Imagen del día.

Imagen del día.
(:

Vorágine empresarial.


Tengo mala-buena suerte, lo admito. El último post del blog, ahora penúltimo, hablaba sobre trabajar en una empresa formal; sobre dedicarme a domar a la Elena que, trabajando como freelancer, no tenía un horario definido ni noción de los días. Luego de ese fin de semana, terminé aceptando que me lanzaría a la vorágine de la oficina, así fuese en una productora (como la que creó una serie animada de los presidentes latinoamericanos varados en una islita) o fuese en la oficina de una compañía internacional seria y "adulta". Tener un trabajo fuera de casa, sueldo fijo y responsabilidades específicas, era lo que buscaba.

Como aquella era mi nueva meta, ese mismo día me armé de paciencia y me metí en Bumerán.com para completar mi Curriculum Vitae (ya que Oriana me dijo que hay empresas que sólo reciben los CV por ahí). Logré llevarlo al 100%, propuse hacer lo mismo en Linkedin pero lo dejé como una tarea para otro día. No haría falta.

Historia 1

Digo que tengo suerte porque en esa misma semana me reuní con la gente de la productora que dije antes -esa reunión se pospuso tanto por ambas partes, que fui sólo para quitarme la curiosidad de la insistencia. Fue un interesante meeting pero creo que no trabajaré allí-. Casi en simultáneo, una compañera de promoción (que esta trabajando aquí, en una de esas compañías internacionales serias, formales y "adultas") me llamó y me dijo:

-¿Ele, cuéntame: ¿qué estás haciendo ahorita?
-Pues ahorita nada, viendo en qué trabajaré porque me cansé de freelancear- le respondí.
-Bueno, mándame tu currículo, estamos buscando a alguien y creo que tú puedes quedar- dijo contenta.
-Dale, perfecto. Justamente armé uno hace un momento, ya te lo mando.

Descargué el CV que acababa de armar y se lo mandé. A los pocos minutos ella vuelve a llamar:

-Ele, ya recibí el currículo, ¿tienes un portafolio que me puedas mandar?, para que vean tu trabajo, si quieres pásame unos links de videos también.

La verdad es que sí armé un portafolio una vez, pero está en mi iMac y ésta está dañada. Así que le respondí:

-Dale, te armo uno rápido.

Eso hice, se lo mandé y ya no tuve más llamadas de ella por ese día.

Historia 2

Confesiones de una mujer obstinada.

Otro día de esa semana, me reuní con una amiga (no diré el nombre por el momento). Ella acababa de salir de todo ese rollo empresarial y me contaba sobre lo terrible que le fue, que ella había decidido trabajar por su cuenta, crear su propia empresa. Yo le comenté que yo más bien estaba hastiada de trabajar sola en mi casa, en la que mi único contacto humano diario era mi hermano cuando entraba al cuarto. Estaba harta de lidiar sola con clientes y aquello de no tener un horario. Le dije que quería trabajar en una oficina, en una empresa. Ella volvió a decirme lo mal que le fue y me propuso trabajar juntas: ella pondría el lugar, yo pondría mis equipos y ambas nuestra "creatividad". De esta sencilla manera podríamos complacer aquellos deseos y de paso tener dinero -ya que en la cadena económica alimenticia estamos cerca de los indigentes-.

Al comienzo me dio miedo. No me da miedo fracasar en soledad, pero sí me da temor embarcarme en algo con otro y luego hundirnos. "¿Pero por qué dices que vamos a fracasar?, ¡no vamos a fracasar!, estoy muy segura que nos irá bien... yo no tengo miedo", me dijo ella con firmeza. Salí de la reunión masticando la idea. Con cada bocado me fue gustando más: tendría un sitio diferente a mi casa, trabajaría con alguien que me ha demostrado ser capaz y proactiva; podría tener más y mejores proyectos, y definitivamente, los ingresos podrían mejorar.  Nos entusiasmamos con la idea. Nos reuniríamos en nuestra futura oficina y comenzaríamos a prepararla para asentar nuestra empresa aún anónima.

Precipitada convergencia

En sólo una semana surgen estos dos eventos. El primero -la reunión con la productora y la llamada para entregar mi cv-, atado a mi ideal de trabajar en una empresa establecida; el segundo, comenzar desde cero pero apostando al potencial. Ambas ideas me gustaban, pero como todo: había que decidir. Sin embargo, como lo último que había hecho era hablar con mi amiga, pues parecía que ése sería el plan... hasta que sonó mi teléfono:

"Hola, Elena, te estamos llamando de (la empresa) para ver si puedes venir mañana a una entrevista, también para que presentes una prueba... ¿Puedes venir?", dijo la chica de Recursos Humanos. Dudé por unos segundos diciéndole un "si, no", "ok, sí". Jamás había ido a una entrevista de una empresa de este estilo y me dio curiosidad.

Mi amiga tuvo que sorprenderse cuando le escribí diciendo que iría a una entrevista al día siguiente. Ya estábamos comenzando a arreglar la que sería nuestra futura oficina, de repente detengo el flujo de la cosas y le explico que iré allá a entrevistarme. Es como dejar que tu novio llegue a tercera base e interrumpirlo porque te vas a la misa.

En realidad, era sólo por curiosidad, le expliqué que yo le había dado el CV a ellos antes de hablar nuestro proyecto y le prometí que luego de esto no volvería a meter mi CV en ningún sitio. "Ok, me cuentas..." contestó esa noche.

Este martes fui a la entrevista y esa experiencia merece un post particular. Fue interesante todo, mucha alfombra gris, muchos tacones y mucho negro. Sacié mi curiosidad de cómo funciona el proceso de admisión de un lugar así. Al final de la entrevista la chica me dice con convicción y entusiasmo que este proceso sería rápido y me estarían llamando ese mismo día, máximo uno o dos después para que volviera a la entrevista ya con alguien de mi futuro departamento. "¿Oh, fuck, en qué estaba apunto de meterme?", me pregunté a mí misma. Salí de esa torre y, como se acercaba la hora del almuerzo de Gabriel, fui hasta su trabajo para conversar la situación.

Acá comienzan a llegar las opiniones de terceros:

"La cosa es compleja, ambas opciones tienen muchos pros y contras. Por un lado tienes la estabilidad de una empresa reconocida, el asunto que estás en una nómina y que, por ejemplo, un banco tomaría en cuenta eso al momento de un crédito para un apartamento. También está la opción de hacer carrera dentro de la empresa y crecer. Pero por el otro lado tienes la libertad de un negocio propio, trabajas con alguien que ya conoces y quizás hasta ganes más. También está lo de los horarios, en uno hay más flexibilidad pero quizás debas trabajar los fines de semana... Sea lo que sea yo te apoyo. ", en muy resumidas cuentas eso es lo que Gabriel me dijo.

Luego Oriana fue más por el terreno de lo estable y ya creado (quizás haciendo espejo de su situación): "yo que tú me meto en una empresa, tienes 15 y último, tienes bonos y facilidades, ya está todo listo y sólo debes ir a trabajar en tu área con cosas específicas, tendrás fogueo y de paso podrás tener tu tiempo libre marcado. Busca la estabilidad" a grandes rasgos esa fue su opinión.

Aún no le escribía nada a mi amiga, todavía tenía esta turbulencia de ideas en la mente y no era bueno lanzarle todo a la vez. Al llegar a casa mis padres tuvieron sus comunes opiniones diferentes:

- "Hija, puedes hacer lo que quieras. Si necesitas disciplina y levantarte temprano, cumplir horario y disfrazarte de acuerdo al ambiente, hazlo. Pero me cuesta verte recibiendo órdenes de personas con una mentalidad cuadrada. Me parece que naciste para otra cosa. Lo bueno es que pudieses hacer carrera dentro de la empresa y te motivarías", dijo mi papá. Luego de un silencio masticando su almuerzo, continuó: "aunque yo me inclino más a que trabajes en la empresa con tu amiga, te veo más como dueña de algo...  no hay nada de malo en despertase luego de las 7 y gozar la vida. Yo lo hago".

- "Pero ella tiene 23, puede trabajar en una empresa así, nosotros ya tenemos 52... Pienso que podrías trabajar allí y probar cómo es eso, yo te puedo prestar para que compres toda la ropa que necesites. Además aprenderías cosas nuevas. Tendrías que dormir temprano y levantarte temprano. Acatar órdenes y lidiar con la gente, eso estaría bien. Claro sin que te estreses. También podrías trabajar un tiempo allá y luego hacer tu propio negocio... Al final haz lo que quieras, hija. Tu amiga también es una buena chica y podrían trabajar juntas bien", dijo mi mamá.

- "Haz la empresa con tu amiga y ya, olvídate del resto", sentenció brevemente mi hermano.



Al final hablé con mi amiga. Le dije sobre la entrevista y que no sabía qué hacer aún, me dijo que ella no podía tener esa incertidumbre porque entonces tampoco sabría qué hacer con su vida y debería pensar en buscar un trabajo. Como era martes y la gente de la empresa quedó en llamarme de ahí hasta el jueves, le dije que le daría mi decisión final y definitiva, el viernes.

La decisión final

Esta noche del martes al miércoles estuve pensando en todo ese entorno empresarial que me llama la atención pero he visto cómo personas cercanas llegan a odiar por ser monótono, consumidor y sin libertad. Sinceramente me siento más cómoda con la idea de tener una empresa con mi amiga pero: ¿qué pasaría si me arriesgo a salirme de mi zona de confort?, ¿pero cuál es la obsesión por salirte de esa zona?, más bien al trabajar en una empresa al final tendría menos retos, es más retador comenzar desde cero, ¿seré muy rebelde?... en fin, tuve mil dudas y divagaciones.

Ese miércoles me desperté a las 5:30 A.M. para llevar mi carro al taller. Si trabajara en esa empresa, éste sería el horario en el que me despertaría diariamente; "Bienvenida a mi mundo" me escribió el Sr. Conidayvuelta. En todo el trayecto estuve pensando en que rebusco y rebusco en las cosas sencillas. Fui deshilachando la verdadera razón por la que una empresa formal me llama tanto la atención y encontré el motivo: porque se trabaja con seriedad, no es una taguara y la gente suele vestirse "bien". ¡Joder!, todas esas cosas puedo hacerlas yo. Estaba harta de trabajar en pijama pero me sentiría como una loca si para editar en mi cuarto, me bañara, vistiera, maquillara un poco y echara perfume. Lo único que me atraía de esa y otras empresas es la forma, no el fondo.

Al mediodía del miércoles (ayer) aún estaba esperando la llamada. Comencé a escribir un post sobre la experiencia de la entrevista y a investigar sobre las pruebas que me habían hecho. Escribiré la verdad: me sentí vulnerada cuando vi cómo el test de Wartegg comienza a etiquetarte y exponerte ante una empresa, también me di cuenta que estaba quizás algo loca, no sé.

Leí unos foros en que la gente ya se aprende las figuras que debe dibujar y en el que había la discusión de: "si este test fuese cierto, por qué en las empresas hay tantos problemas, hay empleados tramposos que meten le zancadillas a los demás, gente que no coopera, etc". No me gusta que me traten como rata de laboratorio y me sentí así -aunque fue muy interesante recordar las figuras que hice y ver qué significaban (habían algunas que no encontré)-. Eso, unido a lo que pensé en la noche y en la mañana, me hizo adelantar mi decisión definitiva... trabajaría con mi amiga.

Ya no me importaba si me llamaban o no, más bien, ya quería que no lo hicieran. Tampoco esperaría hasta el viernes para seguir pensándolo y es que no había nada que pensar, si lo que quiero es tener formalidad en mi vida, pues puedo fácilmente hacerlo desde ahora. Hablé con ella y le dije que olvidara este pequeño trance, que estaba decidida definitivamente a continuar con nuestro plan, le dije que no pude dormir bien y que lo que quería era que nuestra compañía no fuese una taguara; ella contestó que tampoco pudo dormir con aquella incertidumbre y que estaba decidida a seguir con el proyecto, "no será una taguara", me dijo.

Pues nada, la decisión que tomé la semana pasada se mantiene: dejaré de freelancear y estaré en una compañía, pero en una en la que soy "la socia", en la que compartiré con alguien a quien le gusta todo esto igual que a mí (además parece que tendremos a más personas en el plan).

Vaya estas dos semanas. Hoy, jueves, finalmente ya sé qué hacer y es definitivo.

C'est la vie.
-Ele.
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