Imagen del día.

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Welcome to London.

Me salgo del asunto ese de los peces en el mar.

No sé qué tan pavoso sea decir a comienzos de año que siento que he encontrado al carajo perfecto. Lo siento, viejos y niños -que son los únicos que me "levanto"-, me salgo del asunto ese de los peces en el mar. No quiero restregarle en sus caras mi babosa felicidad, pero es imposible que no deje constancia de esto acá si  he hablado de cosas realmente banales.

Escribiré por qué no estaré disponible en los próximos cien años.

Gabriel no es completamente mi novio, o al menos no cabe totalmente en esa etiqueta. Tampoco es completamente mi amigo porque no pudiese pasar más de una semana sin verlo o un día sin hablarle. Es esa cuestión extraña que me causa adicción y esa adicción comenzó en marzo de hace casi dos años cuando apenas nos saludábamos sin conocernos. Me volví adicta a seguir hablando hasta las 3:00 A.M. con este tipo tan interesante y tan ácido; adicta a las canciones que me pasaba o las fotos que me mandaba. Buen modus operandi, logró captar toda mi atención y pasar esas barreras que les pongo a todos los tipos que se me acercan. Gabriel vino en paz, sin ansiedad, como un experto y ¡zas! se coló magistralmente en mi vida; ya veo imposible su partida, o al menos si eso ocurriese pues creo que... mejor que no ocurra y ya, porque mi plan B es bien miserable.

Gabriel no es fácil, pero me tripeo sus dificultades y mi toalla está bien colgada. Yo soy más complicada, créanme. Él es atento, pero no confundamos atención con un "dime, mi amorcito" o un Winnie the Pooh de peluche, ¡ja! qué va, señoras, él es atento en cuanto a que escucha lo que hablas y desguaza tu postura si nota alguna equivocación en ella. Si estás con él, tendrás que revisar tus argumentos, tus creencias, tus porqués, pero no tengo problema con ello, me gusta hacerlo. Por eso luce como un amigo, un novio generalmente no va desmitificar un comentario del estilo "dicen que si el ombligo de la embarazada está hacia afuera, es un varón", pero él detiene el curso de la conversación para revisar esa afirmación, comprobando su raíz incierta y mística. Lo "peor" de todo, el carajo suele tener la razón y me hace googlear. Un novio sólo diría "ah, ok, mi amor, qué extraño eso, ¿no?" porque quién carajo debatiría con una mujer cuestiones del embarazo.

Ahora, él también hace preguntas, cual niño chiquito, que me gusta contestarle y en ocasiones quedamos los dos sin respuesta, esperando llegar a casa para investigarlo. Hay amigas e incluso gente más cercana que piensa que tener un novio así es encerrarse en una relación asfixiante, en la que no puedes ni hablar. Error, mujeres, yo me siento con verdadera libertad porque del otro lado hay un tipo con el que puedes dialogar y no un cromagnon con cuatro neuronas que beben anís.

Desde que lo conozco he oído mil anécdotas, mil palabras coloquiales que desconocía, mil canciones fuera de mi playlist. Siempre dije que me vomitaría encima con una pareja mayor, Gabriel me lleva cinco años y sigo sin sentir arcadas. Al contrario, esa diferencia generacional me parece divertida, él es de la época de las pornos en VHS, yo soy de la época de los paupérrimos banners con "XXX- click aquí".

Gabriel es muchísimo más que dos buenos ojos azules-verdes-grises, de hecho, pienso que eso es lo más "común" que él puede tener -aunque en primera instancia: sí, es lo más llamativo, queridas niñas de once años que le dicen vulgaridades en mi cara-. Siempre me gustaron los tipos que usaran anillos -pero no estilo Walter Mercado- y con tatuajes -pero bien hechos, nada de "éste me lo hice en la cárcel con una jeringa"-; él tiene ambas cosas así que ¡bingo!

Y no es que seamos amigos con derecho. No, señor. Yo supe qué era eso de amistad con derechos y la cosa era toda sexual, puros besuqueos desenfrenados, demasiada atención a la piel. Si bien esto no es el jardín puritano de la gente del Opus, no somos monos tirando como en época de extinción. Su piel es suave como la de un bebé, tiene labios muy besables, digamos que le tocó un buen turno en la repartición de partecillas, pero tampoco todo esto el centro de mi atención total. Me encanta besarlo, por ejemplo, pero cuando voy a visitarlo no sólo voy a aquello, si fuese mi amigo con derecho, la historia sería diferente.

En fin, comienza el año y no tengo de qué quejarme con respecto a mi "lado amoroso". El lado profesional es incierto por ahora, es una puerta que cuando la abres hay un reguero de ideas, deseos, la vaca de Twister dando vueltas y demás, todo desordenado, todo confuso; pero vas y abres la puerta de "relación amorosa" y está Gabriel, tranquilo ahí, jugando, leyendo o escribiendo; el aire es ligero, estable y acogedor. Me refugio allí del resto del mundo cada fin de semana... son mis días sagrados de escape.

Estoy contenta, estoy lo perfectamente satisfecha y lo necesariamente hambrienta con esta relación. Siempre hay más, jamás me aburro ni pienso en aquella huida que me liberaría de la monotonía -solía obsesionarme con esa idea-. Por eso digo que él no es sólo mi novio, yo le tengo aversión al noviazgo que se consume a los pocos años, le tengo miedo a las salidas en silencio incómodo y ver al techo luego del sexo. Le tengo asco a la infidelidad, a los mensajitos ocultos con otras personas producto de la decadencia y a la falta de admiración. Esas son cosas propensas en el noviazgo que no existen en una amistad.

No es mi novio, no es mi amigo, es una combinación interesante. El sujeto es mi todo... y jamás pensé que diría tales palabras novelescas, pero lo es y al carajo lo demás. Por eso, señores, he salido del mundo de los peces disponibles y me metí en el de los peces mutantes fusionados con otros peces. No estoy disponible, no pregunten más.
 

Que jamás venga la bajada de la montaña, que me muero #drama #marimar

-Ele.
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