Imagen del día.

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Días de vacaciones: día 3-4 (+ videos)

Pues bien, ya ha pasado bastante tiempo desde que Gabriel y yo nos lanzamos a la aventura de nuestras primeras vacaciones juntos, apelaré a mi buena memoria y continuaré las crónicas vacacionales, donde lo erróneo fue la fecha (el puente del 24 de junio) y la posada (que mantendremos en secreto a menos que nos pregunten).

Es importante leer el día 1 o el día 2 (parte 1) - (parte 2) antes, así se podrá entender el contexto de lo siguiente.

La mañana de ese sábado 25 fue literalmente seca: se había ido el agua. Utilizamos lo que nos quedó en nuestros potes comprados en la playa el día anterior para lavarnos los dientes y la cara. Creo que si algo íbamos a aprender en esta posada (yo diría "campamento") era a ahorrar los recursos naturales.

Tal y como cuadramos la noche anterior, Gabriel y yo iríamos más temprano a la playa. Ya a las 9 am estábamos desayunando (pero esta vez en una mesa más alejada de las moscas pero cerca del arsenal de señoras divorciadas). Gabriel y yo desayunamos lo mismo: un rico plato criollo -recordemos que la comida sí era buena en ese lugar-. Partimos justo después de comer a la lancha que nos llevaría de nuevo al cayo del día anterior.


Fuimos de una vez al lado más solo del cayo, quizás tendríamos por fin el día de relajación que tanto esperábamos. A llegar nos recibió la arena solitaria, sólo unas cuatro o cinco personas estaban allí, pero eran las 10 A.M. Gabriel y yo comenzamos a jugar con la arena e hicimos un volcán con una barrera protectora que lo mantuvo en pie algunas horas.

esta es una foto de la web, pero algo así fue lo que hicimos #arquitectos

Nuestro lado del cayo comenzó a llenarse, pronto dejó de ser aquel lugar del día anterior: solitario y tranquilo. Parece que el centro de la isla estaba lleno de gente y las lanchas rebosantes de pasajeros venían directo a este lado "vacío". Así pues, Gabriel y yo comenzamos a estar rodeados de grandes familias y nuestro espacio se iba reduciendo.


El modo espartano tuvo que activarse y desarrollamos unas técnicas para no quedar arrinconados -ya que nosotros pusimos nuestras cosas cerca de la orilla y teníamos un buen puesto-. Las técnicas consistían en extender una toalla y a unos cuantos metros la otra, así teníamos ya un cierto espacio cubierto. Luego yo me sentaba más adelante de la toalla lejana, por la orilla, impidiendo que alguien se pusiera en frente de nosotros (tapándonos la vista al mar) y Gabriel se quedaba atrás. En la toalla vacía lanzamos un libro para advertir que alguien estaba allí. Algunas veces llegaban manadas como de 15 personas que veían nuestro espacio con un apetito voraz, entonces ahí iba yo y me acostaba cual marmota muerta cercana a la orilla, atrás estaba la toalla y más atrás Gabriel, así que ellos debían ir a invadir otro lugar. Si bien encontramos la manera de mantener nuestro sitio (y no como la pareja que todo su espacio era su cava -estaban sentados encima de ella-) esta no es la manera correcta de disfrutar unas vacaciones. Eso de andar como propietario de terreno disparándole a los invasores chavistas, no es lo mío. Pocas veces pudimos estar ambos metidos en el mar, porque aparte de cuidar el puesto había que cuidar las cosas.

A las 6:00 P.M. ya estábamos en la posada. se había ido la luz así que aplicamos la de bañarnos a oscuras -al menos había agua-. Luego, un cangrejo rebelde trató de entrar al cuarto (parece que no le hizo gracia que lo grabáramos paseando en la piscina en la mañana) pero logramos sobrevivir. Finalmente llegó la cena sorpresa que nos había anunciado el encargado. Por un momento pensamos que la sorpresa sería que volvería la luz, que el agua sería abundante y nos darían un día más con un paseo a Cayo Sombrero... pero no. En realidad la sorpresa (que tampoco estuvo mal) eran dos músicos contratados que iban de mesa en mesa tocando canciones. Humildad aparte, la canción más chévere fue la que nos tocaron (las otras eran más melancólicas).

Luego de la cena llegó la luz y las quince viejas divorciadas activaron la changa-tuki en las cornetas del área de la piscina (nuestra cabaña estaba al frente). La terraza también estaba ocupada por las señoras que quizás hacían juegos eróticos de solteras a los 60, así que nos quedó recluirnos en nuestra cabaña. Me alegro que Gabriel y yo nos tomemos estas cosas con humor, que luego de darnos cuenta que estábamos rodeados de pura changa, bachata y reggaetón, él sacó su ipod  e hicimos una pijamada musical. Pusimos el adaptador de audífonos y nos quedamos oyendo su rocola. Como siempre, Gabriel me explicaba cuestiones, anécdotas, curiosidades y demás de las canciones que oíamos; debo decir que él debería tener un programa de radio de música porque tiene un amplio conocimiento sobre ella (bueno, no de todos los géneros). Este es uno de los momentos que más atesoro en mi memoria, él y yo oyendo canciones, con la luz apagada, hasta que nos pegó el sueño y decidimos dormir.

Día 4 

Nos vendrían a buscar al mediodía para regresarnos a Valencia y de ahí a Caracas. No había agua, así que nos arreglamos como pudimos. Desayunamos y luego recogimos nuestras cosas. El taxi que contratamos llegó y comenzó el retorno. Julio, nuestro taxista, pudo haber sido un férreo contendiente en "Rápido & Furioso: Tokyo drift", se notaba su pasión por ir pegado al carro de adelante a 120 Km. Era imposible dormirse en el camino, el zigzagueo del pequeño Aveo nos hacía sentir como en la más temeraria atracción del Universal Theme Park. Victoriosamente llegamos a Valencia sin moretones ni collarines. Julio "lospiques.com", nos dejó en el terminal y ahí tomamos el Bus de Aeroexpresos ejecutivos.

De todas las veces que me tocó viajar a Valencia el año pasado (como cuatro veces) sólo cuando fui con Gabriel es que pude ir en un buscama; así que el retorno no fue tan difícil porque nos quedamos dormidos un buen rato y aplicamos la misma de oír música. Llegamos a Caracas en la noche y mi papá nos buscó.

Así fue como terminamos nuestras pequeñas, muy fugaces, vacaciones. Aprendimos la lección -¡oh, sí!-, de jamás viajar en un puente a ningún lugar. Desde ahora todo será planeado para las temporadas bajas, nos aseguraremos de buscar comentarios negativos a ver qué tal, buscaré fotos reales en Facebook -porque ahí uno ve las fotos que son tomadas por los huéspedes- y así. Ah, claro, y planificaremos con mucho más tiempo, con más paciencia.

Acá está el video completo de esta experiencia, para quienes quieran complementar lo escrito o pasar directo a ver cómo dos personas se meten en un rollo vacacional.





-Ele.
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