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viernes, 23 de setiembre de 2011

Otra caótica versión más de "Por el medio de la calle 2011" + video

No sé ya cuántos blogs, tweets y status de Facebook habrán hablado de este evento que se realizó en Caracas el pasado sábado; el mío vino a sumarse pero en el lado de las críticas.



Yo fui una de las "30 mil" personas que Plátano Verde previó que andarían divagando errante por las calles de Chacao. Aunque éste no fue mi primer "Por el medio de la calle", mi debut formal fue el año pasado cuando decidí ir al evento que un año antes (2009) había visto en las fotos de mis amigos. Por un momento pensé que no iría: primero porque ese día debía ir a Valencia, luego por uno de esos rollos familiares. Al final todo se resolvió y estaría libre desde las 6:00 pm del sábado.

La edición 2010 del evento me dejó un buen recuerdo pero luego me daría cuenta que esos recuerdos no tuvieron mucho que ver con el evento en sí. Es como tener un buen recuerdo en la playa pero no de la playa.

Este año iría con Gabriel (y no como el anterior que me lo encontré en plena plaza). Pensábamos en ver diferentes propuestas (incluida la de un amigo), pasear, etc. Nada pretencioso realmente, no soy de esas que quieren ir a un sitio a encontrarse con todo el mundo y mucho menos ir a pasar la típica "roncha" caraqueña del Metro a las 7am. Ese tormento tumultoso se lo dejan a los que tienen genes rumberos.

Si el debut fue el año pasado, digamos que la inevitable despedida vino con éste.

Gabriel y yo llegamos a las 8:00 P.M., mi primera parada fue el baño (el año pasado también lo fue) y ya ahí tuve la acalorada bienvenida: por lo menos 16 mujeres haciendo una larga fila, varias gritando o cacareando sobre temas varios. Luego una chica que tenía la vejiga llena de alcohol, daba vueltas en rápidos círculos y golpeaba las puertas de los dos baños diciendo "apúrense, apúrense coño, que me meo"; admito que no aguanté la risa, pero igual no me importó, ahí no importaba nada. Luego de arreglarme las medias panties (mala idea usarlas en un evento como éste) salí ya medio arrecha del local.

No teníamos mapa, por lo que Gabriel dijo que comenzáramos a caminar hacia lo que él recordaba que era el mercado de diseño -llegamos tarde para McKlopedia y no lo vimos-. Había ya mucha más gente de lo que recordábamos de la edición pasada y notamos que el espacio era más reducido.

Vimos un carro navegando entre las personas, qué mala vaina meterse en carro a este evento, es un problema de logística que el año pasado me tocó vivir. En nuestra accidentada trayectoria apenas pudimos ver algo: un cantante por Chacao Bistró tocando solo en una tarima con la gente apretujada alrededor, tratando que la otra marea de personas no las sacaran de su puesto. Ahí fue donde recibí mis primeros dos golpes, pero tenía paciencia así que respiré.

Luego pasamos por la zona donde había un chico y una chica en un balcón tocando una guitarra -y alguno de los dos sostenía una rosa-, pero no se imaginen algo como Amelie, queridos lectores, la situación no era así de romántica, el hedor de ácido úrico acompañaba la escena. Más adelante estaban los zapatos-bombillos:

foto arrebatada del blog de Toto. No entiendo cómo le dio chance tomarla

La marea de gente nos iba llevando en este extraño tour de olores, sudores y sonidos. En una esquina un videoarte con música conceptual que tenía de vecino la música más pachangosa y bailable posible. No había ningún tipo de narrativa en el paseo, eran simplemente eventos sucediendo al mismo tiempo en un caos -o bueno, quizás ésa era la narrativa: el caos-.

No recuerdo si fue antes o después de esto que vimos unas torres de papel, cartón y restos de basura tirados en el piso, con un montón de mujeres pegadas a las torres tomándose fotos como si de palmeras tropicales se tratara, en ese momento me pregunté "¿pero qué coño es eso?"; igual no pude indagar mucho porque en pocos momentos ya estarían unos metros atrás. Luego me enteré que eran unas "esculturas" sobre el reciclaje. Pues bien, la premura involuntaria de todo el trayecto hacía imposible que a personas como yo -que les gusta quedarse quieta viendo algo- les llegara algún tipo de mensaje.

La masa compacta de gente pasó por el mercado de diseño y ahí decidimos despegarnos de las pieles del resto de personas. Yo estaba sudando y además tardé casi todo el camino en hacerme una trenza -¿cómo te amarras el pelo si no puedes estirar los brazos?-, llegamos y un gentío caminaba dentro del mercado de Chacao. Jamás había ido a ese sitio, así que no sabíamos mucho por dónde estarían los stands.

Parece que justo llegamos en el momento en que en ese lugar se presentaría algo, una obra de teatro o similar. La gente estaba pegada a las barandas y a las rejas de la estructura viendo al centro (como si fuese un cuadrilátero) y allí comenzó a ocurrir algo, se oían voces en los parlantes. Hasta ahora no supe qué fue lo que se presentó, no distinguimos más que una bulla y además estábamos enfocados en ver los productos del mercado de diseño.

Sobre eso debo decir: pobre gente que pagó por tener su tarantín (en la zona al aire libre) y que no tenían ni luz para que uno viera bien sus productos. Algunos se resolvieron trayendo su propia instalación de iluminación, otros, más desprevenidos, usaban su celular para alumbrar su mercancía. Sé que dirán que soy muy quejona, pero pienso como alguien que alquiló un puesto allí y creo que estaría realmente decepcionada. Si por ejemplo Hot Chocolate hubiese comenzado a vender sus zapatos en ese lugar, nunca los hubiera visto con detenimiento o los hubiese visto siquiera.

Igual habían personas tripeándose el momento y la vista de esa terraza, bebiendo y comiendo. Otras más sólo empujaban y trataban de salir, y otros nos quedábamos esperando que se retirara la persona que tenías al frente, para poder ver lo que se vendía.

De las cosas que vi, me gustaron unos zacillos y los compré:


Luego vimos la otra parte del mercado de diseño (la que estaba adentro y sí tenía luz), encontramos a algunos seguidores de los videos quienes nos saludaron y tenían la misma apreciación del evento.

Hacía bastante calor en ese espacio, así que luego de un rato, decidimos irnos. Ya el lugar estaba más vacío porque en pocos minutos en otra estación de Chacao se presentarían Los Mentas, así que la gente estaba emigrando de allí. Al salir del mercado decidimos grabar un poco nuestra vivencia. Lo que puedo decir es que el lugar apestaba a orine, eso en ocasiones superaba al olor de marihuana. Uno podía sentirse fácilmente como en un retén de indigentes.

Ya que no habíamos podido ver a ninguna banda de las planeadas -cuando salimos del mercado de Chacao ya Rawayana había tocado-, pensamos en ir a Los Mentas... sí, al mismo sitio a donde las miles de personas se dirigían.

En el camino nos encontramos con Fabiana, quien estaba teniendo un respiro en el módulo de La Mega. Hablamos un rato y nos reímos de todo lo que estaba ocurriendo. Ella tenía unos extraños moretones pero asumía que era pintura. También nos encontramos a Cindy López, ya ella y su grupo se estaba yendo del sitio. Eso nos recordó nuestro destino musical, así que luego de despedirnos, nos metimos en la masa de personas con destino a Los Mentas.

me encantó su franela.

Para hacer la historia corta: en un punto de nuestro recorrido ya no pudimos avanzar más y no estoy hablando en sentido metafórico sino en el literal: la calle y la zona cerca de la plaza La Castellana estaba atiborrada de personas y físicamente no podían seguir acercándose. Me sentí atrapada, como un borrego atrapado. Gabriel decía "se tranco la cochina, señores". Después de unos cuantos empujones dijimos: "mejor nos vamos", fue la decisión más sensata a la que llegamos él y yo; y es que el análisis fue el siguiente: ¿por qué carrizo debíamos seguir ahí, empegostados con el sudor de desconocidos hostiles, aguantando las mezcolanzas de olores cuando podríamos estar en casa de Gabriel, cómodamente viendo una película, jugando o simplemente descansando? Ahí comenzó el desalojo y luego de una hora ya estábamos en su casa, comentando y riéndonos de nuestras expectativas vs. la realidad (yo le había mandando mensajes a Gabriel diciendo "nos divertiremos un montón este año" y similares; él hasta llegó a pensar: "qué mal que el evento se acabe a las 11, es muy temprano" ¡ja!).

No hablaré sobre la dobre moral del evento -aquello del pase de cortesía que le da Chacao al montón de personas para que fumen, beban y demás, cuando el resto de los días eso está prohibido-; tampoco ahondaré en la sospechosa campaña política que es este evento. No, eso se lo dejo a los de Panfletonegro.

Lo que sí debo decir es que con cada edición que pasa, la famita que va agarrando esto es la de ir "por el medio de la droga"; para eventos culturales así, mejor darse una vuelta por Ciudad Universitaria a las 11 pm y ver a los lateros e indigentes lidiando con su entorno.

Yo prentendía ver una especie de museo callejero, tomarme un jugo, sentarme a conversar, conseguir algo fino que llevar a casa, etc. Pobres adultos con hijos o señores de la tercera edad que iban dando tumbos por ahí entre la multitud drogada y cachonda. ¿Cómo se le ocurre a los organizadores del evento hacerle publicidad por Globovisión?, tendrás ahí a un montón de señores y señoras desarticulados entre tanto bululú.

A menos que este evento se realice en un espacio más amplio (¿por qué no unir al municipio Sucre y Libertador en este rollo?) no iré más, me gusta aprovechar mis fines de semana relajándome, no metiéndome en una licuadora de falsa anarquía e irreverencia.

P.D.: me gustó esta foto de ese día:



-Ele

Divagaciones nocturnas de septiembre

Necesito una dosis de irrealidad.

Es decir, necesito estar en un sitio o vivir algo -que no sea un atraco, violación o situación peligrosa (basta del mainstream venezolano de la paranoia y violencia)- que sea jodidamente diferente a mi rutina. Pero eso, que sea una dosis pequeñita, como una inhalación. Y si la cosa puede ser acompañanada, mucho mejor.

Me acabo de dar cuenta de esto porque una amiga cercana -con quien irónicamente comencé a hablar más cuando ya no la veía a diario en la universidad- se mudó (temporalmente) a Dublín, Irlanda y me estaba comentando el momento irreal que vive: despierta a las 6:30 am, en un cuarto de hotel, a 5 husos horarios de acá, despidiéndose de su familia por varios meses, esperando lo que viene... sola. Por segundos todo eso es irreal para ella, luego de un tiempo se hará normal y cotidiano pasando a la etiqueta: "anécdota".

Son esos segundos de sorpresa los que yo necesito. Pero no digo que necesito ir a Irlanda o a Japón, hablo del momento donde estás fuera totalmente de tu rutina y de tu ambiente, de lo que conoces. Los he vivido antes en micro proporciones con cosas sencillas como un día -de esos intensos que tengo- en primer año que me senté en el cafetín de la universidad sola (me gustaba llegar en la mañana y aislarme un rato a ver el Ávila) y no sé qué pasó en los neurotransmisores de mi cerebro, pero por un momento fue totalmente irreal el hecho que yo estuviera sentada ahí, en ese lugar, con el zumbido de la gente. Luego eso se hizo rutina, lo cual no está mal, pero dejó de ser irreal.

Ahora que lo pienso, también fue bastante irreal el primer beso con mi novio; por segundos no sabía ni entendía nada, era una mezcla entre sorpresa, miedo, satisfacción... fue una excelente inyección de irrealidad.

Y si sigo divagando me doy cuenta que eventualmente tengo un shot de irrealidad, sólo que no estaba tan consciente como ahorita de ese fenómeno.

Concluyo entonces en que no me desviviré por esa idea; imagino que eso no se puede planificar milimétricamente, sucede y ya como aquella veces... sólo que actualmente necesito una dosis. Eso es todo.

Apagaré el modo intenso por esta noche.
Dormiré.

Irrealidad: entrar ahí a pedir una mesa para dos.

-Ele.

miércoles, 21 de setiembre de 2011

Grace & Leo. Un video-experimento en Elenaenvacaciones.

Carga el video mientras lees lo siguiente:



Era un día de mayo; estaba limpiando mi pc cuando un chico a quien conocí un mes antes en Valencia (Venezuela) me escribió preguntando si yo podía hacer un video como los de Stillmotion (que había compartido en Twitter un tiempo antes). Obviamente para hacer algo como esos canadienses se necesitan más personas y experiencia, pero tengo la manía de decir "bueeeno, creo que sí" y meterme en esos rollos. Le advertí al chico que él sería mi experimento, que no había hecho algo así pero que al menos podría lograr cubrir el recuerdo del momento.

Ese chico se llama Leonardo, es diseñador gráfico al igual que su novia (ahora esposa) Grace. Luego de conversar un rato, acordamos grabar algo que pudiese mostrarse el día de la fiesta de la boda; es decir, haríamos un video "preboda" para ver antes del brindis, que entretuviera a los familiares y a la vez guardara en la memoria todo aquello de su "historia".

Él fue quién eligió las canciones esta vez y quien planteó las situaciones que arriba podrán ver. Yo resolví todo lo que significa "hacer real" lo que él escribió. Para ello viajé a Valencia dos veces; conocí a Grace, cuyo carácter es complementario al de él, y pasé un divertido rato allá.

Luego de tener el material, pasé unos días haciendo otras cosas y cuando me di cuenta la entrega de su video era en pocos días, así que apliqué la de editar en modo insane para que él tuviese el video el sábado (17/09). Lo más difícil de todo esto fue el montaje puesto que habían por lo menos 180 clips (varios basuras, claro); tuve que mejorar un poco más mi técnica con Twixtor y las cámaras lentas -aún no la domino bien, pero está mucho mejor que en mi tesis-; y mi mayor problema en la vida fue: el audio. 

Sólo Gabriel sabe cómo odio arreglar el audio de una pieza y más si ésta fue grabada a la interperie sin micrófonos. Ése sin duda fue mi mayor problema, tratar de tener un audio entendible. En algunas partes costó en exceso y me lamento de no tener un buen micrófono -es gracioso que yo nunca dejo de pedir cosas: "necesito una cámara" y ahora "necesito un micrófono" pero ya saben lo que dicen, 50% video, 50% sonido-.

Otro problemilla, que ya sabía de cuando grabé para ValeTv, es que el sensor de la T2i se calienta como un adolescente viendo Jersey Shore y eso sí es un dolor de ovario. Varias veces mi #sensortroll se recalentó en momento solemnes; lo que hice fue apagar, esperar dos segundos y prender la cámara. Por suerte pude capturar la mayoría de todos esos momentos.

Al final quedé complacida, al menos sé que si me lanzo a otra aventura de éstas sería ideal contar con alguien más o al menos con un buen micrófono (¿alguien me puede traer un H4N Zoom del imperio?, Gracias).

También me di cuenta que para hacer un trabajo así debe darte feeling la pareja y en este caso lo hubo: ellos son bastante agradables; me explicaron cómo era la vida "adulto-joven" en Valencia, cómo se da esa dinámica social allá; hablamos de precios y demás mientras me invitaron a un pequeñito pero sabroso sitio de comida mexicana.

Otra anécdota que me dio risa fue cuando grabábamos en las escaleras del Sambil en Valencia (estábamos en modo guerrilla, por lo que teníamos poco chance de repetir las acciones): estoy concentrada en el visor de mi cámara, sigo la ruta de Grace quien camina a las escaleras mecánicas; ella empieza a bajarlas pero me ve con cara de no entender lo qué sucede y a la vez mueve las manos dirigiéndose a Leonardo -quien iba en las escaleras mecánicas contrarias, subiendo-. En mi visor comienza a aparecer Leonardo volteado, dándole la espalda ella, mientras sostenía un coche de bebé y una señora iba adelante de él. Grace, bajando, le pregunta "¿qué coño haces?" y él, subiendo, se excusa mientras ambos se alejan en las escaleras. Yo moría de risa. Lo que sucedió fue que una señora aprovechó que Leonardo estaba parado en las escaleras y le dejó a su cargo el coche, él quedó allí con el coche y tuvo que subirlo.

"Que se busque un marido" dijo Grace, yo sólo volví a reír... y ya con esto pueden saber un poco de sus personalidades.

He aquí el blooper (vale la pena verlo conociendo esta mini historia):



Hace ya casi tres semanas de esa anécdota, una semana de su boda civil y algunos días del brindis donde se presentó este experimento financiado por Leonardo, hecho por quien está de "vacaciones".

¿Comentarios?

-Ele.

sábado, 17 de setiembre de 2011

Fui adicta a este video.

Extrañamente he vuelto a Vimeo, así como en los viejos tiempos. Lo visito diariamente, me meto a comentar y a ver tutoriales, a veces me siento como en el 2009 cuando pasaba toda mi madrugada pegada a ese lugar lleno de videos "pros".

En esas andanzas del otro día descubrí algo realmente útil para los videográfos amateur (como yo) y se trata de "vimeo video school": un montón de videos explicativos de cuestiones audiovisuales. Lo recomiendo totalmente para quienes se inicien o anden metidos haciendo videos, cortos y hasta películas -sí, es con ustedes, directores del país-.

De los tantos videos que vi, había uno que daba tips sobre videos vacacionales o videos de "verano" -cosas que podrías incluir, mezclar, etc-. Y ponían como ejemplo el siguiente video:


(Vacaciones en Brasil - la canción se llama "Bombay" de El Guincho)

Luego de verlo 6 veces seguidas me pregunté si alguna vez podría hacer algo tan "sencillo" pero arrecho a la vez. De verdad estuve malpegada con el video aunque realmente lo estoy con la canción. Tanto así que me bajé toda la discografía del "El Guincho" (aunque sólo dos o tres canciones del nuevo disco me gustan). También averigüé un poquitín sobre el realizador del video, es un argentino que trabaja en una productora; revisé los otros videos pero no me impactaron como éste.

Me recordó a las vacaciones que tuve con Gabriel y a la vez me frustró porque acá yo no tendría esa libertad de sacar una canon t2i por ahí o andar con una Gopro (o similares) -que te da esa posibilidad de grabar en arena, mar, etc-. En fin, este video es demasiado motivador para hacerlo, lo admito y espero que de las siguientes vacaciones pueda sacar algo con esa esencia.

Véanlo, disfrútenlo, yo lo hice como 13 veces hasta que me sacié -lo mismo hago con la canción, la escucho hasta que la puteo mentalmente y ya no me atormenta-.

-Ele.

miércoles, 7 de setiembre de 2011

Boy meets girl.

Esa ridiculez pasa en la vida real. Sí... que sí pasa. Acabo de terminar de ver una película bien cursi y malosa pero me dejó en un mood demasiado romanti-maricón; escribí todo un post sobre eso pero al final dije: "nah... esto se queda en borradores". Lo único que puedo rescatar para la luz pública 2.0 es que siento que vivo en una película, que ése es el tagline y que de repente éste



es el soundtrack.

Y lo más entretenido es que lo de "película" tiene un sentido bastante literal o al menos tengo horas y horas de grabación de todo lo que nos sucede... videoclips que veo a esta hora y lo único que hago es reírme.

Cómo es que hace unos días me lanzo un escrito todo depresivo y hoy estoy toda contenta, pues, primero, creo que está mal encasillar a las personas y, segundo, que soy bastante complicada; aunque soy realmente fácil de animar, todo es cuestión de que pase la tormenta, unos cuantos chistes y una divertida invitación a una pijamada... voilà.

-Ele.

martes, 6 de setiembre de 2011

Extra Grande vol. II - Las fotos-


A veces la vida no se ajusta a tus medidas.


Hace ya un año decidí escribir sobre la obesidad y lo terrible que es, pero no a modo de libro de autoayuda -para eso hay centenares y se le suman las miles de dietas, seminarios, charlas, campamentos, etc-. No, no, hace un año cuando estaba 16 kg más gorda de lo que estoy hoy, comencé a escribir sobre los "traumas" y las situaciones-anécdotas que nos suceden a nosotras: las gorditas, las obesitas, "las reinas del sabor" -vaya falsedad, señoras-.

Para ver el "Volumen I" de esta serie pues nada, presiona esta oración. Sólo toma en cuenta que cuatro días después de escribirlo comencé a rebajar. Aún me faltan 14 kilos, así que sigo en la banca de las pesaditas.

Punto dos: Las Fotos

Una de las cuestiones con las que tenemos que lidiar nosotras las gordas, o gorditas -para que no suene ofensivo- es algo muy propio de nuestra era: las fotos. Pero ya no las fotos como un recuerdito que le regalabas a tu abuela y ésta lo colocaba en un marco (terriblemente rococó) de plata. No. Ni esas limitadas 36 fotos de rollo que se podían tomar en una fiesta donde sólo te tocaba posar una sola vez.

Vivimos en esta especie de sociedad de la información donde prevalece la imagen, eso quiere decir que, superficialmente hablando, somos esclavos del cómo nos vemos porque eso beneficia al cómo nos vendemos. No significa que todas somos unas little whores a diario, sino que el énfasis en la imagen es parecido al implementado en la publicidad. Todo es un juego tácito de seguidillas de probabilidades: te ves bien por ende más probabilidades tienes de lograr tal o cual objetivo. Esto está retorcidamente mal pero es lo que sucede en la jodida sociedad y lo peor: uno lo usa a su favor.

¿Cuántas fotos a diario vemos? no sé el número preciso, pero yo diría que un coñazo. Últimamente somos seres muy visuales, me desviaré si me pongo a describir la teoría del Homo Videns, y comenzamos a basar nuestras decisiones en "cómo se ve", las imágenes prevalecen sobre el texto o sobre todo lo demás (la personalidad, por ejemplo).

Es algo macabro si uno se pone apocalíptico pero en este punto lo que quiero rescatar es que las fotos son los eslabones más próximos y más manejables que nosotros, los que no manejamos la industria mediática, usamos para darnos a conocer. Las fotos son nuestros feudos visuales en la sociedad. Ya no son simples papeles con químicos que almacenan un recuerdo, ahora las fotos son nuestro portafolio vitae.

Es por esto que en general la gente busca verse bien en las fotos. No quieren mostrarse como algo desagradable y eso nos incluye (a las gorditas, digo).

A veces jugamos y nos tomamos fotos como estas:


Son fotos en joda, que te diviertes al mostrar pero no todos tienen ése sentido del humor o prefieren mostrar una imagen más "linda" o "limpia" de ellos mismos  -me incluyo en algunos casos-. Pero cuando usas las fotos para generar tu imagen virtual o quizás cuadrar con algún tipo que te gusta y eres gorda, las cosas se van complicando. Digamos que no me ha sucedido mucho (eso de "cuadrar"), pero tengo bastantes experiencias de colegas. 

Por todo este breve análisis de la importancia de la imagen, las fotos se convierten en un arma de doble filo: cuando nuestras manos controlan la cámara somos unas expertas, somos las reinas de la colina y podemos manipular los ángulos dejando en ridículo a Barry Lategan (el fotógrafo de la esquelética Twiggy). Pero, por el contrario, cuando son manos ajenas quedamos al azar, y debemos valernos de nosotras mismas, posar, contraer el estómago -un truco tan evidente que sólo las principiantes usan y abusan-, buscar amigas más bajitas para escondernos el cuerpo, etc.

Discúlpenme, chicas, si revelo sus secretos, prometo enfocarme en mis antiguos trucos que realmente salen de manera natural; son trucos basados en el ensayo y error. La cuestión hasta se hizo inconsciente, tanta repetición del proceso hace que se vuelva normal.

He aquí algunos ejemplos de todo lo que hablo. Y no, no me enorgullezco de esto pero tampoco me apeno, más bien analizarlo ha logrado llevarlo a este punto de escribir con comodidad -quizás porque estoy rebajando-:


Esto fue en diciembre del 2009. Pesaba unos terribles 90kg, que están magistralmente escondidos con la pose hacia adelante reduciendo el cuerpo y la mano entre las piernas para hacer la separación entre las mismas -separación que no hay allí naturalmente-. Esta pose no fue pensada, fue una pose automática. La chica del al lado sólo mete la panza, claro, ella era mucho más delgada que yo. 

Pero acá otra de la misma navidad que no salió tan bien y tuve que cortarla (y en mi imac está la original):


O acá, en ésta que ocupé demasiado espacio en la foto, lo que resultó en una foto más real de aquel momento bastante obeso de mi vida:


Ahora, la ropa puede que ayude:


He acá una donde la ropa te ayuda con aquél corte justo en el busto. Meter la panza y colocar los brazos hacia atrás te hace ver "voluptuosa" pero no "gorda". Allí un leve pliego puede jugar en tu contra y hacerte ver una barriga más salida pero esperarás que nadie se dé cuenta. Por cierto, eso fue en el 2007, cuando descubrí el Facebook y tuve la terrible etapa de subir fotos como ésa.



Esta foto fue en el 2007. Allí no estaba tan gorda, de hecho, estaba casi en el mismo peso que el actual -quizás ahora estoy dos kilos menos-. Si esta foto no estuviese en un post que habla sobre los "engaños" fotográficos no notarían el descaro con el que mi brazo tapa el área abdominal. Ése suéter de rayas también era parte del vestuario que me hacía ver "más delgada" -y eso que dicen que las rayas no ayudan al efecto, pero en mi caso sí-. De nuevo, fue un movimiento involuntario ya que yo no era la que manejaba la cámara.

Usar a la gente para delimitar el cuerpo también es una herramienta que consciente o inconscientemente aplicamos. Comenzamos a ver como "hmmm... interesante, me veo bien si hago esto..." y de repente de forma "natural" haces estas poses (hablo de la mía).



Hay una posición que es la "clásica" y es la de "esconderse" -literalmente- atrás de todo el mundo, así el cuerpo queda enterrado por el resto de los amigos, conocidos o peatones.

enterrada entre Maga y Merce - 2009


acá fue por llegar tarde a la foto, pero igual sirve como ejemplo

esta es de cuando llegué a estar más gorda que nunca (95kg) y me puse atrás deliberadamente. 

Igual si a uno le toca ir en el frente de la foto entonces comienzas a moverte inconscientemente. Es terrible el proceso, hay incertidumbre de cómo habrás salido y si la cámara es la de un amigo, de un amigo, de un primo de tu amigo, entonces no tendrás chance de revisar el producto final (y borrarlo). Lo único que queda es confiar en que has perfeccionado la técnica o que tengas la valentía, los ovarios, para asumir que estás pesada y que has sido cachada.

Busted. Acá sí no pude esconderme.


esto fue el 20 de agosto del año pasado, cuando comenzaba a rebajar.

Creo que el hecho de ir rebajando hace que uno tenga más confianza y pueda ponerse adelante sin tanto rollo ni pose. (creo que esto fue mayo del 2011)

Está también el truco de cortar la foto estratégicamente y me refiero a usar el "crop" ya sea de photoshop, paint, facebook, etc. para "rescatar" una foto donde se muestra más rollos de los necesarios para este arte embaucatorio. He aquí un descarado ejemplo de mis andanzas:


Esto fue a comienzos del 2010. Cortada deliberadamente a ver si así podía quitarme los kilos de las piernas. 

Fotos en la playa


Para quien escribe, estas fotos eran las peores o las más difíciles. Hay muy poca probabilidad de ocultar los jodidos kilos y en general sueles tener amigas que "están buenas" o que al lado tuyo se ven mucho mejor -no sé si es teoría de la conspiración pero hay tipas que saben esto y siempre buscan a su amiga más gordita para tomarse fotos... ¿quién dijo que todo era casualidad?-.

Éstas son las fotos de playa que yo podía admitir sin problemas, obviamente todas censadas por mí:

(2008)

(2008)

(2010) esto fue el año pasado cuando estaba casi en mi peso máximo. 

He acá otra perspectiva no tan embaucadora:

Notoria la diferencia, ¿no? Pues eso lo logra un plano cercano y en picada.


Trataba de no mostrar los brazos porque se veían justo así:

la cruda verdad.

(2011)

Y esto es "cuerpo completo" admitido para una red social:

(2010) lo suficientemente lejano para que no se vea un carrizo #win.

Pero luego viene ese viaje de fotos vetadas, censuradas, las que NO quieres que aparezcan en ninguna red social. Es la foto que demuestra tu verdadero cuerpo, la que te hace un bitch slap en la cara y es justo ahí cuando te das cuenta que estás jodidamente gorda -o al menos, te sorprendes-.

(2008) De paso de ser más gorda que el resto, soy más blanca lo que me hace más "visible".  

(2010) es justo acá donde dices "cómo coño pusieron esto en facebook, ¡carajo!"
Y de ese viaje a chichiriviche hay cientos de fotos que quedaron sin etiqueta. Hay una que hasta me hizo llorar (y la tengo actualmente de fondo de pantalla para fines motivacionales). 

Fotos tomadas por uno

Son las que mayormente logran sacarle punta a los atributos "bonitos" de uno mismo, en mi caso sólo me quedaba la cara, así que todas las fotos debían enfocarse en eso y nada más. Es así que jugando con contraer el cuello, estirarlo, colocar el perfil o simplemente hacer un picado podía llegar a resultados como:


Cuando de verdad me veía así:

(2007) obvien el maquillaje de transformista que le hicieron a mi mamá aquella noche. 
Es un ejemplo de cómo un mal maquillaje puede arruinar tu cara.

Están los trucos del picado exagerado en donde todo el cuerpo se ve disminuido por el tamaño de tu cara, entonces te ves así:


Usar lo pómulos de los cachetes también era válido; a la vez estaba la combinación con la pose para esconder la panza cuando la foto era grupal:

(2009)

O a veces los ángulos desde abajo salían bien (ya que debo reconocer que no tengo mucha papada):

La leve inclinación de la iMac me ayudaron a tomarme fotos como éstas:

(me pasé con esta vaina, lo admito)

En fin, el punto es que al final el engaño estaba montado y quien viera sólo mis fotos se haría la idea de una Elena quizás medio gordita o "voluptuosa", pero que estaba alejada de lo que de verdad era físicamente. La cuestión es que uno mismo cae en ese engaño, uno mismo busca tomarse fotos así para sentirse mejor, para verse "bien"; para que el ego no esté tan pisoteado por la propia dejadez. Es un precio bastante elevado si me preguntan a éstas alturas. Es el precio de la desilusión por todos lados. Crear una imagen de una mujer esbelta cuando no se es, es una tontería que tiene fecha de vencimiento; es poner de fiador a la realidad para mantener una mentira que se agota. ¿Qué sucede entonces el día en que tienes que conocer a alguien que sólo tiene de referencias estas fotos? Comienza el nerviosismo porque sabes que habrá una desilusión. Hay mentadas de madre en silencio, temblequeo en las piernas y un pesado "eres más gordita que en la foto" lo cual se traduce "maldita vaca, me embaucaste". Igual sucede con los hombres, hay fotos que hasta logran mojarte un poco y luego de fantasear con el tipo en cuestión descubres que no es absolutamente nada igual a lo que viste una y otra vez en el navegador de la pc.

No estoy hablando de salir horrible o desgarbada en una foto; o de tener limitantes y no poder "verse bien", es decir: tampoco es aplicar la regla contraria. Ya estamos bastantes grandecitos y sumergidos en el mundo visual como para manejar nuestra imagen o proyectarla. Yo sólo advierto del doble filo de crear una imagen que es insostenible en carne y hueso.

En último caso, cuando eres gorda no puedes ocultarlo por mucho tiempo, porque las redes sociales sacarán lo peor de ti, habrán fotos que no podrás quitarle el "tag" a tiempo y andar con esa neurosis es bastante desgastante. Propongo dos soluciones sinceras al asunto: la primera es comenzar a rebajar y ésta es la más obvia, la que más beneficios trae. La segunda sería manejar una imagen de una persona gorda que se sabe arreglar o que es "fotogénica". Lo digo para liberar un poco la manía de aquellas mujeres que no pueden tomarse otra foto que no sea desde arriba, afilando el mentón -lo cual ya se convierte en un indicativo de "es gorda"-.

Es momento de relajarse un poco. Personalmente ya no me tomo muchas fotos -a menos que salga con Gabriel o las que saco de los fotogramas de los Stand Vid Comedy-, y cuando me las tomo ya no hay presión por contorsionar el cuerpo para lucir "delgada" o "Elena está buena", ¡ja! qué va. Prefiero retornar al concepto inicial de la fotografía y quedarme con el recuerdo del momento que es lo que al final me importa.

No hay una cacería de gordas, señoras y señoritas, pueden mostrarse como son. Si no lo desean o no se atreven entonces procuren evitar caer en el juego de imitar a una delgada esbelta porque fallarán. Es lo más sincero que puedo decirles, así "con el corazón en la mano".

Próxima entrega: el sexo.

-Ele.