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lunes, 21 de junio de 2010

Mis paredes apretadas.


Un día nuestros padres nos toman de los brazos y nos enseñan a caminar, luego aprendemos a correr y cuando dominamos la gravedad comenzamos a saltar. Las cosas van así mitad natural, mitad influencia del entorno.

Un día nos compran un triciclo, pero la cuestión pierde la emoción a los dos años cuando vemos que el aparato no va tan rápido como queremos. Por lo tanto decidimos montar bicicleta, dependiendo de nuestro valor o de nuestros padres la bicicleta tendrá sus ruedas de apoyo. Un día estas ruedas molestaron pues la velocidad no era suficiente o simplemente nunca las usaste pues tu papá dijo "eso de las rueditas es como un triciclo".

Como sea, un día volvimos a dominar la gravedad y pedaleamos de la forma acertada. El aire soplando a todo pulmón refrescaba nuestra cara y te preguntabas cómo sería manejar la bicicleta sin usar las manos, en qué pasaría si, en cómo haría tal o cual cosa. Un día la bicicleta pasó de ser un ícono de superación, evolución y grandeza, a una simple actividad deportiva.

Un día de juventud decidimos fumar, esa maña de los indigenas americanos que se coló al continente europeo nos llamaba la atención. Un día lo probamos, a unos les gustó a otros no. A quien le gustó el sabor del cigarro, la aceptación social o el ícono que representaba dejó de vivirlo como un evento lleno de adrenalina a una habitual rutina, un gasto cotidiano o una habitual dolencia. Así con el alcohol, así con las drogas.

Una mañana nuestra madre/padre/abuelos/representantes nos dejaron parados en la entrada de una guardería, compartiendo con niños y piojos los primeros pasos sociales. Al comienzo podíamos llorar y pasar horas pegados a la puerta cual preso que sostiene las barras con esperanza de escapar. Podíamos chillar lo suficiente para enloquecer a las 'maestras' quienes llamaban con obstinanción a nuestros representantes. Sí, podíamos hacer el mayor berrinche del día, practicar las capacidades actorales y fingir la muerte sólo para retornar a la casa, al nido conocido.

Pero un día nos dejó de importar despegarnos del nido por unas horas y visitar lugares diferentes. Si las situaciones fueron favorables, comenzamos a escalar posiciones, del kinder garden a básica y luego a bachillerato. Todo fue en ese ritmo, las amistades, los deseos, las satisfacciones. Un día, siguiendo con la buena fortuna, entramos a la universidad.

A esas alturas ni recordamos los grandes problemas de la guardería: ¿cuál era mi colchoneta?; "fulanito no quiere ser mi amigo"; "no me gusta la película de mickey"; "si eres amiga de menganita no eres mi amiga"; "maestra me quitaron mis colores"; "fulanito ¿cuál es tu tetero?"; "maestra ¿a qué hora viene mi mamá?"; "perdí mi suéter"; "me comí la plastilina", en fin.

Los problemas de básica nos parecen hilarantes: "maestra a mi no me sale la letra R"; "¿cómo es eso de 2/3?"; "¿qué niño/a te gusta?"; "mamá me pica la cabeza"; "amiga, no puedo ir a la piscina"; "epa niño, ese tazo es mío"; "alguien se comió mi desayuno"; "mengano/a a la dirección"; "no entiendo la regla EGA [Esdrújulas, graves y agudas <-- reglas de acentuación que me costó entender]; "mamá/papá firma la autorización para ir al paseo", etc. Todo esto representaba momentos de pensamientos, decisiones, tensiones.

Un día aprendemos a dibujar los sonidos, los hacemos palabras, los entendemos y luego nos volvemos poetas. O simplemente aprendemos a dibujar los sonidos.

Así como todo, un día lloramos por alejarnos de nuestros padres y de nuestra cama, otro día anhelamos salir del hogar y construir el propio. Claro, hay quienes la comodidad del nido mayor complace lo suficiente para postergar el vuelo de despedida, hay quienes son expulsados del nido antes de que puedan volar (divagando errantes por cuanto árbol encuentren). Emigrar de allí será como todo: en parte decisión, en parte entorno.

Yo siento que estoy lista para partir de acá, siento que mis alas se quedan cortas y se aprisionan en las apretadas ramas de mi hogar. No es porque las reglas de mi casa me constriñan, pues forastero que conoce mi hábitat lo desea por su libertad y diversión, pero mi partida es más porque necesito vivir bajo mi mandato total.

Quiero experimentar lo que es vivir en soledad, lo que es administrarme sin las ruedas traseras de esta bicicleta, quiero tomar por el volante las situaciones y enfrentarme a ellas. Necesito saber cómo se siente cocinar en libertad (nunca cocino porque ese es el territorio muerto dominado por mi mamá -ella tampoco cocina mucho, he allí lo de "muerto"-); quiero enfrentarme a ver el montón de ropa sucia y hacer algo por ello. Quiero tener mis propios vasos, platos y tenedores. Necesito saber qué se siente llegar todos los días a un apartamento y que éste sea tu territorio de gracia. Me gustaría enfrentarme a un supermercado, a sus precios y a mis ganancias; quiero comprobar la teoría que la libertad de comprar lo que me de la gana hará que mi dieta cambie para bien. Deseo divagar por ese nido como me plazca, desnuda todo el día si lo deseo. Me hace falta enfrentarme a los que haceres cotidianos.

Pero la razón principal que apresa mis alas en este nido, por la cual anhelo volar ya, es que deseo con todas mis fuerzas poder escribir a la hora que quiera, no ser vigilada sigilosamente por toda la casa a ver qué como o qué hago; que una mujer con ojeras se despierte cada hora a decirme que debo descansar, "vete a dormir tu, mujer! Descansa, te digo yo" mi respuesta cotidiana. Deseo ser realmente libre en mi zona de confort, la que ahora sólo se reduce a una computadora, una silla y una cama.

Me gustaría extrañar a mis padres. Ahora me siento sobresaturada de ellos y sus "locuras" que demuestran lo reprimidos que eran cuando niños. Quiero reírme de sus cuentos sobre sexo y no simplemente soltar un seco "ja", quiero ir a sus ensayos musicales y no simplemente llevarlos cual madre que lleva a sus hijos a los deportes. Es simplemente alejarme de ellos y de este nido. Y más que capricho,  es un flujo natural, quizás adelantado, de las cosas.

Igual que con lo anterior, llegará un día en unos años que recuerde con risa mi desesperación por vivir en soledad y que extrañe la jodida comodidad de cohabitar con una madre dispersa, complaciente e incoherente; un padre que vive en su mundo extraño lleno de música y formas peculiares de ver el día,  que parece sordo y que responde lo que le conviene; quizás extrañe a mi hermano y su período de adolescente rebelde y ridículo donde, con toda la madurez que tiene, se comporta a veces como un ególatra.

De verdad necesito mi espacio físico y mental. De niña yo pasaba muchas horas sola en mi casa y me gustaba sentirme así, mi diversión terminaba cuando mis padres llegaban. Ahora es peor pues soy yo la que llega una casa que está tan llena de todo que me invade, necesito soledad, paz, un ambiente que diga "acá vive Elena" y no "acá viven los Sánchez".

En pocas palabras, siento que las ramas del nido en vez de acurrucarme, me lastiman y me aprietan. Tengo ganas de emigrar, pero mientras mis bolsillos estén llenos de billetes de monopolio mezclados con dinero de verdad no podré aletear libremente por donde quiera [más aún si continúo con el tema de la cámara y la mac nueva, entonces esto sigue siendo un anhelo pueril].

En fin, así me siento esta noche, atrapada en una torre cuya ventana mide 1680x1050px y cuya salida vale más de 2 millones mensuales. Volaremos, pero en el sueño de esta madrugada.

-Ele.

2 comentarios :

  1. Me llamó la atención el título de esta entrada y me dispuse a leer en mi móvil cuando me dirigía a casa para almorzar.

    Me ha gustado mucho porque ha sido muy detallada y reflejando una gran verdad. Definiendo esa cualidad (o defecto en según qué casos) innata del ser humano de la superación, del "querer más", el querer avanzar.

    Eres una chica que tienes toda una vida por delante y dejas muy claro lo que quieres, quieres vivir, experimentar y en definitiva, avanzar.

    He vuelto a ver el último vídeo que subiste (también en el móvil cuando regresaba) y recordando esta entrada más mi propia experiencia personal, creo que como tú dices la base de todo está en la satisfacción. Además también he pensado que para llegar a la satisfacción debes encontrar antes la motivación, que es el auténtico motor que nos ayuda en el día a día, en todo lo que hacemos y es eso lo que debemos buscar, la automotivación.

    Actualmente yo tampoco estoy satisfecho con mi vida actual y creo que por muy mala o buena que sea, si no tengo la motivación suficiente, esa "vidilla" cada día ya puede ser estupenda que no lo voy a disfrutar en plenitud, no voy a estar satisfecho.

    Creo que por ahí está el camino, en buscar qué nos motiva para lograr ese empujón cada día y sentirnos satisfechos.

    Un beso muy muy fuerte, Tony.

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