Imagen del día.

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Welcome to London.

Lunes otra vez - un girltalk para comenzar la semana.

Los lunes a veces son como los vendedores insistentes en una tienda; unas ladillas que se te pegan en la espalda y terminan por desesperarte, desear huir de la tienda incluso si habías pensado comprar algo en ella.

Para mí los lunes significan otra cosa: se ha acabado mi tiempo en la maquinita esa de Video Color Yamín en que había que darle por la boca a los cocodrilos -esa era mi favorita, daba muchos tickets si realmente te esforzabas-.

Hablando de sensaciones, la de los lunes es la misma que sucedía cuando le quitaban la electricidad a los "carritos chocones". Era un "coño, qué cagada"; a continuación debías bajarte para hacer de nuevo toda la fila y volverte a montar. "Toda la fila" es el paso de la semana. El lunes es eso, es un "se acabó, si quieres otra vez, vuelve a hacer la cola".

Asumo que la semana pasará sin inconvenientes, con las normalidades de Caracas pero no preveo una muerte, un robo-asesinato, un terremoto destructor ni nada de esas cosas que pudiesen impedir subirme a mi siguiente ronda -porque entonces la espera se hace angustiosa-.

Por cierto, lo que más me gustaba de los carritos chocones era precisamente no chocar y evitar a los niñitos agitados que veían hacia mí.

Los lunes a veces son inspiradores, sirven para comenzar -o al menos eso pensamos los viernes, claro-. Pero esta vez en realidad si estaré comenzando algo, algo común para muchas niñas y mujeres pero dada mi condición de exagerada y acontecida, debe quedar archivado aquí. Lo que viene es totalmente femenino, es como un girltalk. 

Hombres que leen esto, están advertidos.

Girltalk (me siento como en los 60's)


Hoy comenzaré a tomar pastillas -me refiero a las anticonceptivas- y eso es todo un tema porque en general soy enemiga de las pastillas en todas sus presentaciones. No es por alguna religión o algo así que no me gustan los químicos, es que simplemente odio los efectos secundarios que producen en los órganos (y entonces tomas otras pastillas para estos efectos, haciendo un ciclo infinito de píldoras y píldoras).

A menos que la cuestión sea grave o necesariamente se cure con antibióticos o químicos, entonces no las tomo. Lo mismo que los jarabes y las cuestiones para la gripe, tampoco los tomo. ¿Qué tomo cuando me siento mal? Tés y Homeopatía -sí, demasiado new age para mi gusto-; ya sean bolitas con azúcar que actúan como un placebo, ya sea que en efecto contengan sustancias diluidas en diferentes potencias, es lo que tomo. Más que todo porque mi mamá luego de estudiar medicina se metió a todo ese ramo holístico y bueno, terminé consumiendo por costumbre esas cosas.

El rollo con las pastillas anticonceptivas es que es un tratamiento hormonal. Confieso que me da un terror jugar con las hormonas de mi cuerpo, más que todo porque están bien, mi período viene con una precisión casi suiza y no sufro de quistes o situaciones así.

Mi miedo actualmente no es si quedo o no estéril, mi miedo es que se descontrole el ciclo, que engorde, que me salga acné, que el pelo se transforme en una bola grasienta, etc. Además, hace unos años tuve una cuestión en el cerebro muy tediosa que explicar ahorita pero que hace que las pastillas anticonceptivas y yo no seamos tan fáciles de llevar.

Sin embargo, no quiero un hijo. Siempre he sido neurótica con eso, de hecho jamás he estado 100% tranquila luego de tener sexo (con todo ese tema de quedar embarazada), incluso usando condones. Tanta era mi neurosis con ese tema que cuando empecé con el sexo, mi ex y yo -que éramos vírgenes (por desgracia para él)- desarrollamos una dinámica bien fastidiosa y "corta nota", digamos que era como un coito interrumpido pero con el condón. E incluso así, habían meses en que pensaba que había quedado embarazada pero lógicamente era casi imposible. Él me sugirió en los últimos años "¿por qué no tomas pastillas y ya?", y eso era lo lógico, lo que hacían todas, pero para ese entonces me daba más miedo el rollo hormonal que tener un hijo.

Las cosas han cambiado un poco por aquí desde hace un tiempo: ver a amigas embarazas de mi edad o menores no me sorprende pero sí me alarma, e imaginarme con un bebé simplemente me entristecería porque sería incapaz de cuidarlo óptimamente. Y si ya me pone tensa todo ese tema médico de las hormonas, imaginarán cómo me sentiría con un aborto.

"Hola, hijo, bienvenido al mundo."


"Ah, ya me las arreglaré"

Lo otro es que cuando cambias de pareja, cambian las costumbres. Mis amigas siempre me advertían que ningún otro tipo se calaría ese mecanismo de eyacular dentro del condón afuera de la vagina, que ninguno disfrutaría eso (que incluso hay unos que ni soportan el condón) y que mi neurosis se la vería bien negra cuando cambiara de pareja -la afirmación "cambiar de pareja" la veía en ese entonces muy lejana y simplemente pensaba "ya me las arreglaré en tal caso"-.

Pues bien, actualmente ando en ese futuro hipotético. Se acabó esa extraña concesión que acordé hace años. Es engorroso ajustar viejas prácticas que de paso no son compatibles con el resto de los hombres. Más aún cuando uno mismo sabe que nadie disfrutará del sexo así -incluso cuando uno no era quien debía interrumpir abruptamente algo-.

Soy procondón pero no me genera mucha confianza,  pensar que ese esperma anda almacenado en esa bolsita plástica ahí justo en la zona donde todo podría salirse de control, me pone nerviosa. A veces eso se lleva la atención de mi mente. Nadie quiere interrumpir un orgasmo, distraerme con esa neurosis es una forma de hacerlo.

"No has pensado en tomar pastillas" me preguntó mi actual novio. "Sabía que eventualmente esta conversación saldría a la luz" pensé. Contesté con mis argumentos de arriba sobre mis temores físicos pero como es de esperarse ambos llegamos a la conclusión que si queremos estar muy seguros, debía tomarlas o utilizar otro método.

Hice todo un berrinche en mi casa. Le dije a mi mamá que si no podía ligarme y ya, que por qué no podía ser infértil y listo. Ella casi entendió eso como una herejía, como si escupiera en las tumbas de mis abuelos. Busqué otros métodos sin hormonas, como la T de cobre pero sólo se lo colocan a mujeres que ya han tenido hijos -fuck you biotechnology-; como los otros tratamientos incluyen hormonas entonces "para qué colocar un aparatico bajo el brazo si puedes tomar una pastilla, ver cómo reaccionas y pararlas en caso negativo", sugirió mi nueva ginecóloga.

Ella, mi nueva ginecóloga, me recomendó unas pastillas de "baja dosis". La efectividad es del 99% si se toma correctamente. Perfecto, eso con la efectividad del condón podrá eliminar todo ese rollo mental de ser madre joven digno de Laura en América.

Si bien dije antes que no soy amiga de las pastillas, cuando se trata de tomarlas me comporto estrictamente y no me importa color, tamaño o sabor de las mismas. En el 2006 debía tomar 8 pastillas diarias -por el rollo ese en el cerebro- y lo hacía sin problemas.

Me tocará hoy comenzar a tomarlas rutinariamente y por suerte cayó un lunes. Espero que los cambios ni se noten o en tal caso que sean positivos. Dejé de visitar foros (y menos de Yahoo Answers porque eso es un circo), hay casos terribles y sólo quiero borrarlos de mi mente. Asumiré que todo irá bien, que la dosis de hormonas diarias serán gentiles con mi cuerpo.

Al menos dejaré de imaginar escenas al estilo del intro de "Mira quién habla" y de resto "ya me las arreglaré".

-Ele
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