Imagen del día.

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Welcome to London.

El plan del cine (2004-2011) - el inicio de mis 23.

"¡Veintitrés, marica, veintitrés!"

El miércoles añadí 365 días más en el conteo oficial que llevo desde que nací. Uno se debate entre sentir que no ha cambiado mucho y que con el tiempo se es totalmente diferente. Quizás es una fusión de ambas. No sé.

Finalizando mis 22 y cumpliendo mis 23 puedo decir que todo aquel idilio de la niña "cineasta" puede darse por acabado, o al menos ya no es siquiera una ilusión que busco concretar. Ahora, me sigue gustando todo lo audiovisual, sigo viendo herramientas y cámaras, pero como quien tiene un hobby (algo caro); como el que juega golf o colecciona carros.

Por ahora trabajo haciendo videos o diseños porque desde que me gradué se cerró el grifo de dinero que diariamente me daban mis padres y eventualmente necesito comprarme cosas o salir por ahí; pero justo ahora no sé a dónde llegar con lo que hago, no hay un plan claramente establecido, es una suerte del improvisado "como vaya viniendo, vamos viendo". Estoy pensando en buscar un trabajo diferente pero ese ya es otro post.

Sin embargo, hasta hace un tiempo sí hubo plan que había durado varios años y la gente que me rodeaba lo conocía. Lo admito, me gustan los planes (que lastimosamente están pegados con idealizaciones) porque me gusta(ba) saber a dónde voy, saber adónde me van llevando los pasos.

Lo que viene a continuación puede dar risa, lástima, arruinarle la ilusión a alguien o simplemente entretener. Preparen unas cotufas y que empiece el show -que será largo, así que la gente de "lectura ligera" está advertida-.

Vida planificada: el cine y yo (2004-2011)

Luego de querer ser metereóloga, científica, banquera, dueña de una empresa de cosméticos, diseñadora de modas, primera dama o una mujer que firmaba cheques e iba con un maletín a todas partes (así tipo Antonini Wilson), pensé que lo más razonable de todo podría estar en dedicarme al cine o a la televisión: me gustaba grabar desde pequeña y hacer videitos cutres en stop-motion con mis Barbies, como el extinto programa de tele "Splat!" me enseñó, así que quizás tendría un futuro en aquello. Por eso desde el 2004 decidí que al graduarme del colegio iba a dedicarme al cine.

Elena Coppola -con algo de hidrocefalia-.

Al salír del colegio en el 2006 tenía 17 años y quería irme del país a estudiar cine o animación, a Canadá - la escuela de Vancouver estaba empezando a ser famosa- o a Barcelona. Me fascinaba esa imagen romántica del director de cine que orquesta toda una película, que se la pasa con las manitos haciendo un cuadro y metiendo el ojo por ahí para visualizar planos; me embobaba el abanico de opciones que proveen los motion graphics, la animación, los efectos especiales y demás; era adicta a los "making-of" y claro, quería lograr películas legendarias, que todo el mundo recordara.

Además planeaba vivir bien y ganar dinero por todo el proceso romántico del celuloide.

Mi futura casita de playa, para pensar en nuevos guiones.

La cuestión es que aquí no había una escuela "formal" de cine y mi mamá no quería que me fuera a algún otro país -mi papá sí, pero tampoco había demasiado dinero como para hacerlo-. Así que pensé en estudiar "técnico audiovisual", no imaginé ir a la universidad, así que ni hice un propedéutico. Vi la "Escuela de cine" pero me pareció un proyecto cubano por aquello del ojo y el rojo -lo que hace la iconografía- y no estaba lista para posibles ideologizaciones.

Un día mi mamá descubrió la Universidad Monteávila y me dijo: "mira, ahí dan cine"; era cierto, daban cine como materia pero en 5to año, es decir, el último de la carrera de comunicación social; "bueno, está bien", pensé, así que presenté y quedé.

esa era yo en febrero del 2006 cuando quedé en la UMA


Hola, vengo a leer


Da risa recordar lo intensa que estaba en esos años con las cosas audiovisuales, era un monstruo devorador de información que a veces ni entendía. En ese momento no tenía ni puta idea qué era un "códec" pero actuaba como si lo entendiera y veía cómo sería importante para mis películas.

Tenía un librito verde fosforecente lleno de garabatos, ideas, planos, y hasta un idealizado mercadeo de mis futuros films. Escribí dos guiones -que se perdieron cuando me robaron la laptop- y dejé un tercero por la mitad; eran guiones tontos, sin casi complejidad dramática.

Así de intensa estaba que recuerdo la noche en que me desperté a las dos de la madrugada y tomé el cuadernito anotando la idea de hacer algunos cortos y venderlos en cinco BsF en el cafetín, sería como un experimento pero pensaba que funcionaría. Obviamente nunca lo llevé a cabo, hacer un corto para vender no es hacer galletitas para vender y además estoy segura ya que muy poca gente lo compraría.

Me quejaba de que nunca podía ver buenas películas así que hice una lista con cientos de largometrajes que debía ver. Un amigo me invitó a un "club" virtual "súper hermético" -llamado Karagarga- donde podías descargar por torrent las películas más rebuscadas. Nunca pude bajar más de dos porque mi hermano se arrechaba constantemente al no podía jugar online tranquilo. Hubo más excusas para no ver todas las películas que enlisté... siempre hay excusas.

Allí hay de todo tipo de películas para descargar.

También me sentía chévere cuando en la universidad, a mis 18, hacía cortos que en comparación con el resto eran mejores; era una forma de saber que lo estaba haciendo bien y que las cosas audiovisuales se me daban, que sería una dura, una directora de cine consagrada. Nótese que nadie detenía mi estupidez megalomaníaca.

Master plan

El plan hecho en la época del colegio era el siguiente (imaginen una pizarra y una tiza dibujándolo): a los 20 ya comenzaría a trabajar en el "mundo del cine" (venezolano); a los 21 tendría mi propio apartamento, carro, viajaría en las vacaciones universitarias a hacer documentales para Natgeo o Discovery; la tesis con la que me graduaría sería mi película y debía estrenarse en ambos circuitos de cines en el país.

Ya a los 23 estaría yendo a Barcelona a reforzar algunos conocimientos, conocer algunos contactos claves, quizás trabajar con Almodóvar -para la fecha ya habría visto toda su filmografía-. Luego a los 25 viajaría entre Los Angeles, Buenos Aires, Barcelona y Caracas, dirigiendo, produciendo y así.

Tres rápidas conclusiones sobre lo anterior:

1. Mierda en pasta.
2. Imaginación de una joven con sobredosis de películas teenagers en su niñez.
3. Creaciones mentales de una disociada de la actualidad económica de Venezuela.

Habían muchos más planes, incluso la creación de unos "estudios cinematográficos" así como Pixar o Dreamworks. ¡Ah!,  ¿y cómo no?, había practicado en mi mente un posible discurso de agradecimiento a la Academia aunque ganar un Óscar no sería tan solemne como ganar una Palma de oro.

Hasta el más enemigo de esta premiación se ha imaginado dando un discursito.
Por cierto, esa sería yo a los 23: sin ojeras -pero sin ese peinado tan rimbombante-.

Ja, y es que no puedo ni seguir escribiendo los planes porque muero de risa. Yo no fumo ni tomo pero parecía drogada-poseída cuando dibujé todo eso en mi mente y más aún cuando creía que así sucedería.

Aplicar el Master Plan & "todos quieren ser directores"

Típicos cursos que atrapan nuevos "cineastas"

A los 19 comencé a meterme en cursos de cine ya que era la manera más sencilla (aunque paga) de "acercarme" al oficio del cine -y del cine venezolano-. Me emocionaba secretamente cuando conocía a alguien "del medio" y pensaba cómo eso podría hacerme llegar a mi meta de darme a conocer para luego trabajar con ellos. Y ojo, esto suele suceder.

Comencé a visitar Blogacine.com y a meterme en las discusiones, a opinar, a criticar, a leer... tanto así que cuando Carlanga -el creador del website- puso una lista de los que más comentaban yo estuve de primera por unos meses. Creo que era una máquina -fuera de control-. Veía como algunos directores de cine respondían mis comentarios o debatíamos y yo me sentía importante, pensaba que los planes se comenzaban a cumplir -aún no internalizaba que los "directores" de cine son cualquier persona y no tienen un halo de misterio o superioridad-.

Pronto me di cuenta que estaba algo errada con aquello de querer ser "directora de cine" -digamos que ese fue mi primer contacto con la realidad- y sucedió en el primer curso que tomé en Bolívar Films en el 2008. Allí me di cuenta de que todos eran como yo, todos aspiraban ser directores.

pana, qué gorda estaba (ahí, a la derecha).
  
parte del grupete de ese año.

La dinámica del curso obligaba a que sólo cuatro personas podían ser directores en el ejercicio final y ahí comenzó la carnicería. Ese curso se convirtió en un modelo a escala de lo que "el medio" podría ser -sólo que no lo comprendí hasta unos años luego-.

Cuando vi que los posibles asignados como "directores" en el ejercicio final serían aquellos "famosos", porque eran actores o anclas de RCTV, que llegaban roncando el ego o el motor de su Audi TT -como el productor portugués-, o eran del "medio" -camarógrafos de RCTV- me dije "ser director es un cliché".


Y es que hay que reconocerlo, todas esta nueva "carne fresca" que deliria con ser "el director" es porque quieren tener el poder y el control, es como un síndrome del pene pequeño.

Aún era algo inmadura y me enzarzaba en pequeñas discusiones con el cuarentón del Audi, tratando de demostrar mis conocimientos y dejarlo en ridículo, algunas veces lo logré, otras no. Al final el proceso para escoger a los directores fue arbitrario, a dedo, algo bastante autóctono.

Luego de todo ese rollo, me metí en roles como script, asistente de dirección, producción, etc. Me di cuenta que yo no sirvo para dirigir, me hace falta voz de mando, firmeza, nada de pena y claridad; cuando debo mandar a desconocidos soy tímida, me cuesta explicar lo que quiero (aunque encriptadamente en mi cabeza está claro) y suelo tener problemas para decir que no.

Puedo resolver rápido una situación, pero de qué me sirve eso si no podría coordinarla con 150 personas en un set. Mis mejores trabajos son cuando hay muy poca gente y lo de "dirigir" se convierte en proponer.

En fin, sabiendo ya que no podría dirigir en un futuro cercano -al menos que desarrollara un "guáramo"- tenía que ejercitarme en todo el resto de áreas, conocerlas, etc. Quizás desenvolviéndome en cada eslabón del cine pudiese encontrar mi lugar. De igual manera la idea del cine seguía "viento en popa".

Disney es magia, es diversión... oh, wait

Hay una línea entre ser entusiasta, pendeja y ridícula, y hay un espacio de convergencia entre las tres. Allí estaba yo, en ese medio, al comienzo de mis 20's con un conito de papel en la cabeza. Era 33% entusiasta, 33% pendeja y 33% ridícula -1% realista-.

Los planes no iban mal: estaba aprendiendo cosas de cine entre blogs, foros y uno que otro curso -pirata-; conocía -al menos virtualmente- a algunos editores, directores y entusiastas del cine. Lo más extraño de esa época era que tanto comentaba-criticaba en Vimeo que comenzaron a llegarme correos de gringos pidiendo que les criticara sus videos para ellos arreglarlos -y yo sin tener ningún video allí, sólo la "promesa" que eventualmente tendría una canon 7D y comenzaría a hacer mis cortos-.

Algunos mensajes privados en Vimeo para que comentara en los videos de esas personas 
(hacer click en la imagen para agrandar y leer cada mensaje de abajo hacia arriba):

Btw, i can tol wachinton tu.

Tenía algunas cuantas metas a corto plazo que ahora debía lograr -porque virtualmente me estaba yendo bien.

METAS
- Conocer en persona a la gente del cine venezolano para comenzar a hacer películas.
- Ir a más festivales -por aquello de la notoriedad-.
- Trabajar en una productora (para saber cómo era ese "negocio").
- Ir a premieres de películas venezolanas.
- Comprar la cámara.
- Sacarme los papeles necesarios para ejecutar algún proyecto.
--

En junio del 2009 fui a unos cuantos festivales organizados por la productora "Bajo La Manga" y "Balkong Studios". Varias veces había oído de "Bajo La Manga" y que su directiva eran jóvenes que habían estado metidos en la organización del festival Viart, que habían ganado premios por sus cortos, etc. En diciembre del 2009 hicieron el primer festival de cortos "Chorts" y la convocatoria fue buena. Mucha gente "del medio" fue, varios de los que escribían, directores, productores y así estaba allá. Pensé que entonces esa productora sería un buen lugar para trabajar en las próximas pasantías -ya estaba en 4to año de la universidad-.

Casualmente uno de los dueños-directores era hermano de una compañera de clases, creo que ella le habrá comentado algo a él sobre que yo quería trabajar en una productora. Un día me contactaron por Facebook y me dijeron que fuera a la entrevista. Era la primera vez que contratarían a un pasante y a los dos días me llamaron para que empezara luego de carnavales del 2010. "Trabajar en una productora": check.

La imagen del evento de ese año

No me considero una escritora pero sí he notado que el mero hecho de escribir me ha traído varias cosas que en persona no podría lograr: por escribir tanto en Blogacine es que algunos directores, productores y personas "del medio" al menos sabían mi nombre y conocían mi "entusiasmo".  Por escribir, un día en marzo del 2010 me preguntaron si quería ir a la premiere de una película, yo acepté y estaba contenta porque sería "mi primera premiere". Se me sale un suspiro inmediato cuando escribo esto acompañado de una negación con la cabeza, había mucha ingenuidad en el ambiente. Podía ser escéptica con otras cosas, pero el cine aún tenía "la magia".

No iría allá a hacer el "show" de tomarme fotos con los actores, no está en mi ADN -por eso no tengo fotos de ese estilo-, realmente lo que me importaba era tantear la dinámica, tipo un cazador que inspecciona su ambiente.

"Ir a premieres de películas venezolanas": check.

Las premieres de aquí no son nada como las de Hollywood - bitch, please- y eso lo aprendí al primer minuto. Es simplemente una reunión de mucha gente, con el alcohol del patrocinante de turno, poco espacio para caminar, muchos empujones, tipos y tipas ebrios, salutaciones a diestra y siniestra, entusiastas externos que se toman fotos hasta con los que sirven las cotufas y una que otra divertida conversación.

Recuerdo que aquella vez me quedé hablando con Raúl, uno de mis jefes en la productora, cuya historia de su incipiente noviazgo era más interesante que el resto de la dinámica. Pese a que me aparté del gentío, la película fue una mierda y tuve que pagarme un taxi de vuelta... ¡fui a una premiere#maricaganaste. (Acá está la peli de la premiere). Fui a unas dos o tres premieres más luego, y apartando a mi acompañante de aquellas veces, el resto de la dinámica fue exactamente la misma (ya el desorden de la última hizo que nos fuéramos sin siquera ver la película).

Expectativas...

Estaba contenta por haber logrado ir a premieres y trabajar en una productora, pero me hacía falta la parte de los "contactos en persona". Había entendido que el financiamiento de películas era un tema "delicado", "arbitrario", "controlado" entre el CNAC y la plataforma de la Villa del cine.

No recuerdo ahora con precisión el momento exacto en que ocurrió, creo que debió ser en mayo o junio del 2010, cuando un director joven -cuya película estaba en preproducción- me invitó a esta reunión "muy importante" entre los cabecillas del CNAC, ANAC, algunos directores renombrados del país y el director de la Villa del Cine para el momento. Aquella reunión de los Beatles sería en casa de una famosa directora de cine -directora de un Centro Cultural en Caracas, amiga de casi todos los presentes-. El tema a discutir sería un acuerdo entre estas partes algo en conflicto, repasar las leyes del cine, y resolver las dudas sobre las tajadas de cada quien en todo este negocio.

Ya para esa época el cine me había dejado de parecer romántico, se había convertido en un charro mexicano que cacheteaba a todo el mundo por dinero. Presencié allí a la "vieja crema" del cine reclamando sus derechos (monetarios) -como José R. Novoa que decía que no podía dársele tantas consesiones a los directores nóveles cuando su generación había comenzado desde cero (pero luego se quejaba del caso de su hijo, un director novel al que aún no habían financiado)- combinada con el "dónde quedó yo... nosotros" de Albi de Abreu -que velaba por los derechos de quienes estaban comenzado- y las excusas del tipo de la Villa: "es que hemos tenido una mala administración pero ya estamos mejorando y no, nosotros no podríamos financiar películas así pero pudiésemos apoyar con el espacio" -respondía ante la pregunta de por qué la Villa sólo producía contenidos "socialistas" y no el resto-. Hubo unos cuantos gritos, hipocrecías y peleas de viejos rencores. Por un momento yo, la "amiguita del gocho", pude decir unas cuatro tímidas incoherencias "me parece que debería existir una verdadera universidad del cine" que desencajaron del todo y si acaso desviaron un poquitín la conversación general. Al final acordaron reunirse otro día... Venezuela es un país de reuniones.

Al menos no tuve que pagar un taxi de regreso a mi casa, De Abreu, que vive cerca, me trajo y en el camino seguía hablando de la juventud en el cine y lo malo de los intereses personales en ese tema. A él no le está yendo mal en ese ámbito ni en la tv, se está convirtiendo en una especie de Droopy audiovisual como Erich Wildpret, y está haciendo lucrativo su "sueño". Bien por él, de verdad. Por cierto, niñas, no vayan jamás como "acompañantes" a reuniones egocéntricas como éstas, al final pueden quedar rayadas como la rubia estúpida que cayó en manos del tipo baboso que quería acostarse con ella o algo así.

Allí van, los de la Villa, CNAC, ANAC... todos tan poderosos, todos tan regios.

Podríamos marcar a medias el "Conocer en persona a la gente del cine venezolano para comenzar a hacer películas", luego de ese encuentro. Posteriormente conocí a más personas e hice pequeños trabajos freelance para otras. Sin embargo el sueño del cine venía en picada y dejaba de existir este halo de necesidad de contactos.


El check en "comprar la cámara" lo hice a finales de agosto, comienzos de septiembre cuando llegó del Imperio mi Canon t2i con un lente canon 50 mm f 1.4 -allí está toda la info que una y otra vez me preguntan sin parar-. No hice películas o cortometrajes con ella, en cambio comencé a hacer videos "cómicos" y principalmente la tesis -el objetivo inmediato por el que necesitaba la cámara-. No hice experimentos audiovisuales ni los he hecho hasta entonces, es decir: siempre que uso la cámara es para o un trabajo o un video como los Stand Vid Comedy. Esto no está mal, pero vamos, no estaba en los planes de "hacer cortos" y menos una película.

Lo de sacarme los papeles como productor nacional y todo aquello está en la misma montaña de papeles que debo sacarme, así que nada se ha movido mucho por ahí.

El elemento "Gabriel"


Conocer a Gabriel ha traído muchas consecuencias en mi vida, unas muy acogedoras y otras muy difíciles de digerir. Gabriel es de aquellos que tienen un tacto bastante ácido cuando se trata de desmontar  una idea y no se vuelve muy alcalino conmigo. No diré que gracias a él es que yo dejé de creer en el cine como mi "proyecto vitae", eso estaba en franco deterioro por aquello que llamamos "realidad", pero él fue quien tomó mis hombros y de un solo coñazo me hizo reaccionar. Ojo, que la cosa no fue así de literal.

Quizás sea porque ya Gabriel quemó -bastante rápido- las etapas de vivir flotando de ideal en ideal, quizás sea porque es un irremediable amargado con frecuentes y agradables destellos de ingenuidad que está llegando a sus 30; tal vez todo es porque a él suelo escucharlo con detenimiento porque es la primera persona con más coherencia que he conocido... no sé, pero el punto es que la entrada de Gabriel en mi vida ha puesto en tela de juicio mil cosas mías de las que ni yo misma estaba segura. Pienso que en ocasiones él sólo adelanta la llegada de la realidad y a veces él mismo es víctima de ésta.

Pongo un ejemplo para ilustrar: en tiempos de tesis él comenzó a decirme "mira, eso del mega documental mejor lo haces o lo hacemos luego por nuestra cuenta, por ahora enfócate en graduarte, al final eso es sólo un papel"... "al final eso es sólo un papel" es una jodida afirmación que sodomiza a todos los ideales de "estrenar una película como tesis en todas las salas de cine nacional" o "hacer un documental tipo 'Super size me' que sea arrechísimo y demuestre cómo alguien puede hacerse famoso por las redes sociales".
Gabriel no fue el culpable de que mi tesis no representó ni el 10% de lo que imaginé pero sí fue el culpable de decirme en diciembre "Elena, ya, haz esa vaina como salga y ya" ante mi queja que no tendría tiempo para hacer algo "grande".

"Pana, aún no entiendo cómo tú pensaste en llegar a 21 con apartamento propio, carro, 20 millones mensuales" me dicen aún entre risas. Querido, yo tampoco lo sé.

Pero, que la verdad sea dicha: él también se cala mis berrinches y mis depresiones pre-post menstruación, trata de animarme y logra sacarme en ocasiones de mis circulares letargos. Es decir, a él también le toca mi etapa de "no sé qué hacer con mi puta vida... mátenme".

Al menos cuando se trata de desaciertos, ya no estoy sola. Nos hemos encaminado juntos en algunos proyectos y hemos salido ambos con los tablones en la cabeza. Como sucedió con el fail del comienzo de año en que pensábamos ganar dinero por nuestros videos en una cierta plataforma de videos nacional o aquel episodio de cierta noche en el bar 205. Vivimos juntos aquella magna imaginación y luego el vértigo del coñazo contra el suelo.

lanzamiento de tv-web: 25 mil bsf al mes #win

la noche de 205... escoñetaos'

el día de mi 23vo cumpleaños.

Entonces, concluyo que...

Fue un agradable "sueño" que me mantuvo entretenida y activa por unos años hasta que comenzó a desvanecerse el lado atractivo. Como el conejo que corría detrás de la zanahoria, el cine fue mi zanahoria más duradera.

No estoy cerrando las puertas, por escribirlo coloquialmente, igual lo que aprendí sobre audiovisuales lo sigo utilizando, pero ya a mis 23 tengo otra perspectiva de las cosas, no perseguiré algo de lo que ya ni estoy convencida; que me gusten las películas y que tenga una idea de cómo se realizan, no me lleva a ser cineasta, es duro reconocerlo pero con el tiempo se hace necesario.

También me doy cuenta que por 22 años tuve un "gran plan" a largo plazo hasta esta época. No hay plan en Elena en vacaciones, señores... o al menos, por ahora no les tengo alguno de esos gigantes y brillantes. Eso se siente extraño, luce como un sin sentido, como tomar el carro y manejar por allí, cruzando el volante de cuando en cuando sin saber a dónde ir.

Lo que me agrada de esto es que al menos ya no me sentiré como una idiota tratando de luchar contra un sistema que se devora a sí mismo, ya no intentaré reivindicar ningún cine y tampoco seré lapidada por la voraz lengua de los críticos -incluyendo a mi estimado profesor Sergio Monsalve (quién coincidencialmente me dio la materia que esperé durante toda la carrera)-.

Por ahora, prendan las luces y bajen el telón que se ha acabado el show.

-Ele.

P.D. El récord Guinness debería tener una sección para las personas con mayor capacidad de idealización, al menos ganaría algo de dinero... soy muy buena en eso.
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