Imagen del día.

Imagen del día.
Welcome to London.

Honeymoon - Sept. 2012 (video)



Gabriel y yo nos casamos a finales de agosto del año pasado y la luna de miel sería en Curaçao o al menos eso pensé durante un tiempo. Gabriel me advirtió que saldríamos algunas noches a sitios elegantes así que debía llevar vestiditos o ropa casual, sin embargo jamás me dijo que comprara trajes de baño pero igual me compré dos y recuerdo que, en ese mes, fue un golpe duro a mi billetera pero "la luna de miel lo vale todo". La diferencia entre este viaje y el de Aruba, aparte de ya andar casados, es que no serían 7 sino 10 días de playa y sol, así que digamos que estaba bastante emocionada.

La noche anterior al viaje noté que Gabriel andaba algo tenso y extraño, su excusa fue decirme que le molestaban las arrugas en sus camisas de vestir cuando las empacó en la maleta, "Gabriel y su neurosis", pensé. Luego volví a mis imaginaciones de las caminatas en la playa, la brisa, etc. Al día siguiente fuimos al aeropuerto -sombrero panameño y todo ready to go-, pero al llegar al check-in Gabriel me da una carta que para resumir explica que nuestro matrimonio y futuro proyecto no se "merecían" un viaje a Curaçao sino a Roma. Elena, Gabriel y Roma por 10 días. Brutal.

En Roma tuvimos un día de paseos en el que Gabriel lucía bastante apurado por ver rápido una cantidad de sitios mientras yo pensaba "pero si nos quedan 9 días aquí, tranquilo, hombre". Esa noche mientras me vestía para salir a cenar con Gabriel alguien tocó la puerta. Le dije a Gabriel que abriera mientras me peluqueaba pero él -convenientemente- encerrado en el baño me dijo "abre tú, que tú hablas italiano" -mi esposo es un forever troll-. Al abrir la puerta tuve la segunda sorpresa de todo el viaje: un gran amigo, a quien no conocíamos en persona hasta ese día, era quien estaba tocando. Imaginen una escena de Laura en América, aunque bueno, no, no; mejor imaginen que abren la puerta y te das cuenta que todo ha sido un plan macabro. Así.

Luego de que salí del shock, Gabriel y Mr.J me dieron la tercera sorpresa: no estaríamos 10 días en Roma, Roma solo era un punto de encuentro de nosotros cuatro para zarpar a un cojonudo* crucero que duraría una semana e iría a Sicilia, Creta, Atenas y Éfeso. Por mucho, las mejores vacaciones que hemos tenido hasta ahora.

Ahora que saben el background del asunto, que disfruten en el video -excepto si viven en Alemania gracias a Youtube y sus restricciones no está disponible-.

P.D. Sé que algunos andan esperando los reportes de nuestras andanzas londinenses, pero ya que nos andamos estabilizando, tendremos más tiempo de escribir y publicar. Mientras tanto, con este video se desempolva el blog.

*cojonudo es la palabra que más le pega al Royal Caribbean Navigator of the Seas.

El primer mes en Londres: la despedida y llegada.

Finalmente encontré un poco de tiempo entre tantas diligencias para hacerle un update a los que aún están curiosos sobre esta aventura de mudarse de país. Veamos cómo puedo resumir un mes en Londres que siento como si hubiese sido un año. Para evitar hacer un post infinito, lo más sano será dividir el mes por etapas, y así es como comienza:

Cruz Diez, despidiendo a los emigrantes.

Nunca estás lo suficiente preparado para partir.

Yo pensaba que sí. Estaba ya sobresaturada de Caracas, la política, esas comunes tensiones que surgen cuando vives 24/7 con tus padres, la inseguridad y la caótica economía. Hasta estaba harta del calor, de los autobuses que pasan aceite y te echan todo el humo en la cara, las colas por todavaina y demás pendejadas banales que por la repetición se convierten en razones de peso. Como la gota en la tortura china. También tenía pensamientos repetitivos sobre Gabriel y yo viviendo juntos, sin tener que despedirnos cada domingo, incluso casados. En enero agarré mis ahorros, mis últimas ganancias en Bolívares, y agresivamente las gasté en ropa de invierno... pensando que estaría preparada para el frío.

Sí, sí, claro.

La verdad es que cuando llega el momento, por más ejercicio mental que hayas hecho, por más cansada que estés, por más harta de todo, habrá algo que te tocará la fibra cuando te despides de los tuyos.  Siempre me quejé y a la vez me jacté de lo extraña que es mi familia, pero para bien más que para mal, su naturaleza hizo que la partida fuese como ese pinchazo que te hacen para sacarte la sangre: doloroso, pero rápido.

El vuelo saldría el 16 de enero en la tarde. El 16 en la madrugada terminé de hacer mis maletas. El plan era que mis padres me llevarían a casa de Gabriel y ahí me despedirían. Así fue, mi papá grababa con su cámara mis últimos momentos en la casa; recogimos todo, nos tomamos una foto, montamos las maletas en la camioneta y fuimos los cuatro a donde Gabriel. En el camino mi papá iba diciéndome palabras de aliento y asegurando que me iría muy bien; mi mamá iba un poco más silenciosa y mi hermano, atrás conmigo, sonriendo -quizás porque por primera vez en 18 años tendría un cuarto para él solo, quizás porque lo estábamos tomando como joda todo-, lo abracé un par de veces -él es mi punto débil, debo decir-. Fue mi último paseo nocturno por la autopista.

Llegamos al estacionamiento del apartamento de Gabriel, mis padres saludaron y despidieron a Gabriel; bajaron mis maletas, me abrazaron echando chistes y quizás con los ojos algo aguados. Se montaron en la camioneta, la encendieron y se fueron. Las luces rojas de la camioneta alejándose fue lo que me hizo estallar en llanto pero Gabriel, quien aún tenía a sus padres arriba en casa, me hizo contención. Me costó dormir esa madrugada.

En esos momentos uno se da cuenta de que está saliendo totalmente de la zona de confort. Gabriel entredormido decía que intentara dormir porque nos tocaba un día fuerte de viaje. Lo único que cesó mi llanto nocturno fue una silenciosa charla conmigo misma. Ahí acepté que, voluntariamente, había creado todo un plan para empezar una nueva vida; nadie me estaba llevando a la fuerza, nadie se había llevado a mi familia y en última instancia, si quisiera vivir con mis padres hasta mi muerte no hubiese seguido adelante con este plan. Además, estaba intercambiando cantidad por calidad, ahora vería menos a mi familia pero al momento de verla la disfrutaría más.

"Ya dejaste todo atrás, si volteas, pierdes" me dije, así me tranquilicé y dormí.

16-01-2013 - 12:30 AM. 

Maiquetía.

Allí fue la despedida de los padres de Gabriel, no sé si él escribirá sobre su versión del viaje o no, así que para no hacer spoiler solo diré que fue más intensa y esta vez fui yo quien le hizo contención. Haciendo una retrospectiva, fue buena idea despedirnos de nuestros padres en momentos diferentes, así cada uno pudo estar más calmado mientras el otro recibía el coñazo.

Esperando el vuelo. Que por cierto, en Maiquetía llamaron a Gabriel
para que fuera a un sitio especial a revisar su maleta. Nada grave.

Here it comes... London!

Luego de 15 horas de viaje, llegamos a Londres a la 1:30 P.M. Tomamos el Gatwick Express hacia Victoria Station y de ahí el metro hasta nuestra estadía temporal en Maida Vale, una linda zona residencial en la zona 2 de  Londres. El día anterior un helicoptero había caído en la ciudad y ese día se había incendiado en la mañana un tren justamente en Gatwick, pero eso solo lo sé por las noticias porque todo lucía normal.

Para los curiosos, utilizamos el servicio de airbnb.com para ubicar y reservar una habitación en la casa de una pareja joven: una húngara y un francés. Fue la manera más segura que encontramos para evitar terminar varados en algún hostal (Gabriel me metió un psicoterror de cuando él vino a Londres y se quedó en un hostal de esos en los que duermes con doce personas más).

El frío de Londres y sus ráfagas de viento son cuestiones que se cuelan de lo lindo al llegar. Uno también recibe un tren de información, carteles, promociones, gente caminando rápido por todas partes y esquivando a los turistas perdidos. Nuestra primera misión fue comprar un SIM, fuimos a Vodafone  y en menos de 15 min ambos ya teníamos un nuevo número. Siguiente parada: Maida Vale. Llegamos con nuestras cuatro maletas y nos metimos en el Starbucks que estaba a una cuadra de la casa donde nos quedaríamos a esperar a Petra, la dueña. Luego de un par de horas nos buscó y finalmente pudimos bañarnos, cenar y dormir.


Maida Vale, lovely place.


El silencio ensordecedor.

No sé si era porque estábamos aturdidos por el viaje o acostumbrados en exceso al sonido ambiente de Caracas (en especial el de la casa de Gabriel, que tenía a Petare y su sinfonía nocturna de disparos), pero esa noche nos costó dormir porque el silencio era jodidamente profundo. Por primera vez pude oír cómo yo y Gabriel digeríamos la cena, cada tripa, cada bocanada de aire, cada buche de saliva que se iba por la garganta. Jamás habíamos experimentado ese silencio tan horrible. Era casi la misma sensación de cuando sales de un concierto y te queda ese pitido en el oído.

Luego de un mes debo decir que nos hemos acostumbrado. Ya vivimos en otra zona e igual en las noches el silencio es absoluto, pero ya no oímos el pitido ni nos despertamos cuando el estómago está en acción. Ahora lo que nos despiertan son los pasos de los vecinos de arriba pero esa es otra historia que contaré.

La primera mañana, la segunda noche.

Los dueños de la casa se habían ido. Creo que ya eran las diez de la mañana cuando nos despertamos. Gabriel lo primero que me dice es "ey, ¿eso que se ve por la ventana es nieve?". Sí, era la primera nevada del año en Londres. Dicen que es raro que acá haya nieve pero luego de un mes ya ha nevado varias veces. La nieve es linda, sí, pero si hay nieve significa que hace frío y el frío no es tan lindo.

Así como dos seres tropicales, desayunamos con guantes y pasamontañas. Los dueños del apartamento tienen el sistema de calefacción automático, así que no hay calefacción en la mañana porque se supone que no hay nadie allí ya que ambos trabajan. Luego de un mes acá puedo decir que eso solo fue un juego de niños, un abreboca, el tema con el frío podría ponerse peor.

Pasamos el resto del día y la tarde actualizándonos con nuestros familiares y planeando qué haríamos esa noche. Teníamos que salir a cenar algo. Fuimos a Oxford Street. La sensación térmica era de -7°C y con eso finalmente entendí a quienes decían que la sensación térmica es más importante que la temperatura. Gracias al viento violento de Londres, la temperatura puede estar a 4°C pero la sientes como a -2°C.

Ese día las manos nos dolían, pero grave, apenas podía teclear con mis inservibles guantes de The North Face. Gabriel y yo caminábamos errantes por Oxford Street con la nariz aguada, las manos tiezas y sin saber en dónde carrizo comer. Luego de casi una hora divagando, sorprendidos por las primeras imágenes de Londres, la lluvia de conversaciones multiculturales y las cientos de tiendas, nos metimos en Pizza Hut; así habrá sido el caos que a Gabriel no le importó que me comiese una pizza  margarita in his face. Allí en Pizza Hut, más calmados, comenzamos a digerir el hecho de que estábamos en Londres.

Regresamos a Maida Vale. Buscando el Tesco que quedaba cerca, nos metimos por donde no era y paseamos un rato por la urbanización. La nieve y las casas, una escena de esas que vemos en las películas románticas. Gabriel y yo hablando de lo fino que sería tener un apartamento así como esos que tenían las cortinas abiertas. Ver ese tipo de cosas es lo que alimenta el impulso por quedarse en una ciudad como esta y apretar duro para aguantar las ronchas de quienes llegamos sin nada.



Así fue nuestra llegada y despedida. Debo decir que no teníamos idea de lo que vendría y aún escribiendo esto sé que no tengo idea de todo lo que vendrá.

-Ele.

Hoy es el día.

Pues nada, hoy Gabriel y yo nos lanzamos a esta aventura; desde hoy pondremos a prueba el plan que ideamos unos meses atrás. No hay certezas. Lo que siento es vértigo, pero uno de los buenos.

No me dio chance de escribir diariamente lo que sucedió pero creo que es parte del rush que siempre sucede cuando debo hacer algo importante. Son duras las despedidas, eso y salir de la zona de confort son las cuestiones jodidas que tiene el emigrar.

En fin, ahí vamos, a meternos en este cambio de 180°.

Hola, Redbull patrocina mi partida #not

Seguiremos reportando (aunque no creo que al llegar esté habilitada para escribir).

¡Au revoir, Caracas!
¡Au revoir, Venezuela!

-Ele.

A 5 días del viaje.

He fallado en escribir diariamente lo que va pasando. Lo lamentaré en unos años. Igual puedo reducirlo en: emociones con picos de euforia, noches largas de trabajo que financiarán algunas cosas que me faltan comprar acá y flashes de momentos pasados más anhelos futuros. Ahora, el tema político del país (eso de que el presidente está pero no está, pero nadie sabe cómo está o si en efecto está) se roba la atención en mi propia cabeza. En estos días soy una enferma incrédula más, metida en el remolino pseudo político de Venezuela. Un desahuciado espectador de un circo de mal gusto. Lo único que me calma es que tengo este ticket de salida del show en unos breves cinco días, lo que me desespera es que el tiempo no parece que me alcanzará para ordenarme. Algo voy a dejar, algo no voy a tomar en cuenta o algo no voy a ver por culpa de esta gigante distracción. Chávez en todas partes.

A 16 días... la economía cotidiana que no quiero extrañar.

El color era realmente lindo.

El otro día paseaba por el C.C. Líder viendo qué cuestiones podría comprar acá para solventar el tema de la vestimenta para el frío. Una de las tiendas que me agrada es Springfield y veo que a mucha gente también porque ya comenzó a estar en varios centros comerciales de Caracas. Entré y vi varios suéteres lindos. Vi uno que estaba colgado, no podía leerle bien el precio ni la talla, pero me encantó el color. Me alcé de puntillas y lo bajé. El suéter me seguía gustando de cerca pero me pareció totalmente curioso lo siguiente: esta pieza en Venezuela cuesta 529 Bsf (o 529.000 Bs de los viejos) pero en otros países como Portugal, España o Italia: 32,99 Euros. Si alguien foráneo quisiera entender la jodida economía cotidiana del país este será el mejor ejemplo: el sueldo mínimo mensual en Venezuela es  Bs 2.047,48, es decir que una persona  con su sueldo solo podría comprar 3,87 suéteres (tres suéteres y el 80% de otro). Ahora, si nos vamos a España (que tiene la fuerte crisis y toda la historia que sabemos), vemos que el salario mínimo al mes es de 748.3 Euros, eso significa que una persona que gane eso, podría comprarse 22,68 lindos suéteres de Springfield. Entonces, alguien que trabaje en McDonalds en España puede comprarse casi 20 suéteres más que alguien que trabaje en McDonalds en Venezuela. 

Sin embargo, hay algo que hace más macabra la situación de la economía cotidiana: en septiembre me compré unos guantes touch en The North Face, se veían excelentes para el frío y de paso para no andar quitándolos si debo usar el celular. Me costaron 480 Bsf. Este diciembre Gabriel y yo fuimos a la misma tienda para comprar los de Gabriel y vimos que ahora costaban 980 Bsf. En solo tres meses los mismos guantes costaba 500 Bsf más. 

Eso claramente se llama inflación (sabemos que justo fue en septiembre que el dólar se disparó y estas son las consecuencias de una pobre planificación económica). Allí se quedaron los guantes. Por "suerte" (que eso no se llama suerte) a Gabriel le compraron unos también touch pero de Timberland #fairenough.

Entonces, cuando veo en el cine las propagandas del Gobierno diciendo que la economía se expandió, que la inflación se contuvo, que solo fue de 18% en el año, que la economía va en marcha y demás pendejadas, me cuestiono si esta gente se ha dado un paseo por las tiendas o si poseen algún tipo de memoria a mediano plazo. A veces no sé si nuestros políticos están bajo algún efecto burundanguístico o hipnótico, es notorio que existe un daño mental. 

En fin, allí se quedó ese suéter... total, tampoco era de mi talla. 

-Ele.

A 27 días... El coctel de emociones.

Si alguna vez quieren tener un verdadero coctel de emociones y sentimientos en su cuerpo, olviden las rupturas, la primera vez, las drogas, el primer día de universidad o incluso el día de la boda y piensen en lo inminente de una emigración... voilà, allá va una explosión que difícilmente algún trago te puede hacer sentir.

En mi caso, hay una mezcla de susto, alegría, impotencia, anticipación, euforia, etc. En algunos momentos me atacan los nervios: pienso en los peores escenarios que nos pudiesen suceder y llega el rush de adrenalina. En otros momentos me entra una seguridad y la idea de "tranquila, mujer, que estás dándole demasiado drama al asunto, la cuestión no será así de difícil, hay gente que se va con menos y lo logra", así que me entra una confianza absoluta, cual boxeador hiper-sudado saltando de un lado al otro mientras le dice al contrincante "vente, pues, vente".

En 30 días... [preparándome para la ida]

Hablando con extrema sinceridad, la cuestión de emigrar me parece totalmente surreal. No me lo creo.

Sí, ya sé que estamos 98% listos y que de hecho se sienten los coletazos nostálgicos del estilo "extrañaré a mi hermano". Ni se hable de los ojos aguados de mi mamá o de mi suegra; cada día que pasa es más inminente la partida.

Infografía para el emigrante: cómo legalizar tus documentos.

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