Imagen del día.

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Welcome to London.

Súper mujer a.k.a. Bob el constructor.


Bueno, quisiera escribir mucho sobre esto pero mi batería no me da para ir tocando un tamborcito por todos lados (ni soy un conejo). Por lo que veré hasta dónde llego con esto.

A nosotras las mujeres, portadoras de misterios para aquellos y enemigas cercanas para algunas, tenemos un gen o una cadena de genes que nos hacen especialmente diferentes. Diferentes en cuanto a que tenemos una debilidad por lo frágil, lo indefenso, lo misterioso y lo difícil. Nos gusta lo complicado (en sus diferentes niveles) y nos aburre lo esencialmente sencillo (de nuevo, en todos sus niveles).

Pasando a algo más específico, nosotras las mujeres tenemos en nuestro ADN una especie de script o programación con la tendencia a que cosa que se vea medio desarreglada algo se le puede o se le debe hacer. También las mujeres que se apartan de todo aquel mundo cliché de "la mujer en la cocina", incluso ellas, poseen la tendencia a sacar una pega loca, cemento o lo que se necesite para reparar, ayudar, cambiar -palabra clave- lo que, antes sus ojos, no está bien.

Entonces si ya tenemos esa predilección por lo difícil, lo frágil, lo indefenso y le sumamos a esa necesidad de arreglar, solucionar y cambiar aquello que se está pudriendo en la nevera; el resultado es un mix de acciones y sentimientos que causan a la "Súper mujer".

Una "Súper mujer" en el ámbito al que voy apuntando con mi flecha insómnica no es el punto de la mujer que se sacrifica por sus hijos (haciendo lo que fuese para darles de comer) ni a la hija solterona que decidió sacrificarse y cuidar a sus padres; mucho menos de la altruista que viaja por el mundo llevando el estandarte de la paz mundial o aquella que es capaz de caminar por horas con unos tacones de 15 cm -esto, para mí, merece un mérito-.

En este caso la "súper mujer" es aquella que divisa a un hombre y al ver sus defectos o sus malas andanzas decide, así de la nada, por convicción propia y solemne, dedicarse a reparar lo que alguna mala mujer (la villana) dañó en ese ser vivo. Es la "súper mujer" que empieza a aparecer en las relaciones donde ella, desde el primer momento, se planteó "acomodar" algunos "detalles" que él tiene.

A veces pasan de ser súper mujeres a mujeres ambulancias o bomberos, es decir, que andan "rescatando" a cuanto hombre malherido aparezca en el camino. Esto ya es más grave porque la Súper mujer aparece con un sujeto en específico mientras que la "mujer ambulancia" pretende ayudar a todo aquél que medio se divise descompuesto. La diferencia, coloquialmente, sería: La súper mujer es selectiva y decide ayudar por completo a ese ser que se ha visto en peligro de muerte; la bombero simplemente ayuda a todos y en algunos casos se enamora instantáneamente del hombre que esté en el peor estado (dígase de un hombre alcohólico, con dos amantes y la esposa -que quiere dejar-, a punto de perder el trabajo; o un tipo que es mujeriego incontrolable y que se ha pasado por las armas a todas sus amigas pero que echándole el cuento de su vida le sacó unas lágrimas).

Ojo, no digo en ningún caso que las mujeres de por sí sean idiotas o sin dedos de frente, hablo de esa necesidad intrínseca de jugar a Bob el Constructor en el corazón, mente y/o cuerpo de un individuo.

Una "súper mujer" quizás al ser más selectiva viene con más contundencia a reparar al tipo que ha perdido una pareja, que tiene unos hábitos terribles de vida o incluso "meterle mano" a su forma de pensar.

Todas sabemos que, alejados de un pensamiento netamente masoquista, nos puede atraer un hombre dolido por un despecho (causado por una colega) o quizás nos enternezca un tipo idealista, con un sueño de vida pero nada en concreto; a algunas les atrae un chico dañado, con problemas - de cuero, drogas, alcohol, sexo (y rock and roll) ¡je! No, en serio con problemas varios-.

Pero ¿qué sucede cuándo ésta mujer coincide con éste hombre y comienzan a llevar una vida juntos? Pues mis divagaciones me han llevado a concluir que el deseo incontrolable de "arreglar" comienza a surgir y ella, ya sea sutilmente o descaradamente, inicia las labores de reparo.

Desde un "mi gordo/ amor/ mivi/ lindo/[inserte diminutivo aquí] vas a ponerte eso? No te queda bien, nunca te has visto bien con eso" (a lo que él pensará, "¡pero estás loca mujer, si con esto es que nos conocimos!") hasta un profundo "deja de salir con esos amigos que no te hacen bien" o "Tu jefe/amigos/familia/hijos siempre te ha manipulado, es hora que levantes la cara y no te dejes joder más".

Sí, mujer, sé lo que haces y que lo haces por el "bien" de él, pero en el fondo es por complacer ese deseo intrínseco de ajustar cualquier hombrecillo, cual pasta francesa o porcelana fría, a tu molde idóneo. Quizás tu molde de verdad sea el más propicio pero velo así: si tu molde es una esfera y tu hombre es un cubo, en ese proceso de amasar para eliminar las esquinas se desgastarán ambos.

Y otro ojo (el que faltaba para que se queden ciegos) no estoy obviando la "capacidad del cambio". Obviamente la gente cambia, los hombres cambian y se mejoran o empeoran, son como el vino, quizás. Pero el verdadero cambio viene per sé, no porque uno con la insistencia logra que el novio la saque a pasear todos los domingos, ese es un cambio temporal, pasarás tú y él dejará de salir los domingos y volverá a la rutina de toda su vida. Aclarado el punto, sigo.

Es por ello que si actualmente estás en una relación dónde sientes que pareces un pizzero napolitano y tu pareja una masa fría e inerte, es hora de parar y repensar la situación. En tres cosas te puedes enfocar:

1. Recuerda cómo, cuándo y dónde lo conociste. Si antes de conocerte, él, por voluntad, dormía en una tabla en el piso no pretendas que se sentirá realmente a gusto durmiendo en una cama de plumas de ganso. Es decir, si nació negro no pretendas cambiarle el color (pues corres el riesgo que se caiga a pedazos). Si le gustaba la playa pero a ti te da alergia la arena, no trates de convencerlo con que el sol da cáncer. Si se cepillaba los dientes en cada comida no le escondas el cepillo ni te quejes de sus momentos en el baño. Si lo conociste en un bar oliendo a patchoulí de varias mujeres, el sentido común te dice que en cualquier momento volverá a lo mismo. Si cuando hablaste con él te pareció interesante su teoría capitalista no inventes en volverlo comunista. Si ahora no te gusta ese pasado y ves que él sigue viviéndolo, aborta la misión antes de que las canas no sean por vejez sino por rabia.

2. Su reacción. Escúchalo cuando te habla de tus actitudes, si él a tus "sugerencias" las está llamando "críticas" ya la cosa no va tan bien. Haz un alto a la situación y nada mejor que una comunicación (a lo extenso del vocabulario o unas breves palabras dónde resuelvas el por qué le parece crítica y por qué a ti te parece sugerencia). Mientras más resistencia tu veas en ese "cambio" es porque la fibra que estás tocando es igual a la raíz que sostiene la muela del juicio. No es una cosa fácil. Así que si hay demasiada resistencia, cambia el modo en que lo afrontas o sino, sigue los pasos del punto 1 y aborta la misión, en verdad no hay nada que arreglar.

3. El futuro. Esto ya es más particular, pero va así: supón que él representa un terreno que acabas de adquirir y tú, siendo Bob el constructor con tu cuadrilla de herramientas parlantes, decides construir la casa (relación). Lo lógico es que si ves o si sabes que ese lugar, ese terreno, será de por vida querrás que la construcción sea sólida, así que planificarás la mejor forma de, pacientemente, ir ajustando el terreno y a la vez ir amoldándote a él. Si la cuestión es sólo una estadía temporal entonces para qué te vas a preocupar por rescatar tanto la tierra si ya en par de meses habrás desertado el lugar. Si ves mucho futuro, se paciente y realmente estudia el terreno. Si es algo pasajero, está bien que quieras construir algo chévere pero corres el riesgo de maltratar demasiado el terreno y dejarlo más tentador para otra súper mujer.

En realidad la eficacia de estos pasos está en mi mente, pero es lo que se me ocurre que puede ayudar y (quizás ayudarme) a controlar las ganas por "corregir" o "reparar". No es que no seas especial, fuerte, bella, etc. Sí lo eres, pero es un error con nombre de "fatality" si piensas que tú lograrás que él cambie toda la visión de la vida. Ya que en todo ese trance uno rompe, daña y desvanece; se desgasta y pierde el norte. La súper mujer deja de disfrutar a su pareja para convertirlo en un paciente perpetuo y eso, de verdad, no va para el baile.




Ok, no puedo creer que escribí todo esto. Son las 3:18 am.

Yo necesito un reparo, un súper hombre, pues se me ha dañado el sistema del sueño. No, en realidad necesito dejar de escribir en el blog.

Au revoir.

-Ele.
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