos lanzarnos a trabajar juntas, y que luego se unió otra amiga más. Las tres hemos estado planificando, pintando, organizando y ya de una trabajando en lo que espero sea una "empresa" duradera. Ya la oficina está casi lista, mientras tanto, los primeros trabajos los estamos haciendo desde nuestras casas. Estos tres últimos días estuve trabajando desde mi casa como solía hacerlo siempre, con la diferencia que ellas se encargaron de varias cosas, así que fue más sencillo todo.

Ellas son una suerte de complemento a mi personalidad. Son quizás más soñadoras e idealistas, eso me hace falta porque últimamente estaba más que enterrada en el suelo. De verdad respiro un aire fresco, veo con más tranquilidad eso de trabajar haciendo videos y cosas audiovisuales. Lo que más me gusta de todo nuestro plan es que nos propusimos explorar, curiosear y llevar a cabo esos proyectos "sólo por diversión"; eso también me motiva, poder divertirme con lo que sé hacer.

Queremos hacer muchas cosas pero cuando todo esté listo, escribiré un post más detallado. También sería interesante escribir sobre cómo es que se construye legalmente una compañía, porque recordemos que esto no será una taguara. Aunque tampoco una de esas empresas vejucas, caducas y podridas en burocracia. Simplemente queremos hacer las cosas bien.

En fin, allí va una exhalación. Veamos qué saldrá de todo esto.

Aún tengo pintura de pizarra en un dedo.

P.D. Me sigue sorprendiendo la curiosa casualidad que nos hayamos juntado para esto. Para ponerlo en contexto: mi "grupito del salón" -en la universidad- eran cinco chicas, ellas dos no estaban allí -y ellas tampoco estaban exactamente en el mismo "grupito"-. Sin embargo solíamos hablar frecuentemente, una vez nos fuimos de viaje, con una de ellas hice mi tesis y con la otra suelo subir al Ávila. Lo que me parece curioso es que pensé que jamás las volvería a ver -por aquello que suelo perder el contacto con la gente luego de que termina una etapa- pero allí está, con ellas mantuve el contacto y ahora nos reuniremos con frecuencia. Jamás pensé seriamente en asociarme con alguien de mi universidad, quién lo diría.

Simulacro con ida y vuelta

Otra de las cosas que merece la pena recordar, por lo estupendo y exquisito, fue la semana en la que los padres de Gabriel estuvieron de viaje y pude quedarme varias noches allí, dejando mi carro en el edificio. Fue un simulacro, una mínima probadita, de lo que sería vivir con alguien que te encanta. Me quedé del martes hasta el domingo (15 de enero). En las mañanas llevaba a Gabriel a su trabajo, lo pasaba buscando en la tarde y luego íbamos al parque a hacer ejercicio o hacíamos una rica cena. El viernes mi carro comenzó a joder un poco, así que nos fuimos caminando hasta Altamira a una reunión, al regresar esa noche, Manuel y Gabriel tuvieron unas rondas de combate en Mortal Kombat; hasta yo me entretuve oyendo las ocurrencias de ese par -los hombres cuando juegan videojuegos se vuelven un poco locos, hacen caras raras, inventan frases, gritan con desespero, etc-. Esa noche terminó tarde. Yo tenía bastante sueño así que me dormí rápido cuando Manuel se fue. Gabriel se quedó esperando a que despertara para preguntarme si tenía o no frío y si quería que él me cubriera, how sweet.

El sábado debíamos comprarle el regalo a Manuel que cumplía años al día siguiente, este sería el último sábado de "vacaciones del diplomado". Nos dio algo de miedo ir a comprar el regalo en mi carro que se apagaba y botaba un humo raro, así que nos resignamos a utilizar el transporte público. Se nos pasó la tarde rápido. Estuvimos un par de horas en el C.C. Plazas Las Américas, un lugar que tiene tiendas muy finas -el Plazas viejo-, pero tuvimos que regresarnos antes de las 8:00 P.M., qué cagada con Caracas y su silente toque de queda que nos hace correr como cucarachas a nuestras guaridas en la noche, y mucho más si vamos a pie.

En realidad estábamos jugando muy bien el papel de que vivíamos juntos. Cada quien hacía lo suyo pero sabiendo que en la misma casa estaba el otro. Si hubiese tenido mi computadora allá, todo hubiese dejado de parecer un simulacro. Mientras yo cenaba, Gabriel hacia algo de mancuernas en su cuarto; luego de bañarme, se bañó él y luego nos acostamos a ver tele y a dormir. Nada como decirle "buenas noches", todas las noches.

El domingo se nos pasó rápido, como todos los domingos, siempre nos despertamos algo tarde. Nos quedamos acostados y ya luego hay que salir a almorzar o preparar algo. Ese domingo fuimos un rato a hacer ejercicio por una de las calles en donde vive el papá de Gabriel, por cierto, me monté en un columpio (por suerte no ocurrió uno de esos episodios que salen en los recopilatorios de fails). Al regresar, fuimos al cumpleaños de Manuel y volvimos tarde. Nos dormimos rápido porque al día siguiente había que madrugar -en realidad a mi no me importa hacerlo acompañada-. Mi carro reaccionó ese lunes y pude llevar a Gabriel, regresarme a casa y llamar al mecánico. Unos días luego, Hitchcock estaba vivo de nuevo.

En el cumple de Manuel. 

Aparte de pasar unos cuantos días con ida y vuelta, lo otro que más me gustó fue la serenidad y tranquilidad que hubo. Yo soy de esas que detesta los griteríos -y en mi casa hay muchos, por la forma de hablar de mi familia (incluso yo termino gritando como toda una doña espartana)-, me atormenta un poco oír todo el tiempo a mi hermano tocando piano, bandoneónn, bajo o melódica; o a mi papá tocando guitarra eléctrica mientras ve el Tv a todo volumen y mi mamá gritándoles a ambos que se tomen el agua, "¡no han tomado nada de agua! Les dará algo en el riñón... tómense el agua". Ir a casa de Gabriel se ha convertido en un retiro total. Ahí dejo mi celular lejos, casi ni uso el Internet, nadie hace bulla, #lasuegra hace ricos desayunos, hay buena música, buenas películas y divina compañía.
     
Pasar esos días juntos fue, por mucho, lo mejor de ese mes. Además de nuestras salidas y nuestras conversas de siempre. Es obvio que mi idea de vivir sola en un apartamento quedó superada por lo excelente que sería vivir con él, y eso ya es decir bastante: yo asumía el vivir sola como el epítome de la independencia y superación personal, pero eso ha sido modificado, ahora quisiera vivir "sola" con él.

¿Estoy muy maricona, no?

-Ele.
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