Imagen del día.

Imagen del día.
(:

(video) Gabriel y yo el día antes de mi graduación -Dos en la calle: Reporte desde el Centro San Ignacio-

No sé qué "ritual" practicaron y practican quienes se van graduar, en mi caso no fue un "ritual" exacto; más bien el día anterior a la graduación hice las típicas compras "nerviosas" y luego fui a una película en el cine (que había visto más de un año antes -acá compruebo lo que leí en un análisis que el cine acá es ya tan decadente que compramos películas viejas porque son más baratas-).

El punto es que me divertí bastante viéndola con Gabriel. Luego esperamos que mi papá nos rescatara y entre ese tiempo "muerto" (ya las tiendas estaban cerradas, el centro comercial parecía parte de "Soy leyenda" y llovía un poco) hicimos el siguiente video -desbordante de sarcasmo-:



Adolescentes ofendidos por este video: chicos, yo también tuve una mini época de rebotes en locales nocturnos y ciegas caminatas por Las Mercedes. Me cansé rápido de esa dinámica, otros amigos fueron más insistentes. Tranquilos, todos pasamos por eso. Al final los jóvenes sí pudieron ir a Forza -el local que habían dicho donde se verían-, un viejo y barato taxi se apiadó de ellos.

-Ele.

Graduación #elenaenvacaciones -clip sin editar-

Bueno, no haré más pomposa la cosa de lo que fue -que en realidad fue bastante-. Ya que tardaré un tiempo en sacar el video de la graduación (incluyendo a muchas más personas), coloco acá sólo el clip del momento en que recibí el título. Gracias a Mercedes Rojas que me grabó (acá y el día de la firma).

Para los que no entiendan mucho (porque no se escucha bien) el momento cuando me volteo es porque estoy recibiendo "gentilmente" -yo diría confundidamente (no sabía cuándo debía bajarme)- la ovación por la mención. No recuerdo textualmente lo que dice el "narrador" pero es algo como "la licenciada (mi nombre) recibe la mención honorífica magna cum laude".





Bien que este acto quedó grabado en algo material, tangible, porque el de 5to año del colegio sólo está en mis recuerdos realmente subjetivos.

Es fino graduarse (con o sin honores) pero, a diferencia del colegio, ya sabes que la realidad pega... y duro.


-Ele.

Twitcam del día antes de la graduación

Ya que no me dio tiempo de hacer uno de mis videitos, pues coloco acá el twitcam de ayer.
Tuve un error "temporal" (como siempre) al decir que mañana (hoy) era "28 de julio del 2010". Bueno, en realidad ese día fue la graduación pero de mi hermano.

En fin, acá las pendejadas dichas por la niña que escribe aquí.

Me dan risa los twitcam por el hecho que se acaban, la gente entra y comenta como si fuese en vivo. No señores, esto es grabado.

Si tienen un montón de tiempo disponible, pues presionen play:



-Ele.

Firma del acta

La cosa suena como muy de asuntos judiciales, pero en realidad la firma del acta es la que te oficializa en todo esto de graduarte como comunicador social.

El jueves 21 me tocó ir a la universidad para asistir al acto. Este era un evento sólo para alumnos a diferencia del que ocurrirá el jueves 28. Grabé todo para mis archivos personales pero creo que haré un videito final con esto del 21 y lo del 28 -ya que no fui a la misa de graduación-.

uno entra a la peluquería viéndose así, más horrible de lo normal 
(aún no me habían sacado las cejas) 

Como siempre tuve mis cuantos fails antes de llegar a la universidad. Primero fue el de acceder a que la mujer que me sacó las cejas, me quitara con la cera el "bozo" (sí, bueno, en general las mujeres tienen microbigoticos que de vez en cuando se quitan. Ésta fue mi primera vez), craso error de mi parte hacer eso antes de ir a la universidad. Cuando salí de la peluquería no noté la ampolla que minutos luego (ya en casa) comenzó a crecer.

esto fue lo que vi en mi espejo cuando llegué para vestirme

Algunas personas en twitter me recomendaron cosas como ponerme hielo y mentol para bajar la inflamación. Duré media hora en eso y efectivamente comenzó a desaparecer esa suerte de herpes espontáneo. Lección aprendida: no hacerse algo así minutos antes de un evento.


Gracias a mi percance, salí a las 4:10 pm cuando el acto estaba pautado para las 4:30 pm. Oriana me dijo que el acto parecía haberse retrasado y que empezaría más tarde. Eso al menos me calmó porque cruzar la pequeña Caracas a esa hora es difícil.

mis padres no estaban así que me fui en taxi 
-y mi carro aún varado en el estacionamiento-
tengo que aprender a usar la cámara portátil, siempre me grabo (muy) de cerca

La cola comúnmente brutal de Caracas más mi usual postergación hicieron que llegara tarde al acto. De hecho me perdí toda la "red carpet" -el momento en que todos se saludan luego de haber estado varios meses sin verse, se toman fotos y critican a sus colegas-. Cuando entré a la universidad ya el auditorio estaba cerrado y se oía que cantaban el himno; las mujeres de afuera dijeron "Elena Sánchez, ¿no?" y otra del protocolo anunció por su headset "llegó la alumna que faltaba, no la borren de la lista", "cuando termine el himno entra, verás el único puesto vacío, allí vas tú". Cuando terminaron de cantar el himno seguí las instrucciones, en realidad mi puesto era el único vacío en ese momento.

Algunos fotogramas:

Este acto se hizo en el auditorio de mi universidad por ser un evento pequeño, sin la presencia de padres y demás. El acto del jueves si será en un auditorio más grande. Es una pena que mi universidad no pueda tener su Aula Magna como se debe, espero que en sus planes de expansión la tengan pautada.

El discurso dado por el rector fue sencillo, serio y previsible; hay que tomar en cuenta que todos los años le toca decir un discurso de cierre y a veces es el mismo discurso varias veces en el día.

Habló de los temas que están en la "palestra" nacional: reconciliación, libertades, derechos; se lamentó por la fuga de cerebro pero la respaldó -digamos que un grueso porcentaje de los graduandos se irá del país por lo menos 1 año (hay algunos que ni siquiera estaban en el acto porque ya están afuera)-. Habló de las dos chicas que fallecieron (creo que ambas fueron de derecho); al final pidió "perdón" por los malos ratos, los momentos "donde nos necesitaron y no estuvimos para ustedes" -¿será que recordó el día que hubo un motín por la congestión del estacionamiento y tampoco lo dejaron pasar a la universidad?-; fue una suerte de promesa de eficiencia y eficacia, me parece bien; la universidad tiene muchas cosas positivas pero hay que apretar con aquello de la eficacia en la facultad -por lo menos la de comunicación-, pero bueno, yo tengo un degree en quejas -y mi amiga Oriana el máster-; si necesitan algunas, en mi expediente está el teléfono.

Luego de los discursos, comenzó el acto de la firma pero sólo de las secciones C y D -para hacerlo más rápido-. No sé si es porque ya maduré o aún estoy en la shock postuniversitario que no tenía esa emoción que imaginé que tendría en un día así; ni el pulso acelerado ni el vacío en el estómago, lo único que temía era rodar por la pradera de escaleras con mis tacones -todos saben lo basura que soy caminando con ellos; soy bastante amiga de la gravedad y me da miedo desafiarla-.

escuchando las instrucciones para la firma

Me divertí hablando con las personas que tenía cerca, hace tiempo que por ejemplo no veía a mis amigas -cada quien anda en lo suyo por estos días-; así que este fue un mini reencuentro. Comenzaron a pasar las personas a la silla que tenía la hoja que debían firmar; persona que pasaba, persona que aplaudían. Si quieren ponerlo en modo intenso: subías a la tarima siendo bachiller, bajabas siendo licenciado; o bueno, semi licenciado porque aún no te entregaban el título.

oriana diciéndome que sí aparecía mi cara en el panfleto que nos dieron

Una de las cosas "buenas" o "malas" que tiene esta universidad es que pasas cinco años con el mismo salón; es una especie de prolongación del colegio. Por lo tanto, y aunque no lo quieras, terminas conociendo los secretos, chismes y demás de casi todo el mundo; te da chance de rotar de grupos, de asociarte o pelearte con los mismos 40 güevones durante media década. Pero de esto hablaré en profundidad luego.


Por suerte mi primer apellido es Sánchez y no Vilela, así que luego de un rato no tan extenso me tocó pasar. Me indicaron revisar los datos de la hoja que iba a firmar. Todo estaba en orden, hasta le pusieron acento a mi apellido. Firmé y luego me dieron un estuche con dos prendedores: el pin de la universidad y el de la sociedad de egresados. Me dijeron que había que ponerlos en la toga (¿es muy ridículo eso?).

dándome las instrucciones de por dónde pasar
no se nota mucho pero para mí esos tacones eran altos
persona encargada de evitar "videos de caídas"
gracias a Merce por grabar el proceso :P

Y así terminó la firma, el primero de los "tres rituales" para la graduación; la misa era el segundo pero por varios motivos no fui -el más importante: no tenía ganas, las misas me aburren totalmente-. Pues bien, espero entonces el "magno evento", no estoy emocionada como imaginé que lo estaría, este año le ha dado tantos coñazos a mis expectativas que quizás ésa sea la razón por la que no hay mariposas volando. Igual la dejaré archivada acá, sigue siendo parte de la época que vivo. Hasta el jueves, entonces.

-Ele.

Maite Delgado, agárrate - Stand vid comedy este martes en el San Ignacio

click para ver el flyer en graaaaande.

En realidad no, Maite. Es una broma, no puedo hablar como tú.

El asunto es así: el martes 19 de julio (del 2011, por si acaso) a las 7:00pm Gabriel y yo estaremos en el Bar 205 del Centro San Ignacio proyectando algunos episodios en el showcase de dos bandas nacionales: La última Thule y Syncrodynamic. Si no las conocen es por eso, se están lanzando al agua ese día.

El productor del show es ¿webvidente? de nuestros episodios y nos propuso la idea de mostrar algunos capítulos allá mientras las bandas se preparan. No sólo eso sino que también seremos los host o presentadores de las bandas, así que si desean ver cómo lidio con aquello de hablar en público, adelante.

Prometemos mostrar nuestros episodios favoritos, hablar un poco y compartir con ustedes en el mundo real. En real3D. Sería bueno conocerlos allá, pues es la segunda vez que salimos a la calle (la primera fue una ponencia en  mi universidad) y sería divertido ponerle un rostro de carne y hueso a sus perfiles 2.0.

Sobre cuánto hay que pagar, pues dos lindos y devaluados billetes de 20bs o si se sienten generosos, cuatro de 10bs.

Esperamos que puedan asistir aunque sea un rato para darnos apoyo moral.
Trolls, están invitados también.

Entonces nos vemos el martes 19, a las 7:00pm Centro San Ignacio, Bar 205 -está por el lado que hace frente al colegio San Ignacio-. ¡Nos vemos allá!

Secuestradores y ladrones: olviden este post.

-Ele.

Edición: Graduación - Toga & bonete (video)

Así como todo lo que tenía pensando hacer en mi vida; todos esos planes futuros y proyectos fantásticos que murieron al contacto con la realidad; quedó el registro audiovisual de todo el proceso de graduación.

Pensaba aprovechar un supuesto tiempo libre que vendría al acabar las clases (que jamás tuve) para hacer de mi graduación un propio reto audiovisual. Mi miniserie, digamos.

En mi megalomanía pensé, entonces, hacer varios post sobre vestidos, maquillaje y demás cosas que pudiesen ayudar al resto de mujeres que, como yo, no tenían ni idea de cómo comenzar "el viaje" a la graduación. También pensé en hacer videos en los probadores, entrevistas a vendedores, maquilladores, etc; archivarlo todo y lograr ponerlo en la web -ya que finalmente tengo a mi disposición la tan deseada cámara-. Hasta tenía el soundtrack bien rosadito que pegaría con esta suerte de "how to" endógeno.

Pero ya lo dije, en mi mente cabe de todo -incluso un apartamento propio a los 21 años-, mientras que en la realidad las cosas funcionaron diferente: gracias a la mamá de Gabriel conseguí el vestido y los zapatos en un día (que es genial para mí pero ya descarta toda la ida a cientos de lugares con una real preocupación).

Pasó el tiempo entre proyectos freelance, mi procrastinación y el hecho que ya tenía el problema resuelto justo antes de empezar. Como diría mi abuela: pasó el día, pasó la romería. Lo mas loco es que hace una semana compré una camarita de esas portátiles "HD" para realizar los videos, hasta que me dije: Elena, basta. Ya es muy tarde. Usa esto para otras cosas. 

Sin embargo, olvidando el dramón, y jugando con mi nueva adquisición decidí grabar mi ida a la universidad el día que debía probarme la toga y el bonete. Y, pues nada, sin mucha fanfarria ni planificación está el video de ese día. Al menos es un archivo de esta época -que me gustará ver cuando sea una vieja decrépita-.

No prometo nada ya, pero me gustaría hacer un video de la firma del acta, el acto de graduación y la fiesta. Veamos si llego a ser así de diligente.



-Ele

Stand Vid Comedy - Ep.24: "Atención al cliente"


Todos en algún momento hemos sido atendidos algún por algún empleado o empleada -con la regla en su segundo día- que han hecho de nuestra duda, reclamo o pedido; un trance que dejaría en ridículo a La pasión de Cristo -la película, me refiero-. Sabemos que a veces somos clientes indecisos, obtusos o sospechosamente respetuosos, pero igual, allí están ustedes los encargados de dar la cara... no hagan que se la abofeteemos.



Nota: si te ha gustado el video, la mejor forma de darnos las gracias es que lo compartas con tus amigos y conocidos; ya sea por Facebook, Twitter, Tumblr o Msn. ¡Gracias!

-Ele.

Flyer - Stand Vid Comedy - Ep.24 "Atención al cliente"

He acá un adelanto de lo que podrán ver mañana.
Un tema universal.

click para ver en grande -y buscar los errores de diseño, je-
Nota: siempre pongo los flyers como mis wallpaper; narcicismo, ¿no?

-Ele.

Inconsciente miamero

Hoy tuve un sueño digno de una novela miamera (por el entorno y eso). Lo escribo sólo porque desperté riéndome y a la vez sorprendida de lo largo que fue (quizás duró unos 3 minutos lo cual se traduce a 3 horas ¿no, Inception?) 

Soñé que estaba en un lujoso crucero con mi novio. Era gigantesco y tenía muchas distracciones: piscinas, canchas de juegos, varios restaurantes, un mini cine, hasta tenía un carrito que funcionaba para ir a las diferentes áreas del barco, por si acaso no querías caminar.

Me desperté del sueño, eran como las 9 am pero lo retomé -muy pocas veces lo logro pero ésta fue una de ellas-.

Mi novio y yo teníamos hambre, así que salimos del camarote -que era excelente, una vista al mar estupenda- y nos montamos en el carrito que nos pasearía por los diferentes restaurantes. Nos bajamos en uno de sushi. La cosa es que había mucha gente en ése y él me dijo "voy a agarrar esta mesa, pero ve si por allá encuentras una que tenga mejor vista". Caminé por el largo restaurante (era como un pasillo de mesas) y cuando volteé a ver a mi novio no lo ubicaba entre el bululú de personas parándose y caminando. No sé por qué pensé que era una gran idea salir del restaurante por el lado en el que estaba, montarme en el carrito, que me dejara otra vez en la entrada del sushi y así encontrarme de nuevo con mi novio.

Al montarme en el carrito éste no dio la vuelta ni se dirigía a la entrada del restaurante, sino que se alejaba del mismo. Yo le grité al conductor "señor, yo me bajo aquí" pero creo que no hablaba español, sólo sonreía. El carrito iba rápido y ya yo veía muy lejos el restaurante, pensé "qué bolas, cómo hago ahora, y él se quedó esperándome", "excuse me, this is my stop" le dije, "la voy a dejar en la tienda de ropa" respondió el conductor que tenía un bigote. Sorprendida le digo ya en español, "¿no me puede dejar en el restaurante de sushi de nuevo?" y él responde "lo siento, esta es mi ruta, pero de regreso paso por allá, si quiere se baja aquí y espera al próximo carrito que vaya al revés"; todo esto sonó con perfecto sentido para mí. Me bajé en la tienda de ropa -que era como playera- y esperé al carrito.

Vi por la vitrina un camisón largo blanco (el que siempre he tenido en mente), que le haría juego perfecto a unos zarcillos que tengo, y me metí en la tienda. Justo acá comienza lo miamero: estoy preguntando el precio de la prenda y veo por un espejito que sale mi ex del probador de hombres -que era como un cuartico-. "Coño, ¿y qué hace éste acá?, maldición".

Ya pasó un tiempo desde que me desperté así que no recuerdo exactamente el diálogo:

-Elena, hola -dijo él acercándose a la caja.
-Épale- le respondí -bueno, vengo después a comprarlo- le dije a la cajera que estaba de espaldas -chao, nos vemos que voy apurada- me despido de mi ex. "coño, no, y el otro aún debe estar esperándome, voy a tener que correr al restaurante" pensé mientras salía de la tienda.

No pasaba ni un jodido carrito y comencé a caminar. Me sorprende que de repente el crucero se parecía a Caracas y su "eficiente" sistema de transporte público. Mi ex me acompañaba en el camino -llevaba unos pantalones blancos, un sombrero y no tenía camisa-.

-Ponte una ropa, coño- le dije. Él sonrío.
-Me estoy bronceando- respondió.
-Bueno, mira, no pensaba que ibas a estar acá, qué mierda pero en fin... disfruta del viaje, nos vemos- y trato de caminar aún más rápido ya desesperada. Yo llegaba al restaurante de sushi con mi ex al lado y ya todo se complicaría, tendría que comenzar a dar razones, explicaciones y demás.
-Podemos disfrutarlo juntos- dice el elocuente exnovio.
-Sí, tú de un lado, yo de otro... coño, ¡ponte una camisa! -le digo.
-Sabes que sentiste algo
-¿Cuándo, vale?
-Ahorita que nos besamos -dijo él sonriendo.

Dejé de caminar bruscamente. ¿Qué carrizo acababa de decir este tipo? Me entró un pánico, de hecho el asunto de las infidelidades y eso me causa mucha bulla, más si yo llegase a ser la que comete la estupidez del engaño.

-Deja los juegos, chico, tú como que quieres acompañarme para conocerlo en persona- le dije.
-Vienes conmigo- y al mejor estilo de novela miamera me agarró por el brazo durísimo y me metió en una sala.
-Voy a llamarlo, hacemos acá una reunión y jugamos "Risk" - bastante coherente mi parlamento.
-Sabes que quieres- dijo él quitándose el sombrero e invadiendo mi espacio personal.
-Mierda, me siento mal, vale, él está esperándome. Tú odiabas esperarme... me voy-. Y corrí a la puerta.
-Que no- y se quitó el pantalón. Solté varias carcajadas; no entendía qué pasaba.
-Mira, déjate de tonterías que me haces reír- salí y cerré la puerta riéndome.

Él salió y gritó "podríamos hacerlo aunque sea una vez más", "hay cosas que simplemente no se darán más... ponte tu ropa y por favor: ¡ponte una camisa!" le respondí.

Llegué corriendo al restaurante pero mi novio ya no estaba. Era de esperarse. Volví al camarote y estaba acostado viendo televisión. Me sentía realmente culpable y le pedí disculpas contándole la historia. "¿le viste las bolas?" me preguntó sorprendido y dije "yo sólo vi que no tenía camisa". "¿Me acompañas a comer?" le pregunté "creo que sí, no vaya a ser que te tires al mesonero" - dijo. Qué risa que hasta en mis sueños él me joda con sus exageraciones.

Recuerdo ya vagamente que luego de eso fuimos a un gran salón donde varios chinos estaban armando un rompecabezas gigantesco, habían cámaras y globos. Le dije a mi novio: "creo que son 30 mts de largo", "deberíamos llevarnos a esos chinos, ¿no?" dijo él.

No hay una gran resolución para este sueño, pues hasta acá recuerdo. Me desperté y luego de hablar por teléfono saludé a mi hermano quien dijo que parecía una loca riéndome; bueno, son las bromas del inconsciente -si es que tal cosa existe-. Lo que sé es que siempre que tengo sueños noveleros termino riéndome, el absurdo casi siempre es gracioso (aunque esconda cosas serias -por ejemplo en el teatro-).

De vez en cuando uno mismo se hace bromitas pesadas, ésta es la de este mes.

-Ele.

Días de vacaciones: día 2 - Parte 2: cena + 2da noche.

Regresamos a la posada hambrientos. La cena era a partir de las 7:30 pm y eran apenas las 5:30 pm. 
Hablamos con la chica de la cocina y le planteamos si había alguna posibilidad de ir al pueblo -ya que vimos que Jorge llevaría a algunas señoras-. La chica dijo que sí. Fuimos a la habitación y nos cambiamos, cogimos algo más de dinero y esperamos que Jorge nos llevara.

La posada queda a unos 5 km del pueblo. Las veces anteriores que visité Chichiriviche mi estadía fue en la posada de la tía de Oriana: Chichi Beach -que ya una lectora recomendó y sí, es un sitio genial-. Esa posada queda a unos metros de todos los comercios del pueblo, por eso en mi mente estaba planteado que Gabriel y yo   al regresar de la playa, nos bañaríamos (con abundante agua) y después de cenar pasearíamos por el pueblo y el malecón. Pero claro, era la ubicación de Chichi Beach la que estaba en mi mente y no la de la posada a donde fuimos. Es  como tener en la mente que irás a Caracas y terminar en Guatire... turistas novatos al fin.

por donde está ese hotel de techo verde queda Chichi Beach (y todo esto es el pueblo)
el malecón -foto tomada de la web (es notorio que no fui)-

Jorge nos dejó en el pueblo. Compramos las municiones para el día siguiente y buscamos un taxi para el regreso.
Había un gentío en Chichiriviche, las destartaladas calles estaban copadas de carros con su respectivo volumen potente. También había una cierta desesperación entre los conductores que aceleraban a ver si lograban pisar a algún peatón y continuar la fiesta. El taxista que nos llevó nos dijo que el pueblo estaba muy lleno, y que por eso habían tantas colas -dudo que en temporada baja la calle principal de Chichiriviche se parezca a lo que vi: la autopista Francisco Fajardo a las 5 pm-.

El hambre nos asechaba como aquellas moscas de la mañana. Llegamos rápido a la posada y ahí, sin lujos y al estilo "Sobreviví", abrimos una lata de atún con picante y granos (de esas que vienen con abre-fácil) y comimos en nuestro acondicionado bar: la mesa del lavamanos. Fue una divertida minicena para apaciguar al monstruo de tripas y jugos gástricos que es mi estómago.

Luego de haber comido, ya podíamos asearnos. Tenía arena en el pelo y salitre pegado a la piel mezclado con el protector. Ver esa ducha con esos cinco hilitos de agua me hizo desear el chorro de agua que salía en la ducha de la entrada de la posada (donde la gente se lavaba los pies) -el agua era abundante-. Le dije a Gabriel que me lavaría el cabello ahí y que si llegasen a decirme algo les comentaría, amablemente, sobre mis paupérrimos chorritos de agua.

Lavarme el pelo en esa ducha fue una decisión acertada. Uno, que tiene rizos, sabe que quitarse los restos de arena no es algo fácil, se necesita abundante agua, masajear el pelo y hay quienes usan un cepillo en el proceso. Hacer todo eso en la tacaña ducha me hubiese tomado dos horas. Mientras me quitaba la sal, un cangrejo mediano apareció por su huequito (quizás el champú que caía al suelo lo molestó; quizás quería aprovechar la cola y bañarse también) y se puso cerca de mis pies, yo estaba pendiente de él pero a la vez pendiente de sacarme los restos de champú. Me distraje un rato y ya al final de mi baño vi al suelo, el cangrejo Sebastián estaba a unos pequeños centímetros. Zapateé y se alejó. Me salí de la ducha, me escurrí el cabello y saludé a la chica de la posada; ella retornó el saludo y me dijo que si quería podía usar las duchas que estaban por la piscina porque quedaban más cercanas a los cuartos. Le dije que intenté pero había agua empozada en el piso de esas duchas y que me pareció más rápido hacerlo acá, en la entrada. Ella sonrío y dijo "ok, no hay problema". Estoy segura que pensó que soy una caraqueña quejona. Lo siento.

se acabaron los #foreveralonismos a la hora de la ducha, carajo.

Cuando llegué a la habitación ya Gabriel acababa de salir de la ducha -lo bueno de ser hombre y no tener largos centímetros de cabello que lavar-. Le comenté lo bueno que era el plan de quitarse la arena en la entrada y él me comentó que se sentía como en una discoteca: las 14 señoras de la posada estaban afuera (en el área de la piscina) disfrutando de su reggaetón a "tres tablas". Y era cierto, en pocos minutos me estaba bañando con las goticas mientras Tito el Bambino cantaba "vamos pal' agua" y yo le preguntaba "¿dónde, Tito, dónde hay?", Tito repetía su coro sin cesar.

Recuerdo que ya por la ventanita del baño se veía el atardecer finalizando. Gabriel entró para lavar su short en el lavamanos. Él notó que el agua disminuía en el lavamanos al mismo tiempo que yo lo noté en mi paupérrima ducha. "Lo que falta es que se vaya el agua" dijo Gabriel, "me muero", dije tratando de finalizar el baño -no falta que Murphy te visité justo cuando más enjabonada estás-.

"¡La puta que la parió!" fueron mis palabras exactas cuando la luz de la posada se fue, "al menos ya no suena la música... win, guón", dijo Gabriel. Comenzaron las risas tragicómicas. Al menos el agua seguía saliendo, así que no era buena idea quedarse paralizada quejándome, era hora de aprovechar todo lo que había. Gabriel salió a preguntar qué sucedía. Luego de vestirme -con la ayuda de la, siempre fiel, linterna de Gabriel- Gabriel regresó y me contó que al parecer un cable de alta tensión se había soltado justo en frente de la posada pero que todo estaba bien, que ya habían llamado a CORPOELEC.

En ese momento nos preguntamos estas cosas: ¿tendríamos cena?, ¿los de CORPOELEC vendrían de verdad o estarían también gozando su puente?, ¿cómo haríamos para dormir sin aire y sin poder abrir las ventanas? Al menos rebajaría de tanto sudar... ¿qué habría sido de Julio?

Escuchamos unas voces, no es que estábamos esquizofrénicos sino que teníamos nuevos vecinos y se oía fuerte y claro lo que conversaban. Ahora yo estaba algo paranóica con el hecho que de su habitación podrían pasar a la nuestra sin rollo, total, la puerta que conectaba los dos cuartos se abría de su lado. Confiamos en que eran personas "buenas" y que no les pasaría nada a nuestras cosas.

Sí, Gabriel, eres un joven con esperanzas. -En el Solarium-

Gabriel y yo salimos del cuarto -que ya estaba algo caluroso- y paseamos por la posada. Llegamos a la entrada y vimos el transformador pero no vimos el supuesto cable suelto. Caminamos por ahí y subimos al solarium. Desde allí se podía ver que el edificio del al lado tenía luz pero no así los del otro sector, al menos no éramos los únicos.

Las estrellas no se veían mucho esa noche. Gabriel comenzó a jugar con su linterna: le apuntaba en la cara a la gente que pasaba por debajo del solarium, diciendo en voz algo alta "identifícate"; yo moría de risa porque la gente que estaba en plena oscuridad, dando tumbos por la posada, de repente eran iluminadas fijamente y se desconcertaban aún más. La linterna nos entretuvo bastante, Gabriel iluminaba el aire y en ese az de luz se podían ver las partículas de salitre. Hubo unos cuantos relámpagos, "lo que falta es que llueva" dije ya con resignación, "tranquila, eso es normal" respondió Gabriel y de ahí surgió la conversación sobre el relámpago del Catatumbo. Adoro cuando la gente me enseña cosas nuevas, así sean fenómenos naturales únicos del país.

La conversación podía seguir pese al hambre y la sed pero terminó rápidamente cuando alumbrando con la linterna el piso de nuestras sillas vimos una cucaracha de esas aplanadas que disfrutaba también de las instalaciones. Preferimos dejarla sola e ir a ver si ya la comida estaba lista.

juro que Gabriel no estaba drogado. (se ve extraño mi pelo mojado en estas fotos)

Efectivamente la cocina de la posada seguía en funcionamiento. La cocinera sacaba los platos a la luz de la vela. El grupete de señoras estaba en la mesa más grande, así que nos pusimos en una mesa algo alejada. El contra: estábamos a oscuras y los encargados de la posada o no nos veían o se hacían los locos -yo voto por la primera opción, ellos no parecían malas personas-. En un arranque de desesperación al ver que no nos atendían nos mudamos de mesa -al lado de las señoras- y cenamos una buena parrilla "mar y tierra", Gabriel era adicto a los tostones del lugar -los hacían muy bien-. Luego, explicaron que los apagones en temporada alta o en los puentes vacacionales, son comunes. No hay energía para todos así que se bajan o dañan los fusibles, transformadores, etc. Recuerdo con risas la cara inquisitiva de Gabriel, y su mano rodeando a su puño, diciéndome "Hmmmm, con que entonces esto es premeditado... hmmm... ok" le diré que haga esa cara en un stand vid, juro que es para reír mucho.

Créanlo o no pero, mientras comíamos, un par de señores de CORPOELEC arreglaban el transformador dañado en frente de la posada. Luego de una hora, y en pleno disfrute de la comida, volvió la luz. Todo el mundo celebró, nosotros también: podríamos dormir con aire acondicionado -ya me estaba resignando a la idea de dormir en ese cuarto vaporoso y húmedo, como si durmiese en la boca de algún borracho-.

Aprovechamos que Jorge, el encargado, estaba por ahí y le preguntamos cuánto nos saldría ir al Cayo Sombrero, "550 en total, pero réstenle 120 que es el traslado del plan todo-incluido" respondió. Nos pareció muy caro, nos quedaba seguir yendo al cayo del día anterior -ya que era mucho trajín llegar hasta el pueblo para ir al malecón para luego ir al cayo (con todo el regreso que eso implicaba)-.

El día de playa nos dejó agotados. Ya en la habitación pensábamos en echarnos nuestras respectivas cremas (aunque no me queme casi) y luego de eso, dormir. Gabriel sugirió ir más temprano a la playa al día siguiente, estuve de acuerdo, así podríamos elegir un buen sitio en el cayo. Admito que la televisión nos hizo falta un rato para distraernos, o distraerme: soy de esas mujeres activas a las que les cuesta dormir -pero que duermen profundo cuando lo logran-. Sin embargo descubrí un truquillo para dormir rápido que por ahora no lo publicaré.

Para cerrar la segunda noche: se fue el agua, pero ya nos estábamos adaptando al ambiente hostil y usamos un poco del agua comprada esa mañana en la playa; no estábamos tan mal, por lo menos pudimos dormir con aire acondicionado y aliento a menta.

Próxima entrega: Día 3

Ir al día 1
Ir al día 2 (parte 1)

Nota: me estoy tardando en escribir esto porque tengo mucho trabajo. La expectativa era soltar un post por día (son 4 días) pero ya ven, la realidad siempre es otra cosa.

-Ele.

Dos en la calle: desde el Unicentro el Marqués.

Es notorio que a Gabriel y a mi nos encanta hacer videos y desde que tenemos una cámara portátil (Panasonic TA1) ya hemos grabado varios en diferentes lugares de la ciudad. En realidad son videos para archivar nuestras andanzas, así como lo que cada uno hace con su blog (a su manera, claro). La cuestión es que nos divierte.

Hoy Gabriel me preguntó que en dónde pondríamos todos estos minivideitos que haremos; luego de una tormenta de ideas decidimos dejar nuestras andanzas por Caracas o cualquier otro lugar acá: http://www.youtube.com/dosenlacalle

No son o serán videos como los stand vid comedy ni los proyectos de ese estilo que "algún día" haremos. No, estos son videitos del momento, documentando algo que nos sucedió o simplemente dejar algo registrado para que cuando seamos viejos podamos lanzarnos un buen maratón de vivencias -si es que no perdemos los videos ni youtube quiebra-.

Nuestro primer video es sobre el domingo, día en que fuimos al teatro a ver una obra de un amigo y luego al cine a una extensa función (ya verán por qué).


Si quieren recibir estos videos sólo suscríbanse.

-Ele.

Días de vacaciones: día 2 - Parte 1: desayuno + playa.

Una de las cosas positivas que tenía esa posada era la cama. No sé si era por el excesivo estrés del día anterior con aquella guerra a los insectos mutantes o qué, pero dormí muy bien. Eso sí, desperté ese viernes como si hubiese dormido en el desierto del Sahara pero no por el calor (la temperatura estaba agradable, de hecho) sino por la intensa sed.

Tomé los últimos mililitros que quedaban de mi ya exprimido pote de agua y me lavé los dientes con lentitud a ver si al menos con la menta y el enjuague, engañaba al cerebro (el cual asumiría que ya habría tomado agua fresca). Esta técnica me la dijo Gabriel la noche anterior y tuve que aplicarla.

Me desperté a las 7:00 am pero luego de un rato volví a dormir hasta las 9:30 am (creo). A esa hora nos levantamos, recordamos el trajín del día anterior, esperamos que el día en curso mejorara. Luego de hacer nuestros rituales mañaneros -en el cual bañarme fue un reto a la paciencia-, salimos a desayunar: hambre y sed no son buenas compañías.

La posada estaba callada esa mañana, parece que la turba de señoras-solitarias-en-busca-de-un-viejo-macho-alfa, había ya salido de cacería a la playa. Al menos podríamos desayunar en paz. Al llegar al área del comedor estaba otra joven pareja... otras víctimas que seguro cayeron por las fotos y especialidades del lugar.

Igual, íbamos sonriendo y Gabriel se preguntaba el destino de nuestro taxista Julio. Nos atendió la chica de la cocina, debo decir que ella al igual que todos los de allí eran realmente corteses. Pedimos un desayuno criollo y nos sentamos a esperar.

En la mesa contigua estaba la pareja: una mujer blanca, algo rubia, con unos lentes grandes y oscuros, su short caqui y una camiseta blanca. Él, piel algo bronceada, cabello liso negro, con un short playero -no recuerdo la marca, seguro Gabriel se la sabe-, una camiseta negra de buena tela y unos lentes. Estuvimos tentados a preguntarles cosas como "amigos ¿qué tal la abundante ducha?", Gabriel dijo que creía que los habían cambiado de habitación como a nosotros, es posible: una de las atracciones de la posada es el tour habitacional.

Todas nuestras suposiciones fueron interrumpidas por una horda de moscas hambrientas que descubrieron nuestro plan de desayunar. Sé que tener una manifestación de moscas no es total culpa de la posada, entiendo que son cosas naturales y que aquello que decía Gabriel de encerrar en una burbuja con aire acondicionado toda el área del comedor, no se puede. Sin embargo, poco a poco las moscas comenzaban a delimitar nuestra mesa que sería su próximo aeropuerto Calle El Hambre.

Jorge, el encargado de la posada nos ofreció amablemente un café, se lo aceptamos. Luego de un momento nuestro desayuno estaba en la mesa; Gabriel, yo y las moscas estábamos ansiosos por comer -así, como una familia-. Era un rico desayuno criollo, de eso no hay duda.


La cosa se puso fastidiosa cuando antes de meterte un bocado debías pedirle permiso a la mosca para que se moviera de lugar.  Admito que me reí viendo como las moscas, enamoradas de Gabriel, lo acosaban pero a la vez no nos dejaban comer. Nos trajeron el café. Yo tomo el café (al igual que los jugos y el té) sin azúcar mientras que Gabriel es más amigo del dulce. El café estaba bastante marrón, lo probé y era realmente malo -por lo menos para mi gusto- así que le advertí a Gabriel.

Descubrí que el café nos serviría para algo: sería el encantador de moscas. Alejé y dejé la taza a un lado de nuestros platos y en pocos minutos aquello era un jacuzzi para la mosca-party. Estaban todas disfrutando de la cafeína y la esencia de leche. Nos dio algo de pena cuando Jorge vino a limpiar la mesa y recogió las tazas llenas y con mosquitas haciendo nado sincronizado. Ya sabemos para la próxima: usar el café como carnada.

el café atrapa moscas -aún no habían llegado todas-
(fotograma sacado del video que andamos haciendo)


Viaje a Cayo Sal

Dentro de nuestro paquete "todo incluido" estaba el traslado a dos cayos -los más cercanos-: Cayo Sal o Cayo Muerto. El día anterior nos recomendaron visitar Cayo Sal, así que antes de irnos del comedor nos dijeron que la lancha saldría a las 11:30 am. Sólo habría que esperar como una hora y media, mientras: haríamos la digestión -grabaríamos un reporte en video también-.

A las 11:30 am estábamos ya embarcando la lancha en el puerto a 3 minutos de la posada (esta es otra ventaja: la posaba está a 3 minutos o menos -caminando- de la playa de donde sale la lancha privada). No sabía cuál era Cayo Sal pero lo averigüé en unos minutos, cuando llegamos a la isla que se ve desde la salida de la posada. En la lancha iba la pareja que vimos en la mañana; otra vez estuvimos tentados a preguntarles cómo se sentían con la estadía, pero quizás pecábamos de entrometidos o cizañeros.

Llegamos al cayo. Al bajar vi que había bastante gente y quería ir a uno de los extremos pero al preguntarle al chico de Imparques si quedaban toldos en esa zona, él dijo que no. Así que nos adentramos un poco en el cayo y ahí nos colocaron un toldo por 80Bs -nunca entendí: si él sacó el toldo y nos lo colocó ahí, a unos 8 mts de la orilla, qué le costaba ir a un extremo del cayo y clavar el paraguas allá-. A unos metros a la derecha estaba la pareja de la posada, así que tendríamos unos posibles aliados estratégicos que podrían cuidar nuestras cosas mientras nos bañábamos.


Estábamos rodeados de personas, música, niños corriendo, jóvenes con las hormonas alborotadas, tetas y culos plásticos divagando; tanguitas fosforescentes y una legión de vendedores ambulantes. Sí, efectivamente Gabriel y yo seguiríamos desconectados, pero de nuestro ideal de vacaciones... conectados con la hoyada o la estación del metro en Petare -lo digo por la cantidad de vendedores-.

Miraba a los lados y en silencio miraba a Gabriel, momentos después estallábamos de risa, esto simplemente se nos había salido completamente de las manos y, más bien, nos estaba arrinconando. Igual, existía la premisa: todo pudiese ser peor. Además veíamos que la pareja que se vino con nosotros estaba en un desconcierto parecido.


Luego de estar una hora en fase adaptativa, escuchamos unos tambores a lo lejos, al estilo Jumanji. Era un grupo de hombres que iban con sus tambores celebrando quizás la fiesta de San Juan, quizás musicalizando el cayo por dinero, qué sé yo. El punto es que en donde ellos tocaban se formaba una olla, lo vimos de lejos.

La diferencia entre la pareja de al lado y nosotros es que ellos fueron precavidos y llevaron su cava con vodka y demás. Gabriel y yo sólo llevamos el libro de poesía de Gabriel a.k.a. "el portabilletes", yo llevé mi dinero en un bolsillo de la cartera estilo mensajero; las toallas, los protectores solares, los lentes y mi sombrero panameño (la peor compra de lo que va de 2011). Yo ni cédula llevé. Al poco tiempo hicimos dos cosas: les planteamos la posibilidad, a la pareja de la posada, de cuidar nuestras cosas en caso que nos bañáramos y que nosotros haríamos lo mismo; lo segundo, que Gabriel fue comprar agua.

No recuerdo exactamente en qué momento ocurrió pero los tambores Jumanji sonaban ahora más cerca, realmente cerca: justo a 10 pasos de nosotros -detrás de la pareja de la posada-. En esa palmera había una familia numerosa que contrató el servicio de tambores. En breves minutos tenía el ritmo "café con pan" tocado en el cuero del tambor que hacía de todo esto algo más pintoresco.

Así como las moscas y el café, el sonido del tambor afrocaribeño atrajo a muchas personas que fueron haciendo una "rueda de pescado" al rededor de los tamborileros. Al menos ahora la diferencia con la pareja de la posada era notoria: ellos estaban a unos centímetros del epicentro tropical, nosotros, a unos metros.

No es que no me agrade la gente ni el folklore nacional -mi colegio en básica me metió por los ojos ese folklore así que puedo tolerarlo por un tiempo- pero en mis vacaciones quiero paz y si habrán ruidos, que sean las olas, una música agradable, un jazz, por ejemplo. Esto era como ir en el metro oyendo en Dolby 5.1 el celular de cualquier antojado.

Cada vez llegaba más gente. La dinámica era rápida: entraba una mujer a la olla, entraba un hombre a la olla, se meneaban, los testigos hacían una bulla y venían los siguientes. Pobre pareja de la posada, la chica que estaba acostada durmiendo se despertó mientras su novio la veía sonriendo así con resignación.


La historia del argentino

Cuando llegó Gabriel con el agua estuvimos hablando, se acercó un hippie argentino, de esos desaliñados y con dreadlocks rubios. El hippie nos preguntó que si nos gustaba el arte, dijimos que depende. Poco después dijo que nos haría una manualidad y que le diéramos lo que fuese; pobre hippie, se vino a topar con Gabriel y conmigo que no solemos darle algo a los pedigüeños. Aunque le dijimos que no teníamos dinero, el argentino insistió y comenzó a hacerme una figurita con un hilo de alambre.

Mientras movía su alicate de un lado para otro, nos contó una historia: él originalmente vendía zarcillos y pulseras, pero la noche anterior había estado de farra y, borracho, se había quedado dormido por alguna calle del pueblo, ahí lo robaron "las gonorreas esas"; así que al despertar y ver que no tenía su mercancía compró unos rollitos de alambres para al menos sacar algo de dinero y poder comer ese día. Vale destacar que la actitud del argentino era bastante relajada, si me robaran y me dejaran con sólo el dinero para comprar unos rollitos de alambre, estaría nerviosa, con una depresión y luego de un tiempo: agresiva -por el hambre-. En unos minutos, el hippie argentino había terminado mi regalo y diciendo "acá está tu arte, desastre... ¡qué lo disfruten! Un saludo, pana" se alejó. Quisimos grabar al hippie pero ya se había ido, hubiese sido una genial historia para nuestro video de vacaciones.

por alguna razón siempre termino con un regalo de un hippie

Explorando el territorio

Luego de que el argentino se fue, comenzaron de nuevo los tambores en el mismo sitio. Así que la algarabía volvió y ahora con más fuerza. Decidimos entonces utilizar la alianza estratégica con la pareja de la posada, le entregamos nuestras cosas y nos fuimos a caminar por la playa, a ver si explorándola encontrábamos algo bueno.

Nos alejamos de la bulla, comenzamos a andar por todo el borde del cayo. Había bastante gente -pero no a su máxima capacidad-. Cada vez que caminábamos más al extremo del cayo, la gente y la bulla iban cambiando. No habían ya toldos de Imparques sino los toldos de los mismos vacacionantes o sus carpas. Llegamos hasta un extremo del cayo y descubrimos que el ambiente ahí era realmente pacífico: había espacio entre las personas, se oían las risas o las conversaciones de los que allí estaban pero sin bulla atorrante, de hecho, se podía oír el mar. "Por qué no nos pusieron el toldo aquí", pregunté retóricamente.

Pensamos en que si queríamos bañarnos éste era el lugar, incluso podríamos dejar nuestras cosas ahí y por el tipo de personas no pasaría nada, pero para aprovechar que la pareja de al lado cuidaba nuestras cosas, dejaríamos allí los lentes, zapatos, etc. Regresamos a nuestro toldo y la bulla del tambor continuaba, le dimos las cosas a la pareja y le avisamos que estaríamos bañándonos de ese lado del cayo -sugiriéndoles que podían hacer lo mismo cuando lo desearan-.

En unos minutos, Gabriel y yo disfrutábamos del mar en ese rincón de la islita. Había bastante espacio para bañarse, de hecho esto parecía otra playa. Una playa llena de algas si adentrabas mucho. Estuvimos hablando de los videos y demás cosas, riéndonos de cómo todo se nos había salido de las manos, del hambre que teníamos, etc.


Después de un rato pensé en que quizás debíamos regresar a nuestro toldo porque los que cuidaban nuestras cosas querrían bañarse. Volvimos y allí seguían los tambores, ya la pareja se estaba adaptando a la algarabía. Le dimos las gracias por cuidar nuestro bolso y nos quedamos sentados dentro de nuestro paraguas.

Compramos unos helados (el mío a base de agua) y continuamos viendo la fiesta de tambores. Gabriel dijo "esos de al lado como que no tienen ganas de meterse al agua", "quizás no confían en que le cuidemos las cosas", dije. El punto es que no sé cómo podían resistir los golpes del tambor tan cercanos. Mientras estábamos ahí, yo sólo pensaba en el bonito y pacífico oasis que habíamos encontrado. Acordamos que si a las 3:30 pm la pareja seguía ahí, le daríamos de nuevo nuestras cosas y volveríamos a bañarnos. Cada vez venía más gente a bailar y a ver el espectáculo. De hecho llegó un grupo y buscó dónde asentarse pero ya estábamos llenos, así que esas 15 personas se quedaron a unos pasos frente a nuestro toldo. Gabriel, como siempre, bromeando con que yo me buceaba al más moreno de todo el grupete.

Viaje al exilio

Admito que en general me duele cuando gasto el dinero en algo pero también me molesta estar luego quejándome que pude hacer tal cosa y no lo hice. Así que cuando no soportaba más los pitidos, los tambores, la bulla y eso, le dije a Gabriel para irnos al extremo de la isla: allá podríamos dejar nuestras cosas, bañarnos tranquilamente, descansar. Gabriel estuvo de acuerdo y nos fuimos. Abandonamos ese toldo, que seguro sería tomado por el grupo de personas que estaban en frente.

El exilio era perfecto, colocamos nuestras toallas debajo de un arbolito y entre dos grupos de personas -que se veían sofisticadas, amables y cero conflictivas-. Descansamos ahí y nos tomamos algunas fotos. Decidimos que si al día siguiente nos tocaba venir a este cayo, llegaríamos de una vez a este lugar.

en nuestro nuevo y pacífico hogar.

Sin embargo había algo que nos mataba y era nuestro hambre. Las personas de al lado tenían una cava y preparaban unas ensaladas con zanahorias bebés, aderezos, etc. Nosotros sólo teníamos dos envases de agua. Para el día siguiente esto no podía suceder: debíamos traer municiones.

Nos bañamos de nuevo en la playa, luego tomé algo de sol mientras Gabriel leía.
La estábamos pasando bien.

A las 5 pm caminamos hasta el muelle porque sería hora de regresar a la posada. Antes, compramos más agua de reserva -ya que sabíamos que allá en la habitación no nos esperaba ni un vaso-. Nos encontramos a la pareja que nos cuidaba las cosas, aunque quería preguntarle cómo era la ducha de su habitación y hablar sobre la posada, sólo le preguntamos cómo había terminado esa fiesta de tambores y nos contaron que tuvieron que irse también de allí a otro lado, que ya la gente los estaba acorralando, así que se mudaron de sitio y se bañó primero uno y luego el otro -si hubiesen usado nuestra ayuda, se hubiesen bañado juntos-.

La lancha llegó al muelle, nos bajamos y caminamos a la posada.
Nos preguntábamos qué podría suceder esta noche, la respuesta sería bastante divertida.

Próxima entrega: día 2 - Parte 2: cena + 2da noche.
Ir al día 1


-Ele.
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