Yo fui una de las "30 mil" personas que Plátano Verde previó que andarían divagando errante por las calles de Chacao. Aunque éste no fue mi primer "Por el medio de la calle", mi debut formal fue el año pasado cuando decidí ir al evento que un año antes (2009) había visto en las fotos de mis amigos. Por un momento pensé que no iría: primero porque ese día debía ir a Valencia, luego por uno de esos rollos familiares. Al final todo se resolvió y estaría libre desde las 6:00 pm del sábado.
La edición 2010 del evento me dejó un buen recuerdo pero luego me daría cuenta que esos recuerdos no tuvieron mucho que ver con el evento en sí. Es como tener un buen recuerdo en la playa pero no de la playa.
Este año iría con Gabriel (y no como el anterior que me lo encontré en plena plaza). Pensábamos en ver diferentes propuestas (incluida la de un amigo), pasear, etc. Nada pretencioso realmente, no soy de esas que quieren ir a un sitio a encontrarse con todo el mundo y mucho menos ir a pasar la típica "roncha" caraqueña del Metro a las 7am. Ese tormento tumultoso se lo dejan a los que tienen genes rumberos.
Si el debut fue el año pasado, digamos que la inevitable despedida vino con éste.
Gabriel y yo llegamos a las 8:00 P.M., mi primera parada fue el baño (el año pasado también lo fue) y ya ahí tuve la acalorada bienvenida: por lo menos 16 mujeres haciendo una larga fila, varias gritando o cacareando sobre temas varios. Luego una chica que tenía la vejiga llena de alcohol, daba vueltas en rápidos círculos y golpeaba las puertas de los dos baños diciendo "apúrense, apúrense coño, que me meo"; admito que no aguanté la risa, pero igual no me importó, ahí no importaba nada. Luego de arreglarme las medias panties (mala idea usarlas en un evento como éste) salí ya medio arrecha del local.
No teníamos mapa, por lo que Gabriel dijo que comenzáramos a caminar hacia lo que él recordaba que era el mercado de diseño -llegamos tarde para McKlopedia y no lo vimos-. Había ya mucha más gente de lo que recordábamos de la edición pasada y notamos que el espacio era más reducido.
Vimos un carro navegando entre las personas, qué mala vaina meterse en carro a este evento, es un problema de logística que el año pasado me tocó vivir. En nuestra accidentada trayectoria apenas pudimos ver algo: un cantante por Chacao Bistró tocando solo en una tarima con la gente apretujada alrededor, tratando que la otra marea de personas no las sacaran de su puesto. Ahí fue donde recibí mis primeros dos golpes, pero tenía paciencia así que respiré.
Luego pasamos por la zona donde había un chico y una chica en un balcón tocando una guitarra -y alguno de los dos sostenía una rosa-, pero no se imaginen algo como Amelie, queridos lectores, la situación no era así de romántica, el hedor de ácido úrico acompañaba la escena. Más adelante estaban los zapatos-bombillos:
foto arrebatada del blog de Toto. No entiendo cómo le dio chance tomarla
La marea de gente nos iba llevando en este extraño tour de olores, sudores y sonidos. En una esquina un videoarte con música conceptual que tenía de vecino la música más pachangosa y bailable posible. No había ningún tipo de narrativa en el paseo, eran simplemente eventos sucediendo al mismo tiempo en un caos -o bueno, quizás ésa era la narrativa: el caos-.
No recuerdo si fue antes o después de esto que vimos unas torres de papel, cartón y restos de basura tirados en el piso, con un montón de mujeres pegadas a las torres tomándose fotos como si de palmeras tropicales se tratara, en ese momento me pregunté "¿pero qué coño es eso?"; igual no pude indagar mucho porque en pocos momentos ya estarían unos metros atrás. Luego me enteré que eran unas "esculturas" sobre el reciclaje. Pues bien, la premura involuntaria de todo el trayecto hacía imposible que a personas como yo -que les gusta quedarse quieta viendo algo- les llegara algún tipo de mensaje.
La masa compacta de gente pasó por el mercado de diseño y ahí decidimos despegarnos de las pieles del resto de personas. Yo estaba sudando y además tardé casi todo el camino en hacerme una trenza -¿cómo te amarras el pelo si no puedes estirar los brazos?-, llegamos y un gentío caminaba dentro del mercado de Chacao. Jamás había ido a ese sitio, así que no sabíamos mucho por dónde estarían los stands.
Parece que justo llegamos en el momento en que en ese lugar se presentaría algo, una obra de teatro o similar. La gente estaba pegada a las barandas y a las rejas de la estructura viendo al centro (como si fuese un cuadrilátero) y allí comenzó a ocurrir algo, se oían voces en los parlantes. Hasta ahora no supe qué fue lo que se presentó, no distinguimos más que una bulla y además estábamos enfocados en ver los productos del mercado de diseño.
Sobre eso debo decir: pobre gente que pagó por tener su tarantín (en la zona al aire libre) y que no tenían ni luz para que uno viera bien sus productos. Algunos se resolvieron trayendo su propia instalación de iluminación, otros, más desprevenidos, usaban su celular para alumbrar su mercancía. Sé que dirán que soy muy quejona, pero pienso como alguien que alquiló un puesto allí y creo que estaría realmente decepcionada. Si por ejemplo Hot Chocolate hubiese comenzado a vender sus zapatos en ese lugar, nunca los hubiera visto con detenimiento o los hubiese visto siquiera.
Igual habían personas tripeándose el momento y la vista de esa terraza, bebiendo y comiendo. Otras más sólo empujaban y trataban de salir, y otros nos quedábamos esperando que se retirara la persona que tenías al frente, para poder ver lo que se vendía.
De las cosas que vi, me gustaron unos zacillos y los compré:
Luego vimos la otra parte del mercado de diseño (la que estaba adentro y sí tenía luz), encontramos a algunos seguidores de los videos quienes nos saludaron y tenían la misma apreciación del evento.
Hacía bastante calor en ese espacio, así que luego de un rato, decidimos irnos. Ya el lugar estaba más vacío porque en pocos minutos en otra estación de Chacao se presentarían Los Mentas, así que la gente estaba emigrando de allí. Al salir del mercado decidimos grabar un poco nuestra vivencia. Lo que puedo decir es que el lugar apestaba a orine, eso en ocasiones superaba al olor de marihuana. Uno podía sentirse fácilmente como en un retén de indigentes.
Ya que no habíamos podido ver a ninguna banda de las planeadas -cuando salimos del mercado de Chacao ya Rawayana había tocado-, pensamos en ir a Los Mentas... sí, al mismo sitio a donde las miles de personas se dirigían.
En el camino nos encontramos con Fabiana, quien estaba teniendo un respiro en el módulo de La Mega. Hablamos un rato y nos reímos de todo lo que estaba ocurriendo. Ella tenía unos extraños moretones pero asumía que era pintura. También nos encontramos a Cindy López, ya ella y su grupo se estaba yendo del sitio. Eso nos recordó nuestro destino musical, así que luego de despedirnos, nos metimos en la masa de personas con destino a Los Mentas.
me encantó su franela.
Para hacer la historia corta: en un punto de nuestro recorrido ya no pudimos avanzar más y no estoy hablando en sentido metafórico sino en el literal: la calle y la zona cerca de la plaza La Castellana estaba atiborrada de personas y físicamente no podían seguir acercándose. Me sentí atrapada, como un borrego atrapado. Gabriel decía "se tranco la cochina, señores". Después de unos cuantos empujones dijimos: "mejor nos vamos", fue la decisión más sensata a la que llegamos él y yo; y es que el análisis fue el siguiente: ¿por qué carrizo debíamos seguir ahí, empegostados con el sudor de desconocidos hostiles, aguantando las mezcolanzas de olores cuando podríamos estar en casa de Gabriel, cómodamente viendo una película, jugando o simplemente descansando? Ahí comenzó el desalojo y luego de una hora ya estábamos en su casa, comentando y riéndonos de nuestras expectativas vs. la realidad (yo le había mandando mensajes a Gabriel diciendo "nos divertiremos un montón este año" y similares; él hasta llegó a pensar: "qué mal que el evento se acabe a las 11, es muy temprano" ¡ja!).
No hablaré sobre la dobre moral del evento -aquello del pase de cortesía que le da Chacao al montón de personas para que fumen, beban y demás, cuando el resto de los días eso está prohibido-; tampoco ahondaré en la sospechosa campaña política que es este evento. No, eso se lo dejo a los de Panfletonegro.
Lo que sí debo decir es que con cada edición que pasa, la famita que va agarrando esto es la de ir "por el medio de la droga"; para eventos culturales así, mejor darse una vuelta por Ciudad Universitaria a las 11 pm y ver a los lateros e indigentes lidiando con su entorno.
Yo prentendía ver una especie de museo callejero, tomarme un jugo, sentarme a conversar, conseguir algo fino que llevar a casa, etc. Pobres adultos con hijos o señores de la tercera edad que iban dando tumbos por ahí entre la multitud drogada y cachonda. ¿Cómo se le ocurre a los organizadores del evento hacerle publicidad por Globovisión?, tendrás ahí a un montón de señores y señoras desarticulados entre tanto bululú.
A menos que este evento se realice en un espacio más amplio (¿por qué no unir al municipio Sucre y Libertador en este rollo?) no iré más, me gusta aprovechar mis fines de semana relajándome, no metiéndome en una licuadora de falsa anarquía e irreverencia.
P.D.: me gustó esta foto de ese día:
-Ele








































