15 horas de viaje acumuladas. Cucarachas, cangrejos y moscas como anfitriones de la estadía; 14 viejas cachondas que se paseaban por la posada. Un reggaetón a full vatio que cesaba cuando se iba la luz, el agua jugando con desaparecer mientras aún había jabón en el cuerpo. Un cayo con 2000 personas apretujadas. Una cama cómoda y una sabrosa comida. Un cuarto que se abría con facilidad y al fondo: Gabriel y yo, dos güevones riéndose a oscuras mientras veían el salitre alumbrado por la linterna.
Jamás había tenido unas vacaciones así, la colisión de las expectativas con la realidad fue brutal y divertida, por eso vale la pena ordenar los recuerdos de este rompecabezas para saber en qué momento todo esto se nos fue de las manos.
Au revoir, Caracas
Gabriel Núñez y yo.
Au revoir, Caracas
La salida del buscama con ruta Caracas-Valencia era a las 3 pm. Pensaba que horas antes estaría repasando lo metido en la maleta pero tuve que olvidarme del asunto pues hasta el último minuto terminaba la entrega un trabajo. "La desconexión de Caracas es necesaria", pensé.
A las 2:30 pm ya estaba haciendo la fila para la confirmación de boletos mientras esperaba a Gabriel. Por suerte encontramos boletos que salieran temprano de Caracas y en cómodos autobuses.
Nuestros nombres figuraban en dos diferentes líneas de autobuses: yo compré en Rodovías pero luego vimos que Aeroexpresos también tenía habilitados viajes desde Caracas y Gabriel compró allí. Nos fuimos en Aeroexpresos porque el terminal era más cómodo y cercano. Nunca sabré quiénes ocuparon nuestros asientos en el bus de Rodovías.
Gabriel llegó con su maleta y bolso de mano. Estábamos contentos, este sería nuestro primer viaje; un buen experimento para dos sujetos que se conocieron apenas 16 meses antes. Luego de confirmar, nos montamos en el autobús. Gabriel me sorprendió porque compró la cámara con la que grabaríamos todo el viaje (una Panasonic TA1 que habíamos visto semanas antes). Así que comenzamos con nuestro registro audiovisual que esperamos montar en nuestros blogs lo antes posible.
En nuestra mente el itinerario era sencillo y rápido: si salíamos de Caracas a las 3 pm, llegaríamos a Valencia a las 5 pm, de allí un taxi que contratamos (y de confianza de la posada) nos llevaría a Chichiriviche por lo que a las 7pm o quizás 8pm estaríamos disfrutando del clima tropical mezclado con un buen aire acondicionado -sí, los vicios de los capitalinos son irrenunciables-.
El viaje se hizo divertido entre comentarios y anécdotas, pero todo comenzó a desencajarse del plan cuando ya habíamos visto dos películas en el bus (la vivencial "The Hurt locker" y la edulcorada "August Rush") y comenzaba la tercera (la bulliciosa "Príncipe de Persia" -el volumen estaba más que elevado, haciendo de los últimos minutos del trayecto una tortura del choque-). El atardecer desapareció y aún no habíamos llegado. Jamás pensábamos que el viaje duraría 5 horas, creo que no éramos los únicos que huían de Caracas. Ya nos preguntábamos cuándo esto se nos fue de las manos, ¡ja, qué ingenuos!
A las 8 pm llegamos al terminal de Valencia y nos encontramos con el taxista Julio. Estaba realmente apenada. Corrimos a coger nuestras maletas y comenzamos el viaje con destino Chichiriviche (Edo. Falcón). Gabriel y yo ya estábamos cansados y hambrientos. Realmente hambrientos. No había almorzado, sólo había comido un durazno en el autobús y el otro se lo di a Gabriel.
El trayecto estuvo oscuro y peligroso, como cualquier trayecto al interior del país. A veces cabeceábamos del sueño pero el hambre (y en mi caso, la velocidad del taxi) nos despertaba. Igual estaba contenta: llegaría a comer, bañarme, ver tv con Gabriel -lo cual implica reírse- y dormiría en aquella posaba con un aire fresco esperando el día de playa siguiente.
Día 1
Llegamos a las 11 pm. He ido varias veces a Chichiriviche por lo que noté que la posaba estaba alejada del pueblo. La entrada era colonial, de piedras, grama y predominaba el marrón de la madera. Habían varias sillas y sillones. En la entrada también estaban las mesas del restaurante (lo que hizo referencia inmediata a nuestro hambre).
Nos recibió Misael, el encargado de la posada. Un hombre alto, algo fornido, moreno, de cabello crespo pero recortado; quien posteriormente sería bautizado por Gabriel como "adulto contemporáneo con frenillos". Gabriel planteó la idea de la cena y aunque la cocina ya estaba cerrada nos darían algo de comer -ya que pagamos la estadía "todo incluido"-.
Sentados en una mesa del restaurante, Misael nos explicó la dinámica de la posada mientras de fondo sonaba una música bailable:
- Acá queremos que se sientan como en casa. El trato es así, muy familiar... somos una familia. Yo estoy sólo en las noches y vengo de vez en cuando, pero estará Jorge quien les atenderá. Luego de que cenen le mostramos su habitación y eso
- Una pregunta, ¿el almuerzo está incluido en el paquete?- preguntó Gabriel (ya que teníamos esa duda desde hace días).
- No, es sólo desayuno y cena, además de los traslados a cayo Sal y cayo Muerto. El desayuno es desde las 7:30 hasta las 10:30 y para los cayos luego cuadran la hora - dijo Misael, con la típica sonrisa de encargado.
- Ok, perfecto. Y otra pregunta: ¿hay televisión? - pregunté.
- Ok, perfecto. Y otra pregunta: ¿hay televisión? - pregunté.
Misael rió mientras elevaba sus brazos.
- No, señorita. Ustedes acá vienen a desconectarse -dijo afincándose en la mesa- en ninguna habitación hay televisión. Eso lo dejan en Caracas. Acá vienen a disfrutar del mar, del ambiente. Hay que desconectarse
- Y aire acondicionado sí hay, ¿o no?- pregunté ya con resignación.
-Sí, sí, eso sí. Los servicios básicos sí hay: aire, agua caliente y eso... no se preocupen- dijo Misael.
Gabriel y yo nos miramos sonriendo un poco.
- Acá todo el mundo viene a disfrutar y a relajarse... por allá tengo a mis niñas -mencionó Misael mientras veía a Gabriel. Gabriel y yo nos miramos, hubo un tenso silencio-. Vaya sorpresa, la posada incluye el servicio de prostitutas jóvenes; otra cosa más que no aparecía en su web, pensé.
-Y esa música que suena, ¿es aquí?- dice Gabriel.
- Sí, es del área de la piscina... si quieren vengan a conocer las instalaciones mientras le preparan la cena.
Caminamos por un pasillo hasta llegar a la piscina (frente a las habitaciones). Ciertamente la posada era amplia. El sonido del reggaetón era claro y fuerte pues las cornetas estaban en una especia de minibar, "Ya veo que nos desconectaremos" me dijo Gabriel.
Misael apuntó a una especie de terraza donde había un grupete de señoras algo mayores bailando, "ese es el solarium... ahí están las niñas, están haciendo como bailoterapia", "un club de las divorciadas" dijo Gabriel, "son como mi mamá" dije. Ahora ya todo tenía otro sentido, uno más claro.
"La están pasando bien... hoy hicieron un juego de penitencias donde a una le tocó quitarse toda la ropa. Cuando entré, se asustaron" comentó Misael entre risas. Gabriel y yo sólo sonreíamos, un poco por la sorpresa, un poco por lo bizarro del cuento.
Volvimos al área del restaurante y cenamos. Estuvo buena la comida. Estaba tan hambrienta que no me importó que el pescado aún conservara su cabeza o si los tostones eran fritos -ya mucha dieta obligada había hecho en el trayecto-.
Oriana se sorprenderá al ver esto. Jamás me atrevía a comer un pescado así.
Era inevitable que Gabriel y yo no recordáramos los servicios ofrecidos por la posada y riéndonos nos preguntáramos: ¿dónde está la televisión?, ¿dónde está la comida francesa gourmet?... ¿dónde está Julio, el taxista? ¿qué hicieron con él?
Expectativas vs realidad
Finalmente era hora de conocer nuestra habitación. Enzo, un moreno delgado de espalda ancha, nos hizo pasar. La habitación era realmente rústica: paredes blancas, troncos en los lugares de las columnas, un espejo y una cama elevada sobre una base concreto (o cemento, no recuerdo). El baño era de baldosas blancas. La habitación era algo pequeña, pero tampoco estaba mal, excepto por una cosa: el aire acondicionado no funcionaba bien; había una humedad calurosa dentro del cuarto y el aire era como un soplido tenue. "Creo que dejaré de hacerme expectativas" dije, mientras Gabriel reía. No aguantamos mucho y pedimos cambio.
La segunda habitación tenía un aire acondicionado nuevo y una cama king size. Todo era igualmente rústico pero bastante espacioso. Hasta tenía un pequeño sillón de madera. El aire estaba apagado así que nos lo prendieron mientras nos explicaban que la habitación se conectaba con la del al lado mediante una puerta. Esta puerta sólo se podría abrir de un solo lado, del nuestro, así que no nos preocupáramos, eso sí: no podíamos usar las dos habitaciones porque al día siguiente una sería alquilada. El baño de este amplio cuarto era parecido al anterior.
La cuestión acá era que la iluminación de la habitación era muy pobre y quedaríamos cegatones si deseábamos leer un rato. Gabriel revisó la habitación contigua y estaba más fría, pero íbamos a darle un chance más a esta de la cama king size. Así que nos dejaron asentados en nuestro nuevo hogar.
Gabriel y yo bromeábamos con todo el asunto del traslado, la música de reggaetón que aún sonaba, las viejas, la comida "gourmet", el "chef francés", las expectativas y el tema de "¿dónde está Julio?". Mientras tanto íbamos inspeccionando todo. La habitación del al lado estaba más fría y mejor iluminada pero la cama era más pequeña. Volvimos a nuestra habitación espaciosa. Gabriel me mencionaba algo mientras yo divisaba un movimiento extraño en la pared detrás de él. Pues sí: era una cucaracha, pero de esas aplanadas, rastreras, indomables e imponentes.
La huésped de nuestra habitación salía del clóset y se paseaba por la pared superior. Era Pedro y esto era su casa. Intentamos matarla pero se necesitaba una bota militar talla 48, yo sólo tenía mi zapato de goma talla 38. Así que nos rendimos y nos mudamos a la habitación de al lado cuya puerta impediría su paso. Fui hasta el lobby y anuncié nuestro cambio de habitación -con algo de pena pues sé que nos verían como los caraqueños ridículos que se asustan por ver una cucaracha de dos kilos-.
nuestra habitación final: genova
Por fin dejamos el nomadismo. Entre risas nerviosas y cansancio, desempacamos lo básico. Queríamos bañarnos para al menos descansar frescos y olvidar todo el trajín que había empezado casi 12 horas antes. Entramos a inspeccionar el baño.
Todo parecía en orden. Lleve mis cosas de baño y las coloqué por el lavamanos, justo en ese momento una cucaracha salió a darme la bienvenida. Un rush de adrenalina corrió por mi cuerpo. Salí del baño y ya Gabriel sabía lo que sucedía. Esta cucaracha no era tan imponente como su vecina, además no podíamos seguir mudándonos de cuarto, era hora de matarla. Gabriel y yo hicimos esta especie de comando y luego de un momento la cucaracha yacía aplastada bajo la cama. Era hora de calmarnos e irse a bañar.
Cerré la puerta, abrí la ducha y salía muy poca agua. Cuando fui a avisarle a Gabriel encontré a la segunda inquilina: otra cucaracha, del mismo tamaño de la muerta. Salí rápido del baño mientras Gabriel decía "¡no, coño, no!". Nos activamos y matamos a la segunda aunque duramos algo de tiempo porque se escondía en las rendijas de la puerta del baño.
Luego de tanto rollo, estaba sedienta. Gabriel fue a pedir agua pero ya todo estaba cerrado y ni se oía la música ni a las viejas. Así que debía ahorrar los últimos mililitros que quedaban en mi pote de agua, digamos que estaba jugando a 127 Horas.
Cumplida la misión de matar los insectos. Comenzaba la misión de bañarse con un hilito de agua y además: bañarse sin electrocutarse. La ducha tenía sólo una manilla, y el "calentador" es de esos marca Corona, que transmiten la corriente para calentar directamente el agua; incluso bañándose uno con zapatillas el agua hacía de conductor y proporcionaba unas descargas eléctricas (si acercabas mucho la mano a los huequitos por donde salía el agua).
No había punto medio: o te bañabas con el agua fría o movías el switch superior y te quemabas con el agua caliente. Yo me arreglé como pude dándole al switch a cada rato. Cada hilito de agua iba en una dirección diferente así que tenías que ingeniártelas para hacer un embudo humano y concentrar el líquido en una zona. Pensé en ducharme con la "telefonera" (al menos tendría el agua concentrada) pero ésta no servía. Fuck my life.
Era mucho para una noche. Gabriel colapsó en su momento y luego le seguí yo. La realidad simplemente le hacía un fatality a mis rimbombantes expectativas.
Luego de ducharme, con todas las cosas acomodadas y lista para dormir. Iba a ir al baño, pero no había papel, ¡ja! cómo no lo había pensado. Salí de la habitación y entré en la anterior (la de la cama king size) la imponente cucaracha seguía ahí paseando por el cuarto. Cogí el papel y me fui de regreso a mi habitación, sin miedo, sin adrenalina, bastante obstinada.
esta no es la habitación exacta que nos tocó pero la cama y eso era igual
Finalmente todo parecía estar en orden. Gabriel estaba bañado, yo también. Al menos el cuarto no estaba ni caliente ni húmedo. Sólo tenía sed pero dejaría que el cansancio de todo el viaje la distrajera.
Luego de hablar un rato, Gabriel se durmió y yo me quedé despierta más tiempo, como es usual, hasta que dejé de pensar en todo y me concentré en descansar... si así había sido el primer día, necesitaría energías para el segundo.
-Ele.











































